
¿El hombre convivió con los dinosaurios? La paleontología responde que no: los dinosaurios no avianos desaparecieron unos 66 millones de años antes de que existiera el primer ser humano. Dentro del cristianismo la respuesta se divide, y la división no corre entre creyentes y no creyentes, sino entre creyentes que leen Génesis de dos maneras distintas.
Este estudio presenta las dos posturas con sus argumentos y con las objeciones que recibe cada una.

¿Qué dice la Biblia sobre si el hombre convivió con los dinosaurios?
La Biblia no responde esa pregunta de forma directa, porque no menciona a los dinosaurios ni da una fecha para la creación de los animales. Lo que hay son inferencias que cada postura saca del texto, y conviene saber distinguir el versículo del razonamiento que le construimos encima.
El dato textual es este. Génesis 1:24-25 sitúa la creación de los animales terrestres en el día sexto, y Génesis 1:26-27 sitúa la creación del ser humano en ese mismo día. “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26). Si los animales terrestres y el hombre aparecen el mismo día, la convivencia parece automática.
El problema es que ese “día” es justamente lo que se discute. El hebreo yom se usa en la Escritura con varios sentidos: las horas de luz frente a la noche (Génesis 1:5), una jornada de veinticuatro horas, y también un período indeterminado, como en la expresión “el día de Jehová” o en Génesis 2:4, donde una sola frase resume toda la semana creadora: “el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos”.
De ahí salen las dos lecturas. Y de ahí sale también el hecho de que dos cristianos que creen exactamente lo mismo sobre Cristo puedan responder distinto a esta pregunta. El desarrollo completo de la discusión textual está en el estudio sobre cuántos años tiene la tierra según la Biblia.

Los argumentos de la postura de tierra joven
La postura de tierra joven sostiene que sí convivieron, y su argumento base no es científico sino textual: si los días de Génesis 1 son días de veinticuatro horas y las genealogías de Génesis 5 y 11 son cronologías cerradas, entonces animales y hombre fueron creados con un día de diferencia. Bajo esa lectura la convivencia no es una hipótesis extra, es una consecuencia directa.
El argumento de los días y las genealogías
El apoyo está en la fórmula que cierra cada día: “y fue la tarde y la mañana un día” (Génesis 1:5). Tarde, mañana y un número ordinal señalan en el resto del Antiguo Testamento una jornada solar, y Éxodo 20:11 funda el sábado en esos seis días.
Sumando las edades de Génesis 5 y 11, el arzobispo James Ussher calculó en 1650 que la creación ocurrió en el año 4004 a.C. Esa cifra, impresa durante siglos en los márgenes de las biblias inglesas, es el origen de la fecha de “seis mil años” que todavía se repite.
La objeción más citada a ese cálculo es que las genealogías hebreas admiten saltos. El verbo hebreo traducido “engendró” (yalad) se usa también para antepasados lejanos: Mateo 1:8 omite tres reyes conocidos entre Joram y Uzías, y aun así dice “engendró”. Si la genealogía no pretende ser exhaustiva, la suma de edades no da una fecha cerrada.
Behemot, Leviatán y la serpiente voladora de Isaías
El segundo argumento es Job. Si Behemot, con su cola comparada a un cedro (Job 40:17), y Leviatán, la criatura acorazada del capítulo 41, eran animales que Job podía imaginar, se concluye que criaturas de ese tipo seguían vivas en tiempos patriarcales.
He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti; hierba come como buey.
Job 40:15 (RV1960)
La frase “el cual hice como a ti” pone al animal y a Job en el mismo plano de criatura. Ese detalle es el que se usa para decir que Job conocía al animal. La lectura contraria identifica a Behemot con el hipopótamo o el elefante y toma la comparación con el cedro como imagen de rigidez, no de tamaño. El análisis completo de ambas criaturas está en el estudio de Leviatán y Behemot, las bestias bíblicas.
También se cita Isaías 30:6, donde el profeta describe el Néguev como tierra “de donde salen la leona y el león, la víbora y la serpiente que vuela”. Algunos leen ahí un reptil volador extinto; los comentaristas suelen entenderlo como una serpiente que ataca lanzándose desde un arbusto.
Las leyendas de dragones de culturas separadas
El tercer argumento son los dragones. Culturas sin contacto entre sí —China, Europa medieval, Mesoamérica, Mesopotamia— describieron reptiles gigantes en su arte y su literatura. La propuesta es que los antiguos llamaban dragones a lo que hoy llamamos dinosaurios, y que esa memoria colectiva prueba la convivencia.
La objeción es doble. Por un lado, los dragones de esas culturas tienen rasgos que ningún dinosaurio tuvo: escupen fuego, vuelan sin alas, hablan, custodian tesoros. Por otro, existe una explicación alternativa con evidencia a favor: la historiadora Adrienne Mayor documentó que griegos y romanos encontraban huesos fósiles de gran tamaño y los interpretaban como restos de gigantes y monstruos. Los fósiles pueden explicar las leyendas sin necesidad de convivencia.
¿Existen huellas humanas junto a huellas de dinosaurio?
Durante décadas se citaron las huellas del río Paluxy, en Glen Rose, Texas, como prueba de pisadas humanas junto a pisadas de dinosaurio en la misma capa de roca. Ese argumento fue retirado, y quienes lo retiraron fueron los propios creacionistas.
Tras estudios detallados en los años ochenta, organizaciones creacionistas de primera línea, incluido el Institute for Creation Research, recomendaron dejar de usarlo. Se documentó que varias de las supuestas huellas humanas correspondían a pisadas de dinosaurio erosionadas o alteradas por el desgaste del lecho del río, y que algunas de las que circulaban en el mercado local habían sido talladas a mano durante la Depresión, cuando la gente del pueblo las vendía a los turistas.
Que hayan sido creacionistas quienes desmontaron su propio argumento es un dato que honra a esa comunidad y que casi nadie cita. Vale la pena tenerlo presente porque el argumento sigue circulando en redes y en sermones como si nada hubiera pasado.
Los otros hallazgos de esta línea —las figurillas de Acámbaro, las piedras de Ica, el relieve de Ta Prohm— tienen problemas de procedencia reconocidos incluso por autores creacionistas.

¿Había dinosaurios en el arca de Noé?
Esta pregunta solo se plantea dentro de la postura de tierra joven, porque si los dinosaurios desaparecieron millones de años antes de Noé no había nada que embarcar. Dentro de esa postura la respuesta habitual es que sí, y que entraron ejemplares jóvenes.
El razonamiento se apoya en el mandato del texto. “Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán” (Génesis 6:19). Los animales marinos quedan fuera del encargo, porque no necesitaban el arca; el mandato cubre animales terrestres y aves (Génesis 6:20; 7:2-3).
La objeción obvia es el tamaño, y la respuesta que se da tiene tres partes. Primero, que el arca era enorme para su época: unos 135 metros de largo según las medidas de Génesis 6:15, un cálculo que desarrollamos en el estudio sobre cuánto medía el arca de Noé. Segundo, que la mayoría de las especies de dinosaurio no superaban el tamaño de una oveja, y que los saurópodos gigantes pudieron entrar como crías. Tercero, que el texto habla de “géneros” y no de especies en el sentido moderno, lo que reduciría mucho el número de parejas.
La réplica de la otra postura es sencilla y vale la pena escucharla: la Biblia nunca dice que hubiera dinosaurios en el arca. Es una inferencia, no una afirmación del texto. Y en un tema así, distinguir entre lo que el texto dice y lo que nosotros deducimos vale oro. El alcance mismo del relato se discute en el estudio sobre si el diluvio fue mundial o local.
Los argumentos de la postura de tierra antigua
La postura de tierra antigua sostiene que no convivieron: los dinosaurios ocuparon un tramo de la obra creadora anterior a la aparición del ser humano, y por eso ningún autor bíblico los describió. Bajo esa lectura la Biblia no los menciona sencillamente porque nadie que escribió en ella llegó a verlos.
El apoyo textual empieza en la elasticidad de yom que ya vimos en Génesis 2:4. Se añade un detalle que se comenta poco: los seis primeros días cierran con la fórmula “y fue la tarde y la mañana”, y el séptimo no la lleva. Hebreos 4:9-10 razona sobre ese reposo como algo todavía abierto para el pueblo de Dios, lo cual sugiere que la fórmula tiene función literaria y no cronométrica.
Un dato histórico útil para bajar la temperatura del debate: esta lectura no la inventó la geología moderna. Agustín de Hipona, en el siglo IV, escribió en Sobre el Génesis a la letra que los días de la creación no debían entenderse como jornadas solares, catorce siglos antes de que existiera la palabra dinosaurio y de que nadie hubiera desenterrado un fósil.
Las objeciones que recibe también son serias. Se le cuestiona que la muerte animal antes del pecado encaje con Romanos 5:12 —”por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte”— y con la evaluación de “bueno en gran manera” de Génesis 1:31. Sus defensores responden que Pablo habla allí de la muerte humana, y que Génesis 1 no afirma que ningún animal muriera. Es un punto real de tensión, no un detalle menor.

No inventes evidencia para defender la fe
Este tema tiene una tentación específica y conviene nombrarla: estirar un dato, omitir la objeción incómoda, citar a un investigador diciendo lo contrario de lo que sostiene. La Escritura habla de eso, y lo hace en boca de Job dirigiéndose a sus amigos, que llevaban capítulos defendiendo a Dios con argumentos falsos.
¿Hablaréis iniquidad por Dios? ¿Hablaréis por él engaño? ¿Haréis acepción de personas a su favor? ¿Contenderéis vosotros por Dios?
Job 13:7-8 (RV1960)
Lee bien la escena, porque es más incómoda de lo que parece. Elifaz, Bildad y Zofar estaban defendiendo a Dios. Sus intenciones eran las mejores. Y Job les dice a la cara que están hablando engaño en nombre de Dios, haciendo trampa a favor suyo como quien soborna a un juez.
Lo llamativo es el desenlace. Cuando Dios habla en el capítulo 42 se enoja con los tres amigos, no con Job, “porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job” (Job 42:7). El que había gritado sus dudas quedó bien parado; los que defendieron a Dios con argumentos torcidos, no.
Hay además una razón práctica: la evidencia inventada siempre se cae, y arrastra la credibilidad de todo lo demás que dijiste. Proverbios 18:17 lo formula así: “justo parece el primero que aboga por su causa; pero viene su adversario, y le descubre”. Si solo has escuchado a un lado de esta discusión, todavía no la has escuchado.
Cómo hablar de este tema con alguien que no cree
Pedro dio la instrucción y también dio el tono, que es la parte que solemos saltarnos: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Escribía a cristianos dispersos por Asia Menor que estaban siendo señalados socialmente.
La palabra griega para defensa es apología, el término del tribunal: se te pide argumentar, no ganar a los gritos, y hacerlo con mansedumbre, lo cual descarta el sarcasmo.
En la práctica eso se traduce en tres cosas. Distingue lo que sabes de lo que supones. Di “no sé” cuando no sabes, que es una respuesta legítima y que Deuteronomio 29:29 respalda al hablar de las cosas secretas que pertenecen a Dios. Y no conviertas una discusión de cronología en una prueba de si alguien es cristiano, porque 1 Corintios 15:14 puso la prueba en otro lado: en la resurrección.
Preguntas frecuentes sobre si el hombre convivió con los dinosaurios
¿Adán y Eva vieron dinosaurios?
La Biblia no lo dice. Génesis 2:19-20 cuenta que Dios trajo ante Adán los animales del campo y las aves para que les pusiera nombre, pero no da una lista ni describe a ninguno. Para la lectura de tierra joven la respuesta es sí, porque animales terrestres y hombre fueron creados el mismo día. Para la lectura de tierra antigua es no, porque esas criaturas ya se habían extinguido. Ninguna de las dos respuestas es una cita del texto.
¿Por qué los científicos dicen que no convivieron?
Por la separación del registro fósil. Los restos humanos y los de dinosaurios no avianos nunca aparecen en las mismas capas geológicas, en ningún yacimiento del mundo, y entre unos y otros hay decenas de millones de años de sedimentos con faunas intermedias. A eso se suman las dataciones radiométricas de las rocas volcánicas que encierran esas capas, calculadas con métodos independientes que se calibran entre sí.
¿Se han encontrado dibujos antiguos de dinosaurios?
Se han propuesto varios casos —el relieve de Ta Prohm en Camboya, las piedras de Ica en Perú, las figurillas de Acámbaro en México—, pero todos tienen problemas de autenticidad o de interpretación reconocidos incluso por autores creacionistas, y varias organizaciones creacionistas aconsejan no usarlos como evidencia. Los huesos fósiles a la vista sí explican bien por qué muchas culturas imaginaron criaturas gigantes.
¿Puedo ser cristiano y creer que no convivieron?
Sí. Ningún credo histórico de la iglesia, ni el de los Apóstoles ni el de Nicea, incluye la cronología de la creación entre los puntos de la fe. Cristianos que sostienen la misma doctrina sobre Cristo llegan a conclusiones distintas en este asunto. Lo que sí compromete la fe, según 1 Corintios 15:14, es negar la resurrección.
Lo que puedes hacer hoy
Toma el argumento que usarías para defender tu postura en este tema y busca la objeción que recibe, escrita por alguien que no piensa como tú. Si el argumento resiste, lo tienes más sólido que antes. Si no resiste, acabas de ahorrarte quedar mal citándolo delante de alguien que sí hizo la tarea.
Y quédate con la pregunta de la semana: ¿estás sosteniendo esta postura porque la estudiaste, o porque es la que te enseñaron y nunca la revisaste? Revisar no es dudar de Dios; es dejar de confundirlo con lo que te contaron de él.
Si quieres seguir el estudio, continúa con hubo dinosaurios en la Biblia, que analiza los pasajes uno por uno, y con cuántos años tiene la tierra según la Biblia, la pregunta de fondo detrás de esta. Y si conoces a alguien que dejó de creer porque le dijeron que tenía que elegir entre la Biblia y los fósiles, comparte este estudio con esa persona.
