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Sumisión bíblica de la esposa (lo que sí y no es)

julio 31, 2026
Sumisión bíblica de la esposa (lo que sí y no es)
Esta lectura forma parte de la guía Matrimonio y sexualidad.

¿Someterse al esposo significa callar, aguantar y obedecer en todo? Esa es la idea que muchas mujeres cargan cuando escuchan Efesios 5:22, y no es lo que el pasaje enseña. La Biblia habla de la sumisión en el matrimonio dentro de un mandato doble, y la mitad que casi nunca se predica es la que le toca al esposo.

En este estudio vamos a leer Efesios 5:21-33 completo, empezando por el versículo 21 que casi nadie cita. Vamos a ver qué significa la palabra griega que Pablo eligió, qué enseñan Colosenses 3 y 1 Pedro 3, qué no es la sumisión bíblica, y cómo la vivieron Sara, Abigail, y María con José. Empecemos por la definición.

¿Qué es la sumisión en el matrimonio según la Biblia?

Según la Biblia, la sumisión en el matrimonio es la decisión voluntaria de la esposa de respetar y apoyar a su esposo como al Señor, dentro de una relación donde él tiene el mandato de amarla como Cristo amó a la iglesia, hasta entregarse por ella. No es un derecho que el esposo cobra; es una entrega que la esposa decide delante de Dios.

Y el pasaje donde Pablo enseña esto no empieza en el versículo 22. Empieza uno antes, en un versículo que casi siempre se salta.

Efesios 5:21, el versículo que casi nadie cita

Mira dónde está parado ese versículo. Pablo viene describiendo la vida de una persona llena del Espíritu (Efesios 5:18), y enumera los resultados de esa llenura: hablar con salmos, cantar al Señor, dar gracias en todo, y someterse unos a otros. La sujeción aparece primero como algo que se les pide a todos los creyentes entre sí, hombres y mujeres, antes de decir una sola palabra sobre el matrimonio.

Hay un dato de los manuscritos que confirma esa conexión. En las copias más antiguas de Efesios que se conservan, como el papiro P46, copiado hacia el año 200, el versículo 22 ni siquiera tiene verbo. Dice literalmente “las casadas, a sus propios maridos, como al Señor”. El verbo someterse se toma prestado del versículo 21.

Eso significa que, en la gramática misma del texto, la sujeción de la esposa no existe separada del “someteos unos a otros”. Quien predica el versículo 22 aislado está leyendo medio mandato. Después de las esposas, Pablo le habla a los esposos con una medida más costosa, y luego a los hijos, los padres, los siervos y los amos (Efesios 6:1-9). A cada persona de la casa le toca una parte; nadie queda exento.

que dice Efesios 5 22-33 sobre la esposa y el esposo

Hypotassō: qué significa someterse en el idioma original

La palabra griega que Pablo usa es hypotassō, formada por hypo (debajo) y tassō (ordenar, disponer). Se usaba para describir cómo se ordenaban las filas de un ejército: cada soldado ocupando su puesto para que el conjunto funcionara. La palabra habla de orden y de funcionamiento, no de valor; el soldado que se ubica en su fila no vale menos que el que está en otra.

El detalle que cambia la lectura está en la voz del verbo. En Efesios 5:21 está en voz media, la forma que el griego usa cuando el sujeto hace la acción sobre sí mismo. No dice “sean sometidas”; dice “acomódense ustedes”. Es una decisión que la esposa toma, no una fuerza que el esposo aplica. Una sumisión impuesta desde afuera contradice el modo mismo del verbo.

Y hay un segundo detalle deliberado. Pablo conocía el verbo obedecer, hypakouō, y lo usa unos versículos después para los hijos (“obedeced a vuestros padres”, Efesios 6:1) y para los siervos (Efesios 6:5). Para la esposa no lo usa en toda la carta. Al hijo se le manda obedecer; a la esposa se le pide ordenarse voluntariamente junto a su esposo. Son relaciones distintas, y el apóstol eligió las palabras para que no se confundieran.

Con la palabra clara, leamos el pasaje completo, porque la parte más exigente de Efesios 5 no es la que le toca a la esposa.

¿Qué dice Efesios 5:22-33 sobre la esposa y el esposo?

Efesios 5:22-33 le pide a la esposa sujetarse a su esposo como al Señor, y al esposo amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia, con la cruz como medida. Es el pasaje más extenso del Nuevo Testamento sobre el matrimonio, y dedica el triple de espacio al mandato del esposo que al de la esposa.

Como al Señor: la medida y el marco de la sujeción

Fíjate en la frase “como al Señor”, porque define toda la instrucción. La esposa no se sujeta porque el esposo lo exija ni porque lo merezca siempre; se sujeta por amor a Cristo, como parte de su vida con Dios. Eso protege la sujeción de volverse servilismo: su motor es la fe de ella, no el carácter de él.

sumision biblica de la esposa lo que si y no es

Y mira cómo describe Pablo a la cabeza. En el mismo versículo donde dice que el marido es cabeza, aclara cómo ejerce Cristo ese lugar: “él es su Salvador”. La cabeza del pasaje se reconoce porque salva, sustenta y se entrega, no porque grita órdenes. El “en todo” del versículo 24 vive dentro de ese marco; Cristo jamás usa su posición para dañar a la iglesia, y esa es la única jefatura que el texto autoriza a imitar.

Hay un contexto histórico que agranda lo que Pablo hizo aquí. En el mundo grecorromano existían los códigos domésticos; Aristóteles había escrito siglos antes que el varón gobierna la casa por naturaleza, y esos textos ni siquiera se dirigían a la mujer, hablaban de ella. Pablo toma ese formato conocido y lo voltea: le habla directamente a la esposa como persona con decisión propia, y luego carga el peso mayor del mandato sobre el esposo.

Amar como Cristo amó a la iglesia: el mandato al esposo

Detente en el estándar. ¿Cómo amó Cristo a la iglesia? “Se entregó a sí mismo por ella”, y esa entrega terminó en una cruz. Al esposo no se le pide sentir cariño; se le manda un amor que llega hasta dar la vida. El verbo es agapaō, el amor que decide el bien del otro y lo sostiene con hechos, el mismo que describe el amor de Dios en Juan 3:16.

Pablo baja ese amor a lo diario en los versículos 28 y 29: el esposo debe amar a su esposa “como a su mismo cuerpo”, porque nadie aborreció jamás su propia carne, “sino que la sustenta y la cuida”. Sustentar y cuidar: proveer lo que ella necesita y protegerla de lo que la daña. Ese es el trabajo asignado al esposo, y se le pide a él, no a ella.

El resumen del pasaje está en el versículo 33: “cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”. Cuenta los versículos y verás el balance: a la esposa se dirigen tres, al esposo nueve. Si alguien usa Efesios 5 para exigirle todo a la esposa, está leyendo la cuarta parte del texto.

Ahora bien, Efesios no es el único pasaje sobre el tema. Colosenses y 1 Pedro añaden piezas que completan el cuadro, incluyendo una advertencia seria para el esposo.

Cristo amo a la iglesia y se entrego por ella, ejemplo para el esposo

¿Qué enseñan Colosenses 3:18-19 y 1 Pedro 3:1-7 sobre la sujeción?

Colosenses 3:18-19 repite el mandato doble en versión corta: sujeción de la casada “como conviene en el Señor” y amor sin aspereza para el marido. Y 1 Pedro 3:1-7 trata dos situaciones concretas: la esposa casada con un esposo que no cree, y el esposo cuyo trato hacia su esposa puede estorbar sus propias oraciones.

La frase “como conviene en el Señor” pone el límite desde el inicio: la sujeción llega hasta donde llega lo que conviene delante de Dios, nunca más allá. Y el mandato al esposo tiene un verbo griego preciso, pikrainō, que significa amargar. Dios le prohíbe al esposo el trato amargo, cortante, el tono que va agriando el hogar. No solo prohíbe el golpe; prohíbe la aspereza.

1 Pedro 3:1-6, cuando el esposo no cree

Pedro escribió su carta a creyentes dispersos por Asia Menor, y muchos de ellos eran mujeres convertidas cuyos esposos seguían sin creer. En esa cultura, la esposa debía adoptar los dioses del marido; ser cristiana con un esposo pagano ya era ir contra toda la corriente social. A esas mujeres Pedro les escribió esto.

“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa.” (1 Pedro 3:1-2).

Mira la estrategia que Pedro propone: “ganados sin palabra por la conducta”. No le pide a la esposa predicarle al esposo todos los días ni pelear cada discusión religiosa; le pide una vida que hable sola. Y añade que su mayor belleza no está en el peinado ni en los vestidos, sino en “el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:4). Lo que Dios estima en ella no depende de que el esposo lo valore.

1 Pedro 3:7, vaso más frágil y coherederas de la gracia

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

1 Pedro 3:7 (RV1960)

Aquí conviene explicar dos expresiones que se han malentendido. “Vaso más frágil” traduce el griego skeuos, vasija; la comparación es entre dos vasijas valiosas, y “más frágil” se refiere a la fuerza física, no al valor ni a la capacidad. Una copa fina no vale menos que una olla de hierro; se cuida más. Por eso el mandato que acompaña la frase es “dando honor”, no dando órdenes.

equipo en el matrimonio cristiano

Y “coherederas de la gracia de la vida” deshace cualquier idea de rango espiritual: la esposa hereda de Dios exactamente lo mismo que el esposo, la misma salvación, la misma gracia, en igualdad total. El versículo cierra con la advertencia más seria del Nuevo Testamento para un esposo: si no honra a su esposa, sus oraciones “tienen estorbo”. Dios ata la vida de oración del esposo al trato que le da a su mujer. Si quieres entender mejor cómo funciona esa vida de oración que puede estorbarse, tienes el estudio completo en cómo orar según la Biblia.

Estos textos dibujan lo que sí es la sujeción. Pero este tema se ha torcido tanto que hace falta dedicarle una sección entera a lo contrario: qué no es.

Qué no es la sumisión bíblica de la esposa

La sumisión bíblica no es inferioridad de la mujer, no es obedecer una orden de pecar, y no es soportar maltrato. Las tres cosas tienen respaldo bíblico directo, y conviene verlas una por una porque cada una ha causado heridas cuando se ignora.

No es inferioridad de la mujer

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27).

Desde la primera página de la Biblia, la mujer porta la imagen de Dios en el mismo grado que el varón. No hay una imagen completa y otra rebajada; el versículo pone a los dos dentro de la misma frase. Y el Nuevo Testamento lo confirma en Gálatas 3:28: “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Delante de Dios, el valor es el mismo.

Hay un dato del hebreo que remata el punto. Cuando Génesis 2:18 llama a la mujer “ayuda idónea”, la palabra es ezer, y esa misma palabra se usa en los Salmos para Dios: “nuestra ayuda y nuestro escudo es él” (Salmo 33:20). Nadie diría que Dios es inferior por ser ayuda. Ser ezer es ser el refuerzo que llega con fuerza propia, no la asistente de segunda categoría. Si este punto te toca de cerca, el estudio sobre el valor de la mujer cristiana según la Biblia lo desarrolla completo.

sumision en el matrimonio segun la Biblia

¿Y cómo puede haber sujeción entre iguales? La Biblia tiene el ejemplo mayor: el niño Jesús “estaba sujeto” a José y María (Lucas 2:51), con el mismo verbo hypotassō, siendo el Hijo de Dios sujetándose a dos personas comunes. Someterse no midió su valor; midió su disposición. El orden dentro de una relación no dice nada del valor de las personas que la forman.

No es obedecer una orden de pecar

Cuando el Sanedrín les prohibió a los apóstoles predicar de Jesús, la respuesta de Pedro quedó como principio para toda autoridad humana: “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Ninguna autoridad, ni un gobierno, ni un jefe, ni un esposo, puede pararse por encima de Dios. Si un esposo pide mentir, cubrir un fraude o participar en algo que la Palabra prohíbe, la respuesta bíblica es no. La sujeción es “como al Señor”, y nunca puede ir contra el Señor.

El mismo capítulo de Hechos trae el caso de una esposa que eligió lo contrario. Ananías vendió una propiedad, escondió parte del dinero y mintió sobre el precio, “sabiéndolo también su mujer” (Hechos 5:2). Cuando Pedro le preguntó a Safira por el monto, ella sostuvo la mentira del esposo, y murió igual que él (Hechos 5:9-10). Acompañar al esposo en su pecado no la protegió; la alcanzó. Delante de Dios, ella respondía por su propia decisión.

Nunca justifica el maltrato

Esto hay que decirlo sin rodeos. Si tu esposo te golpea, te humilla, te amenaza o te tiene viviendo con miedo, eso no es un asunto de sumisión; es pecado de él, y Dios lo aborrece. El Salmo 11:5 lo dice con todas las letras: “Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece”. Dios no está del lado del que maltrata; está en contra.

Piensa en lo que ya estudiamos: el mismo pasaje que menciona la sujeción manda al esposo amar hasta dar la vida (Efesios 5:25), sustentar y cuidar (Efesios 5:29), no ser áspero (Colosenses 3:19) y dar honor para que sus oraciones no se estorben (1 Pedro 3:7). Usar ese pasaje para exigirle a una mujer que aguante golpes es torcer la Escritura hasta hacerle decir lo contrario de lo que dice.

Por eso, si estás en esa situación, buscar ayuda no es rebeldía contra Dios. Contarle a tus pastores, acudir a las autoridades, poner distancia para protegerte y proteger a tus hijos es guardar la vida que Dios te dio. La sujeción bíblica es una entrega dentro de un amor que cuida; donde hay violencia, ese marco ya fue roto, y no lo rompiste tú.

Abigail ejemplo biblico de sabiduria y sumision

Todo esto suena claro en doctrina, pero ¿cómo se ve en la vida diaria? La Biblia lo responde con historias, y una de ellas es la de una esposa a la que Dios bendijo justamente por no someterse a una insensatez.

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Ejemplos bíblicos de sumisión en el matrimonio

La Biblia no dejó la sujeción en teoría; la mostró en matrimonios concretos, con sus aciertos y sus crisis. Tres casos enseñan el cuadro completo: Sara, Abigail, y María con José.

Sara, la esposa a la que Abraham también escuchó

Pedro puso a Sara como modelo: “como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Pedro 3:6). Y su historia respalda la mención: dejó Ur, su ciudad y su parentela, para seguir a un esposo que iba “sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8), y sostuvo con él décadas de espera por un hijo que parecía imposible.

Pero fíjate en el detalle que casi nadie predica: ese matrimonio no era de una sola vía. Cuando hubo que decidir el futuro de Ismael, Dios mismo le dijo a Abraham: “en todo lo que te dijere Sara, oye su voz” (Génesis 21:12). El mismo Dios que registró la sujeción de Sara le ordenó al esposo escuchar a su esposa. Y la frase final de Pedro, “sin temer ninguna amenaza”, describe el clima de esa sujeción: nace de confiar en Dios, no de tenerle miedo al marido.

Abigail, la esposa que no se sometió a la insensatez

La historia está en 1 Samuel 25, y es de las más importantes de este tema. Abigail era “de buen entendimiento y de hermosa apariencia”, casada con Nabal, un hombre rico al que el texto describe sin suavizar: “duro y de malos hechos” (1 Samuel 25:3). David y sus hombres habían protegido los rebaños de Nabal en el desierto, y en tiempo de fiesta le pidieron provisión. Nabal respondió con un insulto público.

David reaccionó con espada: salió con cuatrocientos hombres a acabar con la casa entera. Un siervo corrió a avisarle a Abigail, y su descripción del amo retrata el problema: “él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle” (1 Samuel 25:17). Abigail no consultó a Nabal ni esperó su permiso. Cargó pan, vino, ovejas y frutas, salió al encuentro de David y se puso entre su casa y la matanza.

Maria madre de Jesus ejemplo de sumision biblica

Su discurso frenó a un futuro rey. Le rogó a David no derramar sangre ni vengarse por su propia mano, para que ese peso no le quedara en la conciencia cuando reinara. Y David reconoció de dónde venía aquello: “bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano” (1 Samuel 25:33). Días después, Dios mismo hirió a Nabal y murió; David tomó a Abigail por esposa.

Mira lo que la Escritura acaba de hacer: alabó a la esposa que no acompañó la insensatez de su marido, y esa desobediencia puntual salvó la casa, incluido el propio Nabal esa noche. La sujeción bíblica nunca es complicidad con la destrucción. Cuando el esposo corre hacia el precipicio, la esposa que ama interviene, y Dios la respalda.

María y José, un matrimonio que obedeció a Dios en equipo

El matrimonio de Nazaret muestra el diseño funcionando. Dios les habló a los dos por separado: a María por el ángel Gabriel, y ella respondió “he aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38); a José en sueños, y él, “despertando del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer” (Mateo 1:24), protegiéndola cuando la ley le permitía denunciarla.

Cuando Herodes buscó matar al niño, la orden llegó a José: “levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto” (Mateo 2:13). Él se levantó de noche y salió con su familia, y María lo siguió en esa huida sin que el texto registre una sola disputa por el mando. Cada uno escuchó a Dios, cada uno cubrió al otro; él dirigió protegiendo, ella acompañó confiando. Así se ve un matrimonio ordenado bajo Dios: dos personas obedeciéndole a Él, en equipo.

Con las historias vistas, dejemos los pasajes centrales reunidos por escrito, porque este es un tema donde conviene responder con la Biblia abierta.

Versículos sobre la sumisión en el matrimonio (Reina-Valera 1960)

Estos son los pasajes que sostienen este estudio en específico. Te propongo un ejercicio: léelos con lápiz, y marca con una E los mandatos dirigidos a la esposa y con una M los dirigidos al marido. El balance que vas a descubrir es la mejor respuesta para quien usa este tema a medias.

versiculos sobre la sumision en el matrimonio
  • Efesios 5:21 — “Someteos unos a otros en el temor de Dios.”
  • Efesios 5:22 — “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.”
  • Efesios 5:25 — “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.”
  • Efesios 5:29 — “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia.”
  • Efesios 5:33 — “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.”
  • Colosenses 3:18-19 — “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”
  • 1 Pedro 3:1 — “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas.”
  • 1 Pedro 3:7 — “Vosotros, maridos… dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”
  • Tito 2:4-5 — “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos… a ser sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.”
  • Génesis 2:18 — “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”
  • Gálatas 3:28 — “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”
  • Hechos 5:29 — “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”

¿Notaste el patrón al marcarlos? Cada mandato a la esposa viene pegado a un mandato al esposo, y los de él suelen ser más largos y más costosos. Dios diseñó el matrimonio como una entrega de ida y vuelta, y esa entrega descansa sobre lo que cada uno vale delante de Él; ese cimiento lo tienes desarrollado en el estudio sobre el valor de la mujer cristiana.

Preguntas frecuentes sobre la sumisión en el matrimonio según la Biblia

¿Qué significa que la mujer se sujete a su marido?

Sujetarse, del griego hypotassō, significa ordenarse voluntariamente junto al esposo para apoyarlo y respetarlo, “como al Señor” (Efesios 5:22). Es una decisión que la esposa toma por amor a Cristo, no algo que el esposo puede exigir ni imponer; el verbo está en voz media, la forma que el griego usa para acciones que uno hace sobre sí mismo. Además, Pablo nunca usa el verbo obedecer para la esposa en Efesios, aunque sí lo usa para los hijos y los siervos unos versículos después. Sujetarse describe orden y respeto dentro del matrimonio, no obediencia de subordinada ni pérdida de voz.

preguntas frecuentes sobre la sumision en el matrimonio

¿La esposa debe someterse en todo a su esposo?

El “en todo” de Efesios 5:24 vive dentro del marco del pasaje: una relación donde el esposo ama como Cristo, que jamás daña a la iglesia. Tiene dos límites bíblicos claros. Primero, el pecado: “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29); si el esposo pide mentir o participar en algo que Dios prohíbe, la respuesta es no, como muestra el caso de Safira, que murió por sostener la mentira de su esposo (Hechos 5:9-10). Segundo, la destrucción: la Biblia alaba a Abigail por no acompañar la insensatez de Nabal y salvar su casa (1 Samuel 25:33).

¿Qué dice la Biblia sobre el maltrato a la esposa?

Lo condena de forma directa. Al esposo se le manda amar hasta entregarse (Efesios 5:25), sustentar y cuidar (Efesios 5:29), no ser áspero (Colosenses 3:19) y dar honor a su esposa, con la advertencia de que sus oraciones se estorban si no lo hace (1 Pedro 3:7). Y el Salmo 11:5 declara que Dios aborrece al que ama la violencia. Ningún versículo sobre sujeción autoriza el maltrato; usarlos para eso es torcer la Escritura. Una mujer maltratada puede y debe buscar ayuda, hablar con sus pastores, acudir a las autoridades y ponerse a salvo con sus hijos.

¿Qué significa que el esposo es la cabeza del hogar?

Significa que lleva la responsabilidad primera de amar, proteger y sustentar, con Cristo como modelo. Efesios 5:23 define la jefatura en la misma frase donde la menciona: el marido es cabeza “así como Cristo es cabeza de la iglesia… y él es su Salvador”. La cabeza del pasaje se reconoce por lo que da, no por lo que exige: Cristo se entregó a sí mismo por la iglesia, la sustenta y la cuida. Un esposo que usa la palabra cabeza para imponerse está imitando a los gobernantes que Jesús corrigió, no a Cristo, que vino a servir (Marcos 10:42-45).

Lo que puedes hacer hoy

Lee Efesios 5:21-33 completo esta semana, desde el versículo 21, y si es posible léelo con tu esposo. Hagan el ejercicio con una regla: cada uno subraya solo su propio mandato, no el del otro. La esposa subraya lo suyo, el esposo lo suyo, y cada uno le pregunta a Dios por su parte. El pasaje se daña cuando cada cónyuge lo usa para auditar al otro; se cumple cuando cada uno lo lee en primera persona.

Y si estás leyendo esto en medio del miedo, tu paso de hoy es otro: cuéntaselo a alguien. A tus pastores, a alguien de confianza que conozca la Palabra y te hable con honestidad, a las autoridades si hay golpes. Dios no te pide quedarte en el peligro; te pide guardar la vida que Él te dio.

lo que puedes hacer hoy sobre la sumision biblica de la esposa

Te dejo una pregunta para esta semana. En tu matrimonio, ¿estás gastando más energía en revisar si el otro cumple su parte del pasaje, o en cumplir la tuya delante de Dios? Y si este estudio te aclaró un tema que a tantos les han enseñado a medias, compártelo con algún matrimonio o con quien esté por casarse; puede ahorrarle años de confusión.

Sigue estudiando: la sujeción descansa sobre saber lo que vales para Dios y sobre una vida de oración que sostiene el matrimonio. Continúa con el valor de la mujer cristiana según la Biblia y con cómo orar según la Biblia.

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