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¿Lutero quitó libros de la Biblia?

agosto 8, 2026
¿Lutero quitó libros de la Biblia?

Lutero no quitó libros de la Biblia: los movió de lugar. En su traducción alemana de 1534 imprimió los siete libros discutidos del Antiguo Testamento en una sección propia entre los dos Testamentos, con prólogos escritos por él, y ahí siguieron durante siglos en las Biblias protestantes.

Vamos a ver qué hizo exactamente, qué escribió en esos prólogos, qué pasó con Santiago y con los otros tres libros del Nuevo Testamento sobre los que tuvo reservas, qué Biblias protestantes imprimieron esos textos hasta el siglo XIX y qué decisión concreta de 1826 hizo que hoy casi nadie los vea.

¿Lutero quitó 7 libros de la Biblia?

¿Lutero quitó 7 libros de la Biblia?

No los quitó: los reubicó y los etiquetó. Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos, más los añadidos griegos a Ester y Daniel, aparecen en su Biblia de 1534 agrupados bajo un encabezado que los presenta como escritos que no se equiparan a la Escritura pero son útiles y buenos de leer.

La diferencia entre quitar y reubicar no es un tecnicismo. Un libro quitado desaparece del volumen; uno reubicado sigue en las manos del lector, con una indicación de cómo tratarlo. El lector alemán de 1534 podía leer 1 Macabeos completo esa misma noche.

Con esa decisión Lutero no inventó una categoría nueva. Jerónimo, el traductor de la Vulgata latina, había hecho una distinción parecida a finales del siglo IV, llamando a esos textos libros eclesiásticos y separándolos de los canónicos en los prólogos de su propia traducción.

Qué escribió en los prólogos

Cada libro llevaba su presentación. De Tobías escribió que puede leerse como una historia edificante; de Judit, que funciona como una alegoría del pueblo de Dios frente a sus enemigos. Sobre 1 Macabeos comentó que su valor histórico es alto y que casi merecía contarse entre los demás.

Su juicio, entonces, no fue uniforme ni hostil en bloque. Lo que sostuvo es una distinción de autoridad: textos provechosos para la instrucción, no para fundar doctrina. Esa es la posición que las confesiones protestantes recogerían después, y que la Confesión de Westminster de 1647 formularía en términos más estrictos.

¿Por qué Lutero separó esos libros?

Los separó porque adoptó como criterio el canon hebreo, la lista que el pueblo judío custodiaba y que nunca incluyó esos títulos. El razonamiento es de depósito: si el Antiguo Testamento le fue confiado a Israel, la lista que Israel guardó es la que define su extensión.

Pablo lo formula al explicar qué ventaja tenía el judío:

Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.

Romanos 3:2 (RV1960)

Hubo también un detonante concreto. En la disputa de Leipzig de 1519, Johann Eck citó 2 Macabeos 12 para sostener la oración por los difuntos y las indulgencias. Lutero respondió que ese libro no pertenecía al canon hebreo, y el estatus de esos textos quedó desde entonces ligado a la controversia doctrinal.

Ese cruce explica por qué el asunto se endureció en el siglo XVI: dejó de ser una cuestión de bibliotecas para convertirse en una cuestión de identidad. La Iglesia católica fijó su lista en el Concilio de Trento en 1546, y el contexto completo de esa decisión lo cuento en los libros que el Vaticano quitó de la Biblia.

¿Qué dijo Lutero sobre la epístola de Santiago?

¿Qué dijo Lutero sobre la epístola de Santiago?

En el prólogo de su Nuevo Testamento de 1522, Lutero llamó a Santiago una epístola de paja comparada con las demás, porque no encontraba en ella la predicación de Cristo que hallaba en Juan, en Pablo y en 1 Pedro. Es la frase más citada del asunto y casi siempre se cita sin lo que vino después.

El conflicto de fondo estaba en Santiago 2:24, donde se lee que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe, frente a la lectura que Lutero hacía de Romanos. Con los años matizó su juicio, retiró esa expresión de las ediciones posteriores del prólogo y predicó sobre Santiago sin objeciones.

Los cuatro libros que puso al final

Sus reservas alcanzaron a cuatro libros del Nuevo Testamento: Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis. En el índice de su Nuevo Testamento numeró los otros veintitrés y dejó estos cuatro al final, sin número, separados por un espacio.

Aun así los tradujo y los imprimió. Nunca faltaron en su Biblia, y el luteranismo posterior los mantuvo como Escritura sin discusión. La distinción tipográfica que él introdujo desapareció en las ediciones que vinieron después de su muerte.

Ninguna de las confesiones luteranas recogió esa reserva. Ni la Confesión de Augsburgo de 1530 ni el Libro de Concordia de 1580 excluyen esos cuatro libros, y ambos textos citan Santiago sin poner en duda su autoridad.

Sus reservas, además, no eran arbitrarias: esos cuatro libros están entre los que la iglesia antigua había discutido durante más tiempo, y Eusebio de Cesarea los clasificaba en el siglo IV entre los disputados. Lutero estaba reabriendo una conversación documentada, no inventándola.

¿Lutero añadió la palabra sola en Romanos 3:28?

¿Lutero añadió la palabra “sola” en Romanos 3:28?

Sí, añadió allein (“solo”) en su traducción alemana de Romanos 3:28, y esa palabra no está en el texto griego. Es la acusación más concreta que se le hace y conviene tratarla con los datos, porque él mismo la respondió por escrito.

El versículo dice que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. Lutero tradujo “solo por la fe”, y cuando lo criticaron publicó en 1530 una Carta sobre el arte de traducir donde argumenta que el alemán corriente exige ese refuerzo para que la frase no quede ambigua, y admite que la palabra no aparece en el original.

El dato adicional que rara vez se menciona: traductores católicos anteriores a la Reforma habían hecho lo mismo en otras lenguas, y el propio Tomás de Aquino, comentando 1 Timoteo, usa la expresión “solo por la fe” al explicar el sentido del texto paulino. La discusión es de método de traducción, no de manipulación del canon.

Cómo trabajó como traductor

Lutero tradujo el Nuevo Testamento en once semanas encerrado en el castillo de Wartburg en 1521, trabajando sobre el texto griego editado por Erasmo en 1516, no sobre la Vulgata latina. Para el Antiguo Testamento tardó doce años y usó el texto hebreo, con un equipo de colegas hebraístas de Wittenberg.

Su método era buscar cómo hablaba la gente. Contó que para traducir bien había que preguntarle a la madre en la casa, a los niños en la calle y al hombre común en el mercado. Esa Biblia terminó fijando el alemán moderno escrito, del mismo modo que la King James marcó el inglés.

¿Qué Biblias protestantes incluían esos libros?

¿Qué Biblias protestantes incluían esos libros?

Prácticamente todas hasta el siglo XIX, y los ejemplares están hoy en bibliotecas y museos donde se pueden consultar. El formato de Lutero, con los libros discutidos agrupados en una sección intermedia, se convirtió en el estándar protestante durante casi trescientos años.

La Biblia de Ginebra de 1560 los traía. La King James de 1611, la traducción inglesa más influyente de la historia protestante, se imprimió con ellos en una sección propia entre los dos Testamentos.

En español, la Biblia del Oso de Casiodoro de Reina, publicada en Basilea en 1569, los incluía; y la revisión de Cipriano de Valera de 1602 los conservó, agrupados aparte siguiendo el criterio de Lutero. La Reina-Valera, la Biblia más leída del protestantismo hispano, nació con ellos dentro.

La decisión de 1826 que los sacó de circulación

En 1826, la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera resolvió no financiar más la impresión de esos libros en las Biblias que distribuía. La discusión venía de años atrás y se conoce como la controversia apócrifa.

Los motivos fueron mixtos. Por un lado, la presión de sectores que consideraban impropio distribuirlos como parte del volumen sagrado; por otro, razones prácticas de costo de papel e impresión, y conflictos con sociedades bíblicas del continente europeo que sí querían incluirlos.

El efecto fue enorme por una razón de escala: esa sociedad imprimía y repartía Biblias por todo el mundo, en decenas de idiomas y a precios bajos. En pocas generaciones el lector protestante promedio dejó de ver esos libros y llegó a creer que nunca habían estado ahí.

¿Qué dicen las confesiones protestantes sobre esos libros?

Las confesiones del siglo XVI y XVII repitieron la distinción de Lutero y la endurecieron con el tiempo. Ninguna manda destruirlos; todas les niegan autoridad para fundar doctrina.

Los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra, de 1563, dicen en su artículo sexto que la Iglesia lee esos libros como ejemplo de vida e instrucción de costumbres, pero no los aplica para establecer doctrina. Es casi la misma fórmula que Jerónimo había usado mil doscientos años antes.

La Confesión Belga de 1561 sigue esa línea y los llama libros que la iglesia puede leer con provecho, distinguiéndolos de los canónicos sobre los que no cabe duda alguna.

La Confesión de Westminster de 1647 dio el paso más estricto: declara que esos escritos no fueron inspirados por Dios, que no forman parte del canon y que no tienen más autoridad que cualquier otro escrito humano. De ahí en adelante, en el mundo reformado de habla inglesa, dejaron de imprimirse incluso en la sección intermedia.

¿Entonces quién cambió la Biblia?

Nadie la cambió en el sentido que sugieren los titulares. Dos criterios sobre la extensión del Antiguo Testamento convivieron mil quinientos años sin definición obligatoria, y en el siglo XVI cada tradición formalizó el suyo: Roma en Trento, los reformadores en sus confesiones.

Los 27 libros del Nuevo Testamento son idénticos en la Biblia católica, en la ortodoxa y en la protestante, y en el Antiguo Testamento coinciden 39. La discusión afecta a siete títulos y unos capítulos, no al conjunto.

Conviene además medir con la misma vara hacia los dos lados. Roma no pudo agregar en 1546 unos libros que ya venían copiados en el Códice Vaticano y el Sinaítico, del siglo IV, y los reformadores no pudieron mutilar unos libros que sus propias imprentas siguieron produciendo hasta el siglo XIX.

Si alguien te asegura que Lutero quemó libros o que Roma los inventó, pídele una fecha, una edición y un ejemplar. Las tres cosas existen y están catalogadas, y ninguna de las dos acusaciones sobrevive a esa comprobación.

Pablo le encargó a Timoteo que usara bien la Escritura con un verbo preciso:

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

2 Timoteo 2:15 (RV1960)

El verbo griego es orthotoméo, cortar recto, como quien hace un corte limpio en la madera. Aplicado a este tema significa contar la historia sin inflarla ni recortarla, y eso incluye no atribuirle a Lutero una hoguera que nunca encendió.

Preguntas frecuentes sobre Lutero y los libros de la Biblia

¿Qué libros quitó Lutero de la Biblia?

Ninguno. Trasladó Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos y los añadidos a Ester y Daniel a una sección intermedia de su Biblia de 1534, con prólogos propios. También reordenó Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis al final del Nuevo Testamento, pero los imprimió completos.

¿Lutero quiso sacar el libro de Santiago?

Lo criticó en el prólogo de 1522 llamándolo una epístola de paja, pero lo tradujo, lo imprimió y lo dejó en su Biblia. Con el tiempo suavizó su juicio y retiró esa expresión de ediciones posteriores. El luteranismo lo ha mantenido siempre como Escritura.

¿La King James de 1611 tenía los libros deuterocanónicos?

Sí. La primera edición de 1611 los imprimió en una sección entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se siguieron incluyendo en las ediciones habituales hasta que las sociedades bíblicas dejaron de financiar su impresión en 1826.

¿Por qué la Reina-Valera actual no los trae?

Porque las ediciones modernas siguen el criterio adoptado por las sociedades bíblicas en el siglo XIX. La Biblia del Oso de 1569 y la revisión de Valera de 1602 sí los imprimían, agrupados en una sección aparte.

Sigue estudiando: la diferencia completa entre las dos Biblias está en los libros que el Vaticano quitó de la Biblia, y el proceso por el que las iglesias reconocieron el canon, en quién decidió qué libros entran en la Biblia.