
El Cantar de los Cantares es el libro donde la Biblia habla del sexo sin rodeos: dos esposos que se desean, se buscan el cuerpo, se nombran cada parte y celebran lo que sienten. Cuando alguien pregunta qué dice el Cantar de los Cantares sobre el sexo según la Biblia, la respuesta corta es esta: el deseo entre marido y mujer no es una concesión que Dios hizo de mala gana, es algo que Él puso dentro del matrimonio y que quiso ver escrito en las Escrituras.
Ocho capítulos, ningún mandamiento, ningún milagro y ni una sola aparición explícita del nombre de Dios. Y ahí sigue, en medio del Antiguo Testamento, entre Eclesiastés e Isaías. Este estudio recorre qué es el libro, quién lo escribió, por qué entró en el canon, cómo se ha interpretado y qué enseña en concreto sobre la intimidad conyugal.
¿Qué es el Cantar de los Cantares y de qué trata?
El Cantar de los Cantares es un libro poético del Antiguo Testamento formado por poemas de amor entre un hombre y una mujer que se desean, se separan, se buscan y se casan. No enseña con la forma de un tratado; enseña mostrando una relación por dentro, con sus escenas de encuentro y también con sus noches malas.
Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.
Cantares 1:1 (RV1960)
El título hebreo y lo que significa
El título en hebreo es Shir ha-Shirim, y la repetición no es un adorno de estilo. El hebreo antiguo no tenía una palabra separada para el grado superlativo, así que lo construía repitiendo el sustantivo en genitivo. Es el mismo mecanismo de “rey de reyes” o de “siervo de siervos” en Génesis 9:25.
Existe una construcción idéntica que ya conoces: qódesh ha-qodashim, el santo de los santos, el recinto más sagrado del tabernáculo, donde el sumo sacerdote entraba una vez al año. Traducido a nuestra manera de hablar, el título del libro dice “el mejor cantar que existe”. Alguien decidió, bajo inspiración, que este poema sobre dos esposos merecía el grado máximo.
Dos voces y un coro
El libro tiene tres voces. Ella, la sulamita, que es quien más habla y quien abre el libro pidiendo besos: “Oh, si él me besara con besos de su boca” (Cantares 1:2). Él, el amado. Y un coro, las llamadas doncellas de Jerusalén, que preguntan, opinan y a veces reciben una advertencia.
Que la mujer lleve la voz cantante importa más de lo que parece. En la literatura amorosa del antiguo Cercano Oriente la mujer casi siempre era objeto descrito, no sujeto que describe. Aquí ella desea, busca de noche por la ciudad, dice lo que quiere y nadie la corrige por decirlo.

¿Quién escribió el Cantar de los Cantares?
La tradición judía y cristiana atribuye el Cantar de los Cantares a Salomón, y el propio versículo inicial lo asocia a él. La expresión hebrea admite tres lecturas posibles: escrito por Salomón, escrito para Salomón o escrito sobre Salomón. El nombre del rey aparece siete veces en el libro.
El dato histórico que respalda la atribución está en 1 Reyes 4:32: “Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco”. El texto describe a un rey que produjo poesía de forma masiva. De esa producción enorme la Escritura conservó este cantar y lo llamó el mejor de todos.
La discusión sobre la autoría
Algunos estudiosos proponen una fecha posterior por ciertos términos del vocabulario, y otros señalan la tensión evidente entre un libro que celebra el amor de dos personas y un rey que llegó a tener setecientas esposas y trescientas concubinas (1 Reyes 11:3). Es una objeción honesta y conviene decirla.
La respuesta no obliga a elegir bando. La autoridad del texto no descansa en la biografía del autor sino en la inspiración del Espíritu, igual que los Salmos de David siguen enseñando el arrepentimiento aunque David cometiera adulterio y homicidio. El libro describe el diseño, no la vida privada de quien lo firmó.

¿Por qué el Cantar de los Cantares está en la Biblia?
El Cantar de los Cantares está en la Biblia porque la comunidad de fe lo reconoció desde antiguo como palabra inspirada, y porque enseña algo que ningún otro libro enseña con esa claridad: que el cuerpo, el deseo y el placer conyugal pertenecen al orden que Dios creó y llamó bueno.
Rabí Akiba y la defensa del libro
En el siglo II, cuando entre los rabinos se discutía qué escritos “manchaban las manos” (la expresión técnica para decir que eran sagrados), hubo quienes dudaron de este. La Mishná recoge la respuesta de Rabí Akiba: ningún día valió tanto como aquel en que este cantar fue dado a Israel, porque todos los escritos son santos y el Cantar de los Cantares es el santo de los santos.
Akiba usó exactamente la fórmula del recinto más sagrado del tabernáculo. Su argumento fue que un libro sobre el amor entre esposos no era el escalón más bajo del canon, sino la cima. Nadie salvó este libro escondiendo de qué habla.
El libro que desmonta la idea del sexo como algo sucio
Muchas personas crecieron en ambientes donde la sexualidad solo se nombraba para prohibirla, y llegaron al matrimonio con una culpa que nadie les explicó cómo apagar. Ese silencio no viene de la Escritura, viene del gnosticismo y de las corrientes ascéticas que despreciaban la materia y entraron después en el pensamiento cristiano.
Génesis 2:24-25 pone el estándar antes que cualquier prohibición: el hombre se une a su mujer, son una sola carne, y estaban ambos desnudos y no se avergonzaban. Pablo lo confirma en 1 Timoteo 4:1-4 cuando llama doctrina de demonios a la enseñanza que prohíbe casarse, porque todo lo que Dios creó es bueno cuando se recibe con acción de gracias. Si quieres profundizar en los límites concretos, están tratados en qué está permitido en el sexo matrimonial.
¿Cómo se interpreta el Cantar de los Cantares?
Hay tres formas de leer el Cantar de los Cantares: la alegórica, la literal y la combinada. Durante buena parte de la historia dominó la primera; hoy la mayoría de comentaristas evangélicos sostienen la tercera.
La lectura alegórica
La lectura alegórica entiende que los amantes representan a Dios e Israel en la tradición judía, y a Cristo y la iglesia en la cristiana. Orígenes escribió un comentario extenso en esa línea en el siglo III y Bernardo de Claraval predicó ochenta y seis sermones sobre los dos primeros capítulos.
Tiene una base: la Escritura usa el matrimonio como imagen del pacto en Oseas 2:19-20, en Isaías 54:5 y en Efesios 5:31-32, donde Pablo cita Génesis y añade que habla de Cristo y de la iglesia. El riesgo aparece cuando la alegoría se aplica versículo por versículo y cada detalle del cuerpo se convierte en un símbolo doctrinal que el texto nunca sugirió.
La lectura literal y la combinada
La lectura literal toma el libro por lo que es: poesía amorosa entre dos esposos. No es una lectura moderna ni permisiva; es la que respeta el género literario del texto, igual que leemos los Proverbios como sentencias sapienciales y no como profecía.
La lectura combinada empieza por el sentido llano y desde ahí llega a la aplicación mayor. Primero el libro dice lo que dice sobre un matrimonio concreto. Después, porque el matrimonio fue diseñado como figura del pacto, ese amor exclusivo y gozoso ilustra cómo ama Dios a su pueblo. El orden importa: la figura no borra el original.

¿Qué dice el Cantar de los Cantares sobre el sexo en el matrimonio?
El Cantar de los Cantares presenta la intimidad conyugal como un huerto: un espacio cultivado, cercado, con frutos, al que se entra por invitación. La metáfora recorre los capítulos 4 y 5 y sostiene tres enseñanzas concretas sobre el deseo, la exclusividad y la pertenencia mutua.
El huerto y la invitación: Cantares 4:16 y 5:1
Ella dice: “Levántate, Aquilón, y ven, Austro; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta” (Cantares 4:16). Es la esposa quien invita y quien llama al huerto “mi huerto” y “su huerto” en la misma frase. La entrega es decisión suya y el disfrute es de los dos.
Él responde: “Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía” (Cantares 5:1). Y entonces ocurre lo más llamativo del libro: una voz externa comenta la escena. “Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados”. Muchos comentaristas entienden ahí la voz de Dios sobre la intimidad de los esposos, y lo que dice no es una advertencia, es un permiso amplio.
“Huerto cerrado eres”: la exclusividad
“Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada” (Cantares 4:12). En el Israel antiguo un huerto cercado era propiedad protegida, no terreno baldío; el muro existía para que el fruto madurara sin que lo pisaran los animales.
Aplicado al matrimonio, la exclusividad no es un recorte del disfrute sino su condición. Proverbios 5:15-19 usa la misma lógica con otra imagen, la del pozo propio: “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud”. Un cuerpo compartido con cualquiera deja de ser un lugar seguro para alguien.
La pertenencia mutua
Tres veces aparece en el libro la fórmula de pertenencia recíproca. “Mi amado es mío, y yo suya” (2:16), “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío” (6:3) y “Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento” (7:10). La dirección se invierte, pero la reciprocidad se mantiene.
Esa fórmula es un eco de la fórmula del pacto que atraviesa el Antiguo Testamento: “Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo” (Levítico 26:12). El vocabulario del matrimonio y el vocabulario del pacto son el mismo vocabulario, y por eso el libro sostiene sin esfuerzo las dos lecturas.

¿Qué enseña el Cantar de los Cantares sobre el deseo entre esposos?
El Cantar de los Cantares enseña que el deseo se alimenta con palabras. Los dos esposos se describen en voz alta, con detalle y sin economía, y ese hábito de decir lo que admiran del otro sostiene la relación tanto como el contacto físico.
En Cantares 4:1-7 él recorre a su esposa de la cabeza a los pies con imágenes tomadas del paisaje: el cabello como rebaño que desciende de Galaad, el cuello como la torre de David, y el cierre, “toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha”. No dice que ella sea perfecta; dice que a sus ojos no le falta nada.
En Cantares 5:10-16 ella hace lo mismo con él, y su descripción es igual de física: “Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil”. Termina con una frase que redefine el conjunto: “Este es mi amado, y este es mi amigo, oh doncellas de Jerusalén”. Amado y amigo en la misma línea. Cuando la amistad se apaga, la intimidad se vuelve un trámite; sobre eso trata la falta de intimidad en el matrimonio cristiano.

¿Qué dice la Biblia sobre el sexo en el matrimonio en 1 Corintios 7?
1 Corintios 7:3-5 traduce a instrucción directa lo que Cantares muestra en poesía: los esposos se deben mutuamente la intimidad, ninguno de los dos dispone en solitario de su propio cuerpo y la abstinencia solo cabe por acuerdo, por un tiempo y con un motivo concreto.
Pablo escribe: “El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer”. En el siglo I, en una ciudad como Corinto, decirle a un varón que su cuerpo pertenecía a su esposa era invertir el orden social vigente.
El único motivo de pausa que autoriza es la oración, y con tres condiciones: consentimiento de los dos, tiempo limitado y regreso, “para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Corintios 7:5). Nada en el pasaje sugiere que el sexo exista solo para procrear: el argumento de Pablo gira sobre el cuidado del otro y sobre la protección del vínculo. Ese principio también ordena la etapa previa, tratada en sexo antes del matrimonio.
Dos temas del libro merecen estudio propio y los tienes aparte: el estribillo de no despertéis ni hagáis velar al amor, y el sello de Cantares 8:6, fuerte es como la muerte el amor.
Preguntas frecuentes sobre el Cantar de los Cantares y el sexo según la Biblia
¿Por qué no aparece el nombre de Dios en el Cantar de los Cantares?
El nombre de Dios no aparece de forma explícita, igual que ocurre en Ester. Algunos ven una excepción en Cantares 8:6, donde el hebreo shalhebetyah termina con una forma abreviada del nombre de Dios y suele traducirse “llama potentísima”. La ausencia no vuelve profano el libro: enseña que el amor conyugal es un terreno donde Dios obra aunque nadie lo esté nombrando en voz alta.
¿El Cantar de los Cantares habla del sexo antes del matrimonio?
No. El libro incluye una boda en el capítulo 3, con la comitiva y la corona del día de las bodas, y el encuentro pleno del huerto aparece después, en 4:16 y 5:1. Además el estribillo que pide no despertar el amor antes de tiempo funciona como freno explícito. La secuencia del texto es compromiso primero, entrega después.
¿Está mal que un cristiano disfrute del sexo con su cónyuge?
No está mal, y la Escritura lo dice de forma positiva. Proverbios 5:19 manda al esposo recrearse siempre en el amor de su mujer, Hebreos 13:4 declara honroso el lecho conyugal sin mancha, y la voz que cierra la escena del huerto en Cantares 5:1 invita a beber en abundancia. El disfrute dentro del pacto no necesita disculpa.
¿Quién es la sulamita del Cantar de los Cantares?
Se le llama así por Cantares 6:13, “Vuélvete, vuélvete, oh sulamita”. El término puede indicar procedencia de la aldea de Sunem o ser la forma femenina relacionada con shalom. El texto la presenta como una mujer de trabajo al aire libre: “Soy morena, porque el sol me miró” (1:6), alguien que cuidaba las viñas de sus hermanos.
Lo que puedes hacer hoy
Lee los ocho capítulos de una sentada, en voz alta si puedes, sin buscar significados ocultos en la primera pasada. Toma después una sola frase de admiración, del capítulo 4 o del 5, y dile a tu cónyuge algo tuyo con esa misma concreción: no “eres lindo”, sino qué exactamente y por qué.
La pregunta para esta semana: ¿cuándo fue la última vez que le dijiste en voz alta qué admiras de su cuerpo o de su carácter? Si este estudio te sirvió, compártelo con un matrimonio que necesite leerlo, y sigue con qué está permitido en el sexo matrimonial y con la comunicación en el matrimonio.



