Skip to content

¿Quién decidió qué libros entrarían en la Biblia?

agosto 7, 2026
¿Quién decidió qué libros entrarían en la Biblia?

Nadie decidió por votación en una sala qué libros entrarían en la Biblia. El canon no se inventó, se reconoció: fue un proceso largo y descentralizado en el que iglesias de regiones muy distintas fueron identificando qué escritos habían sido recibidos como apostólicos desde el principio. Los concilios llegaron al final, y lo que hicieron fue certificar por escrito un consenso que ya llevaba siglos funcionando en la práctica.

La palabra canon viene del griego kanon, que designaba la caña o vara de medir del constructor. Un canon no crea la medida, la aplica. Eso describe con exactitud lo que ocurrió: la iglesia no fabricó la autoridad de esos libros, la reconoció con criterios concretos y verificables. Aquí vas a ver cuáles eran esos criterios, con qué documentos fechados se comprueba el proceso y por qué el orden cronológico desmonta la acusación.

Qué criterios se usaron para aceptar un libro en la Biblia

¿Qué criterios se usaron para aceptar un libro en la Biblia?

Los criterios eran cuatro y funcionaban juntos, no por separado. Ningún escrito entró por cumplir uno solo, y esa exigencia acumulada explica por qué la lista quedó tan corta frente a la cantidad de literatura religiosa que circulaba en los primeros siglos.

  • Origen apostólico: escrito por un apóstol o por alguien de su círculo directo, como Marcos con Pedro o Lucas con Pablo.
  • Antigüedad: redactado dentro del siglo I, mientras aún vivían testigos capaces de desmentirlo.
  • Coherencia: sin contradecir la enseñanza que ya se reconocía como apostólica.
  • Uso extendido: leído en las reuniones de iglesias de regiones distintas desde antiguo, no solo en una comunidad aislada.

El cuarto criterio es el que más se pasa por alto y el que más peso tuvo. Un escrito no entraba porque un obispo lo aprobara, entraba porque las iglesias de Egipto, Siria, Asia Menor, el norte de África y Roma ya lo estaban leyendo en voz alta cada semana. El reconocimiento venía de abajo y de todas partes a la vez, y esa dispersión es justamente lo que hace imposible una decisión centralizada.

Pedro deja ver ese proceso en marcha dentro del propio Nuevo Testamento. Al hablar de las cartas de Pablo, dice que hay en ellas “algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3:16). Fíjate en la expresión: pone las cartas de Pablo junto a “las otras Escrituras”. Un contemporáneo de Pablo ya trataba sus cartas con la misma categoría que el Antiguo Testamento, sin esperar ningún concilio.

Cuándo se formó el canon del Nuevo Testamento

¿Cuándo se formó el canon del Nuevo Testamento?

El núcleo del canon estaba reconocido en el siglo II, y la lista completa de veintisiete libros aparece escrita por primera vez en el año 367. Entre esas dos fechas no hubo un momento de fabricación, sino un proceso de decantación donde unos pocos escritos discutidos terminaron de encontrar su lugar.

Conviene distinguir dos grupos desde el comienzo. Los cuatro evangelios y las cartas de Pablo nunca estuvieron seriamente en duda: se citan como autoridad desde principios del siglo II. Un segundo grupo pequeño, que incluía Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis, tardó más en asentarse, sobre todo por dudas sobre su autoría. Esa discusión abierta, documentada por escrito, es la mejor prueba de que nadie estaba imponiendo una lista.

El canon de Muratori, alrededor del año 170

El fragmento o canon de Muratori es un manuscrito latino del siglo VII u VIII que copia un texto original fechado por la mayoría de los investigadores entre los años 170 y 200. Lo descubrió el bibliotecario Ludovico Antonio Muratori en la Biblioteca Ambrosiana de Milán y lo publicó en 1740.

Es una lista de libros reconocidos por la iglesia, y ya incluye los cuatro evangelios, Hechos, trece cartas de Pablo, Judas, dos cartas de Juan y Apocalipsis. Está incompleto por el comienzo, pero lo que se conserva alcanza para lo que importa: más de ciento cincuenta años antes del Concilio de Nicea ya existía una lista de libros reconocidos, muy cercana a la actual.

El documento hace además algo revelador: explica por qué rechaza ciertos escritos. Menciona el Pastor de Hermas y dice que puede leerse en privado pero no en la asamblea, porque se escribió recientemente y no viene de los apóstoles. Eso no es una decisión de poder, es la aplicación de un criterio declarado en voz alta.

La carta de Atanasio del año 367

El segundo documento es la Carta Festal 39 de Atanasio, obispo de Alejandría, escrita en el año 367. Era una carta pastoral de las que se enviaban cada año para anunciar la fecha de la Pascua, y en ella Atanasio enumera los libros del Nuevo Testamento: los veintisiete, exactamente los mismos que tienes hoy, ni uno más ni uno menos.

Lo decisivo es el tono. No los está proponiendo, no los somete a debate y no anuncia una decisión reciente. Los enumera como lo que la iglesia ya recibía, del mismo modo en que uno lista los muebles de una casa en la que lleva años viviendo.

Los concilios que se suelen citar como los que “decidieron la Biblia” vienen después de esa carta: el Sínodo de Roma en el 382, Hipona en el 393 y Cartago en el 397 y el 419. Ese orden cronológico es la respuesta a la acusación. Cuando los concilios se pronuncian, la lista lleva décadas o siglos circulando por escrito.

…me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo.

Lucas 1:3 (RV1960)

Mira cómo empieza Lucas su evangelio. Declara su método: investigó con diligencia, revisó desde el origen, ordenó el material y lo escribió para un destinatario con nombre propio. El verbo griego que usa, parakoloutheo, describe a alguien que ha seguido de cerca los acontecimientos hasta conocerlos a fondo, y en el versículo 2 aclara que su información viene de quienes fueron testigos oculares desde el principio. Ese es el estándar que el propio texto bíblico se exige a sí mismo.

¿Quién decidió los libros del Antiguo Testamento?

El canon hebreo lo custodió el pueblo judío durante siglos antes del cristianismo, y Jesús y los apóstoles lo recibieron ya formado. No hay ninguna iglesia cristiana en esa parte de la historia, sencillamente porque todavía no existía.

La organización judía de esos libros era tripartita: la Ley, los Profetas y los Escritos. Jesús usa exactamente esa división cuando dice a sus discípulos que “era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24:44). Al nombrar los tres bloques está señalando un conjunto cerrado y conocido por sus oyentes, no una colección en construcción.

Hay otro indicio en la forma en que Jesús delimita la historia del martirio de los profetas: habla “desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías” (Lucas 11:51). Abel muere en Génesis, el primer libro; Zacarías muere en 2 Crónicas, que es el último libro en el orden de la Biblia hebrea. Es la manera antigua de decir “de principio a fin” señalando los extremos de una colección ya establecida.

Por qué la Biblia católica tiene más libros

La diferencia está en los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos y los añadidos a Ester y Daniel. Son escritos judíos del periodo entre los dos Testamentos, con valor histórico apreciable, especialmente Macabeos.

La Iglesia Católica los declara canónicos en el Concilio de Trento en 1546; las iglesias protestantes no los reciben como tales. El motivo principal es que no formaban parte del canon hebreo que custodiaba el judaísmo, y que Jesús y los apóstoles, que citan constantemente la ley, los profetas y los salmos, no los citan como Escritura. Jerónimo, el traductor de la Vulgata en el siglo IV, ya los distinguía y los llamaba libros eclesiásticos, útiles para la edificación pero no para establecer doctrina. El asunto completo lo desarrollo en los libros que el Vaticano quitó de la Biblia.

Qué escritos quedaron fuera del canon y por qué

¿Qué escritos quedaron fuera del canon y por qué?

Quedaron fuera los escritos que no cumplían los cuatro criterios, y el grupo más conocido es el de los evangelios gnósticos: el de Tomás, el de Felipe, el de Judas y el llamado de María Magdalena. Muchos se recuperaron en 1945 en Nag Hammadi, Egipto, y por eso llenan documentales desde entonces.

La primera razón de su exclusión es la fecha. Los evangelios canónicos se escribieron en el siglo I, dentro de la vida de los testigos oculares; los gnósticos son del siglo II al IV, cuando ya no quedaba nadie que hubiera visto los hechos. El Evangelio de Judas se fecha alrededor del año 150, más de un siglo después de los acontecimientos que dice narrar.

La segunda es la autoría. Llevan el nombre de un apóstol pero se escribieron mucho después de su muerte. Firmar con un nombre prestigioso era práctica corriente y los lectores de la época sabían detectarla: Tertuliano relata el caso de un presbítero de Asia depuesto de su cargo por escribir un texto atribuido a Pablo.

La tercera es el contenido. Estos textos enseñan que la materia es mala, que el mundo lo creó un ser inferior y que la salvación se alcanza por un conocimiento secreto reservado a unos iniciados. Eso choca de frente con un Dios que hace el mundo y lo llama bueno, con un Hijo que se hace carne y come pescado después de resucitar, y con un mensaje que se manda predicar a todas las naciones. El Evangelio de Tomás es una colección de 114 dichos sin relato, sin cruz y sin resurrección; no hizo falta prohibirlo para que las iglesias no lo leyeran.

Se decidió el canon en el Concilio de Nicea

¿Se decidió el canon en el Concilio de Nicea?

No. El Concilio de Nicea, reunido en el año 325, no trató el canon de la Biblia, no votó qué evangelios entraban y no eliminó libro alguno. Sus actas y sus veinte cánones disciplinarios se conservan, están traducidos y publicados, y ninguno de ellos menciona qué libros componen la Escritura.

El asunto que llevó a los obispos a Nicea fue el arrianismo, la enseñanza de que el Hijo era la primera de las criaturas. Y hay un detalle que cierra el argumento por otro lado: los dos bandos discutían citándose mutuamente los mismos textos bíblicos, sin que nadie acusara al otro de usar un libro falso. El origen del mito y lo que sí ocurrió en esa reunión lo detallo en ¿se decidió la Biblia en el Concilio de Nicea?

Preguntas frecuentes sobre quién decidió los libros de la Biblia

¿Quién eligió los cuatro evangelios y por qué solo cuatro?

No los eligió una persona ni un concilio. Los cuatro se citan como autoridad en iglesias de regiones muy distantes desde principios del siglo II, y hacia el año 180 Ireneo escribe que la iglesia recibe estos cuatro y solo estos cuatro, dando por hecho algo ya establecido. Son cuatro porque son los únicos escritos del siglo I con vínculo directo con los apóstoles: Mateo y Juan eran de los doce, Marcos recogió la predicación de Pedro y Lucas investigó con testigos oculares.

¿Qué libros estuvieron a punto de entrar en la Biblia?

Algunos escritos cristianos muy antiguos y muy respetados se leían en ciertas iglesias sin llegar a ser canónicos: el Pastor de Hermas, la Didaché, la Epístola de Bernabé y la carta de Clemente a los Corintios. Ninguno fue condenado; simplemente no cumplían el criterio de origen apostólico, y sus propios autores no reclaman esa autoridad. El canon de Muratori los distingue con claridad: útiles para leer en casa, no para leer en la asamblea.

¿Podría añadirse hoy un libro a la Biblia?

No, porque el criterio de origen apostólico lo hace imposible por definición. Cualquier escrito posterior al siglo I queda fuera del alcance de los testigos oculares, que es la base entera del reconocimiento. Aunque apareciera mañana un documento antiguo desconocido, tendría que superar los mismos cuatro criterios y demostrar además un uso extendido en las iglesias primitivas que no dejó rastro documental en veinte siglos.

Lo que puedes hacer hoy

Busca en línea el texto del canon de Muratori, que está traducido y disponible gratis, y léelo entero: son unas pocas páginas y vas a ver con tus ojos una lista del siglo II que se parece muchísimo al índice de tu Biblia. Después compara ese índice con la enumeración de Atanasio del año 367 y anota las diferencias que encuentres.

Guarda además dos fechas para la próxima conversación, porque valen más que cualquier discusión larga: la lista de Muratori es de alrededor del año 170 y la de los veintisiete libros está escrita en el 367, mientras que los concilios que supuestamente decidieron el canon son del 382 en adelante.

La pregunta para esta semana: ¿cuántos de los veintisiete libros del Nuevo Testamento has leído completos alguna vez? Si este estudio te sirvió, compártelo con quien te dijo que la iglesia armó la Biblia a su gusto. Y sigue con ¿la Biblia fue alterada por la iglesia? y con cómo leer la Biblia.