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Maltrato a la esposa: qué dice la Biblia

agosto 7, 2026
Maltrato a la esposa: qué dice la Biblia

Sobre el maltrato a la esposa, la Biblia es directa: le prohíbe al esposo tratarla con aspereza (Colosenses 3:19), le manda amarla como a su propio cuerpo (Efesios 5:28) y advierte que quien no la honra encuentra estorbo en sus propias oraciones (1 Pedro 3:7). Ningún versículo pide que una persona soporte violencia dentro del matrimonio, y ninguno convierte la sujeción en permiso para hacer daño. Vamos a los textos, y también a los que se usan mal para justificar lo contrario.

Qué dice la Biblia sobre el maltrato a la esposa

¿Qué dice la Biblia sobre el maltrato a la esposa?

Lo condena en tres frentes distintos: prohíbe la conducta, la penaliza delante de Dios y describe el trato contrario como obligación del esposo.

La prohibición explícita está en Colosenses 3:19: «Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas». El verbo griego es pikraino, de la raíz de «amargo»: describe el trato duro que va dejando resentimiento. Pablo lo prohíbe en el mismo aliento en que manda amar.

La penalización está en 1 Pedro 3:7, donde el esposo debe vivir con su mujer «sabiamente, dando honor… y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo». Es la única vez en el Nuevo Testamento en que se dice que una conducta doméstica bloquea la vida de oración de alguien.

Y la obligación positiva está en Efesios 5:28-29: «Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos… porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida». La medida del trato es cómo se cuida el propio cuerpo.

¿Qué piensa Dios de la violencia?

La Escritura no trata la violencia como un defecto de carácter: la trata como algo que Dios aborrece, y lo dice del hombre violento en particular.

Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.

Salmo 11:5 (RV1960)

Proverbios 3:31 lo repite como advertencia práctica: «No envidies al hombre injusto, ni escojas ninguno de sus caminos». Y Malaquías 2:16, hablando del divorcio en Israel, incluye una frase que suele quedar fuera de las citas: Dios aborrece «al que cubre de iniquidad su vestido». El profeta pone en el mismo párrafo la ruptura del pacto y la violencia del hombre contra su esposa.

En el Nuevo Testamento, uno de los requisitos para ser líder en la iglesia es «no pendenciero» y «no dado a golpes» (1 Timoteo 3:3). Si esa conducta descalifica a alguien para servir, no puede ser aceptable dentro de su casa.

La sumisión obliga a aguantar el maltrato

¿La sumisión obliga a aguantar el maltrato?

No. La sujeción que enseña Efesios 5 es voluntaria, se hace «como al Señor» y tiene ese límite: no puede llevar a nadie a colaborar con el pecado de otra persona, y el maltrato es pecado.

Pedro lo dice de forma todavía más clara al describir a la esposa que sigue el ejemplo de Sara: es la que hace el bien «y no tenéis temor de ninguna amenaza» (1 Pedro 3:6). La mujer que él pone de modelo no vive con miedo. Cuando hay miedo, lo que está ocurriendo no es lo que Pedro describe.

Conviene además recordar a quién se le da el mandato. En todo el Nuevo Testamento no hay una sola instrucción que autorice a un esposo a exigir, corregir o disciplinar a su mujer. El mandato de sujetarse está dirigido a ella; al esposo se le manda amar y honrar. Un hombre que cita Efesios 5:22 para imponerse está usando un versículo que no le fue escrito.

¿El maltrato también es verbal y emocional?

Sí, y la Biblia le dedica más espacio al daño hecho con palabras que al hecho con las manos. Proverbios compara la lengua con un arma: «Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada» (Proverbios 12:18). No es una metáfora suave: el texto pone el habla y la herida en la misma frase.

Efesios 4:29 prohíbe que salga «ninguna palabra corrompida» y 4:31 manda quitar de en medio «toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia». La gritería aparece nombrada de forma expresa como algo que no puede quedarse en la casa de un creyente.

Estas son las formas que suelen pasar por normales y que el texto no permite: los insultos y la humillación delante de otros, las amenazas, el control del dinero, aislar a la persona de su familia y sus amistades, revisar y controlar sus comunicaciones, el silencio prolongado como castigo, y culparla siempre del enojo propio. Ninguna de ellas cabe en «no seáis ásperos con ellas» (Colosenses 3:19).

Hay un patrón que conviene reconocer: cuando la persona que hace daño alterna episodios duros con periodos amables y regalos, el ciclo confunde y hace dudar de lo que se está viviendo. Que existan momentos buenos no borra el daño de los otros.

Qué debe hacer la iglesia frente al maltrato

¿Qué debe hacer la iglesia frente al maltrato?

Actuar, no administrar el silencio. Mateo 18:15-17 establece un proceso para el pecado que no se corrige: se habla en privado, luego con testigos, y si persiste llega a la iglesia. El pasaje contempla que un pecado se haga público cuando la persona no se detiene.

Pablo va más lejos en 1 Corintios 5, donde reprende a una iglesia por tolerar un pecado grave para no hacer escándalo, y les dice que ese encubrimiento los envanecía en lugar de hacerlos llorar (1 Corintios 5:2). Proteger la reputación de la congregación por encima de una persona dañada es exactamente lo que él corrige ahí.

Y hay un deber que la Escritura repite en tono de mandato: «Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos» (Salmo 82:3-4). La palabra es librad, no aconsejad que aguante.

Versículos que se usan mal para justificar el abuso

Tres pasajes aparecen una y otra vez en estos casos, y los tres dicen algo distinto de lo que se les hace decir.

«Sujetas en todo» (Efesios 5:24)

La expresión va dentro del marco «como al Señor» del versículo 22 y del mandato mutuo del versículo 21. Cubre las decisiones comunes del hogar, no lo que contradiga a Dios. Y el principio de Hechos 5:29 no tiene excepción doméstica: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres».

«Dios aborrece el divorcio» (Malaquías 2:16)

Se cita para exigir que alguien permanezca en cualquier circunstancia, pero el contexto de Malaquías 2 es un reproche a hombres que repudiaban a sus esposas por capricho para casarse con otras. Dios habla ahí a favor de la mujer traicionada, no en contra de la que huye del peligro. Lo que la Biblia permite y lo que no en esta materia lo estudiamos en cuándo permite la Biblia el divorcio.

«Poner la otra mejilla» (Mateo 5:39)

Jesús habla ahí de la venganza personal ante una ofensa, en un contexto de bofetada como insulto público, no de una relación donde alguien recibe daño repetido. El propio Jesús se apartó cuando quisieron despeñarlo: «mas él pasó por en medio de ellos, y se fue» (Lucas 4:30). Y Pablo escapó de Damasco descolgado en una canasta (Hechos 9:25). Ponerse a salvo no contradice el evangelio.

Qué hacer si estás viviendo maltrato en el matrimonio

¿Qué hacer si estás viviendo maltrato en el matrimonio?

Lo primero es la seguridad física, y eso no es un paso opcional ni una falta de fe. «El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño» (Proverbios 22:3). Esconderse del peligro aparece en Proverbios como sabiduría, no como cobardía.

Rompe el secreto. El maltrato se sostiene en el silencio. «Todo lo que es descubierto, por la luz es manifestado» (Efesios 5:13). Cuéntalo a alguien de confianza, a tu pastor y, si hay agresión física o amenazas, a las autoridades. Romanos 13:4 dice que la autoridad civil «es servidor de Dios» para castigar al que hace lo malo: acudir a ella es un recurso que Dios mismo dispuso.

No confundas el perdón con la exposición. Perdonar es soltar el derecho a la venganza; reconciliarse exige que la otra persona cambie y lo demuestre en el tiempo. Son dos cosas distintas, y una no obliga a la otra.

Busca ayuda con criterio. Un consejero que minimice los hechos, que te pida callar por el testimonio de la iglesia o que empuje a una reconciliación rápida sin cambio verificable no está ayudando. Mateo 18:15-17 contempla que un pecado persistente llegue hasta la iglesia, y 1 Corintios 5 muestra que el pecado no se tapa por conveniencia.

¿Dios ve lo que pasa dentro de una casa?

La Escritura insiste en que sí, y lo dice justamente pensando en quien sufre sin que nadie lo sepa. Agar, maltratada y huyendo al desierto, le pone a Dios un nombre que no aparece en ningún otro lugar de la Biblia: «Tú eres Dios que ve» (Génesis 16:13). Era una esclava extranjera, la persona con menos poder de todo el relato, y el texto se detiene a registrar que Dios la buscó y le habló.

El Salmo 34:18 lo formula como principio: «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu». Y el Salmo 56:8 usa una imagen concreta de alguien que lleva cuenta: «Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?».

Eso importa por una razón práctica. Quien vive maltrato suele terminar creyendo dos mentiras: que se lo merece y que a nadie le consta. La Escritura desmonta las dos: el daño no es tu culpa, y no está ocurriendo en un lugar donde Dios no mire.

Preguntas frecuentes sobre el maltrato a la esposa y la Biblia

¿Es pecado separarse de un esposo maltratador?

Separarse para ponerse a salvo no es pecado. 1 Corintios 7:11 contempla la posibilidad de que una esposa se separe y da instrucciones para ese caso, lo que muestra que la Escritura no la trata como una situación imposible. La separación protege la vida mientras se busca ayuda; no es lo mismo que decidir de inmediato sobre el matrimonio.

¿Debo perdonar a quien me maltrata?

El perdón es un mandato que te libera del rencor (Mateo 6:14-15), y se puede otorgar aunque la otra persona no lo pida. Lo que el perdón no incluye es la obligación de volver a exponerse mientras la conducta siga igual. El tema completo está en si debo perdonar sin que me pidan perdón.

¿Y si mi esposo dice que está arrepentido?

El arrepentimiento que la Biblia describe produce «frutos dignos de arrepentimiento» (Mateo 3:8), es decir, hechos sostenidos en el tiempo y verificables por otros, no promesas después de cada episodio. Un cambio auténtico acepta la supervisión, el tratamiento y las consecuencias; el que solo pide volver a la normalidad rápido todavía no ha cambiado.

Lo que puedes hacer hoy

Si estás en esta situación, el paso de hoy no es teológico sino práctico: díselo a una persona. Un pastor, un familiar, una amistad de confianza, una línea de atención. El maltrato depende del aislamiento, y contarlo es lo que empieza a romperlo.

Si estás acompañando a alguien que lo vive, la pregunta que más ayuda no es «¿qué hiciste para provocarlo?», sino «¿estás a salvo esta noche?». Y créele la primera vez.

Comparte este estudio con quien lo necesite. Y sigue el clúster: qué es la sumisión en el matrimonio según la Biblia y amar como Cristo amó a la iglesia.