
Si creciste en la iglesia, es probable que te hayan enseñado sobre sexualidad de una sola forma: diciéndote que no. Y después, el día de tu boda, alguien esperó que ese “no” se convirtiera en un “sí” saludable de la noche a la mañana. No funciona así, y el silencio de tantos años tiene consecuencias reales en matrimonios que se aman pero no saben conversar sobre lo que pasa en su cama.

Esta página reúne lo que he escrito sobre sexualidad matrimonial y roles dentro del matrimonio. Lo trato con franqueza, porque la Biblia también lo hace, y sin vulgaridad, porque no hace falta. Si vienes con preguntas concretas y algo de vergüenza acumulada, estás en el lugar correcto.
¿La Biblia habla abiertamente del sexo?
Sí, y con un nivel de detalle que incomoda a mucha gente. Hay un libro entero dedicado al deseo entre dos amantes, con descripciones del cuerpo, del olor, del gusto y de las ganas de encontrarse. “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío” (Cantares 6:3) no es una frase para bordar en un cojín: aparece en medio de un poema abiertamente erótico. Que ese libro esté en el canon dice algo importante sobre cómo Dios ve el deseo dentro del matrimonio.
Recorrí ese libro pasaje por pasaje, explicando qué está describiendo realmente cada imagen, en este estudio del Cantar de los Cantares y lo que enseña sobre el sexo. Si te enseñaron que ese libro es “solo una alegoría de Cristo y la iglesia”, ahí explico por qué esa lectura no se sostiene sola.
¿Qué está permitido entre esposos?
Más de lo que te imaginas, con tres límites claros. La Escritura no entrega un manual de posiciones ni una lista de prácticas aprobadas; entrega principios. El primero es exclusividad: nada que involucre a terceras personas, ni presentes ni en pantalla. El segundo es consentimiento mutuo, porque Pablo describe la sexualidad matrimonial como algo recíproco y nunca como un derecho que se cobra (1 Corintios 7:3-4). El tercero es que nada dañe ni humille al otro.
Dentro de esos límites hay una libertad enorme, y el hecho de que “la cama sin mancilla” (Hebreos 13:4) aparezca sin más especificaciones no es un descuido del texto. Muchas parejas cristianas viven con una culpa heredada que no viene de la Biblia sino de la cultura de sus iglesias, y esa culpa apaga matrimonios enteros.
Las temporadas sin sexo también existen
Hay etapas donde la intimidad se detiene, y no todas son un problema espiritual. Un posparto, una enfermedad, una separación por trabajo, un duelo. Pablo contempló pausas de común acuerdo, pero puso una condición y una fecha de regreso: “no os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento” (1 Corintios 7:5). Lo que no contempló fue el silencio indefinido en el que uno de los dos decide por ambos.
Si estás en una etapa de abstinencia, sea como soltero, sea como pareja atravesando una temporada difícil, en este artículo sobre la abstinencia sexual cristiana hablo de cómo sostenerla sin volverla una carga silenciosa ni un motivo de resentimiento.
Sumisión: lo que sí es y lo que no
La sumisión bíblica no es obediencia ciega ni anulación de tu criterio. Es una postura voluntaria dentro de una relación donde el otro también recibió una instrucción, y esa instrucción es todavía más exigente: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Un hombre que exige sumisión mientras ignora esa segunda mitad está citando el texto a conveniencia.
Y hay algo que necesito decir claro: la sumisión nunca cubre el maltrato, ni el físico ni el verbal ni el sexual. Si alguien usó ese versículo para hacerte callar sobre algo que te está lastimando, usó mal el texto.
Separé el concepto real de sus deformaciones más comunes en este artículo sobre lo que la sumisión bíblica sí es y lo que definitivamente no es, incluyendo qué hacer cuando ambos no están de acuerdo en una decisión importante.
¿La masturbación es pecado?
La Biblia no la menciona directamente, y esa ausencia obliga a razonar en lugar de citar. El texto que suelen usar en su contra, la historia de Onán en Génesis 38, no trata de eso sino de negarse a dar descendencia a la viuda de su hermano. Así que la conversación honesta pasa por otro lado: qué ocurre en tu mente mientras lo haces, si está alimentando pornografía, si te está aislando de tu cónyuge, y si controlas la práctica o ella te controla a ti.
Desarrollé ese razonamiento completo, sin condenas fáciles pero sin permisos baratos, en este análisis sobre la masturbación desde una perspectiva bíblica. Es probablemente el tema donde más gente carga culpa sin haber examinado nunca lo que el texto realmente dice.
¿Y qué les decimos a los hijos?
Diles la verdad, temprano y por partes. Si no lo haces tú, lo hará internet, y lo hará con menos cuidado y peor información. Hablar de sexualidad con tus hijos no los despierta antes de tiempo; los prepara, les da vocabulario para contarte si algo les pasa y les quita el morbo que produce el secreto.
Armé una guía por edades, con qué conversar a los cinco, a los nueve y a los trece años, en esta guía para hablar de sexualidad con tus hijos sin incomodidad. Si te da nervios empezar, ahí encontrarás frases concretas para la primera conversación.
Por dónde empezar
Si vienes cargando vergüenza, empieza por el Cantar de los Cantares: cambia la imagen mental antes que las reglas. Si tu tensión es con los roles, empieza por el artículo de sumisión. Y si lo tuyo es una lucha privada que no has conversado con nadie, empieza por el de masturbación y sigue con el de abstinencia.
Estos temas se hablan poco desde el púlpito y demasiado en susurros. Aquí los tratamos en voz normal.
Hay un caso que duele en silencio dentro de muchos matrimonios cristianos y del que casi nadie predica: cuando la intimidad simplemente se apagó. Lo tratamos completo, con 1 Corintios 7 en la mano, en falta de intimidad sexual en el matrimonio.
