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¿Cómo se extinguieron los dinosaurios?

agosto 8, 2026
¿Cómo se extinguieron los dinosaurios?

¿Cómo se extinguieron los dinosaurios? La explicación aceptada hoy por la mayoría de los especialistas es la extinción del Cretácico-Paleógeno: hace unos 66 millones de años un asteroide de unos diez kilómetros impactó en lo que hoy es Yucatán y desencadenó un colapso ecológico global que acabó con los dinosaurios no avianos y con cerca del 75% de las especies del planeta.

Dentro del cristianismo circula además otra explicación, la del diluvio de Génesis. Este estudio expone las dos, con la evidencia que sostiene a cada una y con las objeciones que recibe, y luego mira lo que la Escritura sí dice sobre la desaparición de las criaturas.

¿Cuándo vivieron y cuándo desaparecieron los dinosaurios?

¿Cuándo vivieron y cuándo desaparecieron los dinosaurios?

Según la datación estándar, los dinosaurios aparecieron hace unos 230 millones de años, en el Triásico, y la mayoría desapareció hace unos 66 millones de años, al final del Cretácico. Son más de 160 millones de años de historia, un lapso mucho más largo que el que llevan los mamíferos dominando el planeta.

Triásico, Jurásico y Cretácico

Los primeros dinosaurios del Triásico tardío eran pequeños y bípedos, del tamaño de un perro grande. No dominaban nada; compartían el mundo con otros reptiles más abundantes que ellos.

En el Jurásico aparecen los saurópodos gigantes de cuello largo, como el Brachiosaurus y el Diplodocus. En el Cretácico surgen el Tyrannosaurus rex, el Triceratops y los primeros dinosaurios con plumas bien documentados. Para medir esas distancias hay un dato que ayuda: el Estegosaurio se extinguió unos 80 millones de años antes de que existiera el T. rex, más tiempo del que separa al T. rex de ti.

Cómo se calculan esas fechas

Las fechas no salen de mirar el hueso. Los fósiles casi nunca se datan de forma directa; se data la roca volcánica que aparece por encima y por debajo de la capa donde está el fósil, mediante desintegración radiactiva.

El método más usado para estas edades es el de uranio-plomo en cristales de circón, junto con el de argón-argón. Cada uno mide relojes atómicos distintos, con ritmos de desintegración medidos en laboratorio. Cuando dos métodos independientes coinciden en una misma capa, la fecha se considera robusta.

Aquí hace falta decir algo que muchos artículos cristianos se saltan: la datación radiométrica tiene supuestos, y los defensores de la tierra joven los cuestionan. Discuten sobre todo la constancia de las tasas de desintegración a lo largo del tiempo y las condiciones iniciales de la muestra. La respuesta habitual de la geología es que esas tasas se han medido bajo condiciones extremas de presión y temperatura sin variar de forma apreciable, y que los métodos se calibran cruzándolos entre sí. Puedes no aceptar la conclusión, pero conviene saber qué estás rechazando exactamente.

¿Qué evidencia hay del asteroide de Chicxulub?

¿Qué evidencia hay del asteroide de Chicxulub?

La evidencia del impacto tiene tres piezas que encajan entre sí: una capa de iridio repartida por todo el mundo, un cráter del tamaño y la edad adecuados en Yucatán, y minerales que solo se forman bajo presiones de impacto. Ninguna de las tres se propuso para defender la hipótesis; se fueron encontrando después.

La capa de iridio de 1980

Todo empezó con un hallazgo raro. En 1980, el físico Luis Álvarez, su hijo el geólogo Walter Álvarez y sus colaboradores publicaron que en el límite entre el Cretácico y el Terciario, en afloramientos de distintos continentes, hay una capa delgada de arcilla con una concentración de iridio decenas o cientos de veces superior a lo normal.

El iridio es escaso en la corteza terrestre y abundante en asteroides. Encontrarlo concentrado en un mismo nivel alrededor del mundo apuntaba a una fuente extraterrestre. En 2024, un análisis de isótopos de rutenio en esa capa identificó además el tipo de cuerpo: un asteroide carbonáceo formado más allá de la órbita de Júpiter.

El cráter de Yucatán

Faltaba el cráter, y apareció enterrado bajo sedimentos en la península de Yucatán: la estructura de Chicxulub, de unos 180 kilómetros de diámetro. En 2016 una perforación internacional del anillo de picos del cráter permitió estudiar directamente la roca del impacto, y en las muestras se identificó iridio en el nivel correspondiente. Eso conectó el cráter con la capa global.

El resto de la evidencia se acumula alrededor: cuarzo de impacto, esferulitas de vidrio, depósitos de tsunami en el Golfo de México y la desaparición brusca de foraminíferos en el mismo nivel. No todos los especialistas dan el mismo peso a las erupciones de los Traps del Decán en India, que ocurrieron en fechas cercanas y pudieron debilitar los ecosistemas antes del golpe. El debate hoy es sobre cuánto contribuyó cada factor, no sobre si hubo impacto.

Qué pasó después del impacto

El impacto no mató a los animales por el golpe. Lanzó a la atmósfera miles de millones de toneladas de polvo, azufre y roca pulverizada. El azufre de las evaporitas de la zona formó aerosoles que bloquearon la luz del sol durante años.

Sin luz, la fotosíntesis se derrumbó. Sin plantas, cayeron los herbívoros; sin herbívoros, los grandes depredadores. Sobrevivieron sobre todo los animales pequeños, los que comían semillas, insectos o carroña, y los que podían refugiarse bajo tierra o en el agua. Entre ellos, un grupo de dinosaurios emplumados que hoy llamamos aves.

¿Los dinosaurios murieron en el diluvio?

¿Los dinosaurios murieron en el diluvio?

La postura de tierra joven propone otra causa: los dinosaurios murieron en el diluvio de Génesis 6-8, y las capas fósiles serían el resultado de ese evento y no de millones de años de sedimentación. La discusión no es sobre si el texto describe un juicio, sino sobre si ese juicio explica el registro geológico.

El texto es explícito en el alcance de la muerte: “Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre” (Génesis 7:21). Moisés escribe esto para un pueblo que salía de Egipto y que necesitaba saber que el Dios que los sacaba de allí ya había juzgado al mundo entero una vez.

La objeción principal que recibe el modelo es el orden del registro fósil. Los fósiles no aparecen mezclados, sino ordenados de forma consistente en todo el mundo: nunca se ha encontrado un conejo en capas del Cretácico ni un dinosaurio en capas del Cámbrico. Los defensores del modelo responden con la hipótesis de la zonación ecológica y la clasificación hidrodinámica, es decir, que los animales quedaron sepultados según dónde vivían y cómo se hundían.

Los geólogos replican que ese mecanismo no explica la separación tan limpia de los granos de polen fósil, que pesan casi nada, ni la de los foraminíferos microscópicos, ni la existencia de huellas, madrigueras y nidos con huevos empollados en medio de las capas, que exigen tiempo en seco. El alcance del relato se discute aparte en el estudio sobre si el diluvio fue mundial o local.

¿Qué dice la Biblia sobre la extinción de los animales?

¿Qué dice la Biblia sobre la extinción de los animales?

La Biblia no menciona a los dinosaurios ni describe su desaparición, pero sí dice algo sobre la fragilidad de todo lo que vive. El Salmo 104, que recorre la creación entera, incluye la muerte de las criaturas dentro del gobierno de Dios, no como un accidente que se le escapó.

Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra.

Salmo 104:29-30 (RV1960)

El salmista escribe en un mundo agrícola donde una sequía podía vaciar un valle de animales en una temporada. No idealiza nada: dice que las criaturas dependen del aliento que Dios les da y que vuelven al polvo cuando él lo retira. La aparición y la desaparición de especies caben dentro de esa frase sin forzarla.

Job dice algo parecido desde otro ángulo. “Pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán… ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo? En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo el género humano” (Job 12:7-10). El argumento de Job es que la creación entera testifica de quién la sostiene, incluidas las criaturas que nadie estudia.

Y hay un contraste que la Escritura repite: lo creado pasa, el Creador permanece. “Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán” (Salmo 102:26). La carta a los Hebreos toma ese mismo salmo y lo aplica a Cristo (Hebreos 1:11-12). Que un grupo entero de animales haya desaparecido de la tierra no contradice nada de lo que la Biblia enseña; encaja con lo que ya decía.

¿Por qué permitiría Dios que se extinguieran?

La Escritura no responde esa pregunta sobre los dinosaurios en particular, pero da un principio que la ordena: lo creado existe por voluntad de Dios y para su gloria, no en función nuestra. “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11).

Job 38 y 39 desarrollan esa idea con un detalle que incomoda. Dios describe animales que ningún ser humano administra ni aprovecha —el asno montés, el búfalo, el avestruz, la cabra montés que pare sola en los riscos— y pregunta quién hace llover “sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre” (Job 38:26). Hay obra de Dios en lugares donde nadie mira.

Pablo añade otra pieza. “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22). Escribe a cristianos en Roma que veían morir a los suyos, y les dice que el desorden alcanza a la creación entera y que la salida no es negarlo, sino esperar la restauración que Dios prometió.

Y hay un límite honesto que conviene aceptar. Moisés lo formuló así: “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros” (Deuteronomio 29:29). Por qué existieron durante millones de años animales que nadie admiró está entre las cosas que no se nos dijeron.

Preguntas frecuentes sobre cómo se extinguieron los dinosaurios

¿Se extinguieron todos los dinosaurios?

No. Un linaje sobrevivió y sigue vivo: las aves. La paleontología clasifica hoy a las aves como dinosaurios terópodos, por la anatomía del esqueleto, los huesos huecos y los fósiles con plumas hallados sobre todo en China. Lo que desapareció hace 66 millones de años fueron los dinosaurios no avianos, es decir, todos los demás. Cada gorrión que ves es pariente lejano de aquel grupo.

¿Cuánto tiempo tardó la extinción?

Muy poco en términos geológicos. Los estudios del cráter de Chicxulub indican que las horas siguientes al impacto ya fueron catastróficas en el continente americano, y que el invierno provocado por el polvo y los aerosoles duró años, quizá un par de décadas. El colapso de las especies se midió en ese rango, no en millones de años, aunque la recuperación de los ecosistemas sí tardó cientos de miles de años.

¿La Biblia menciona la extinción de los dinosaurios?

No. La Biblia no nombra a los dinosaurios ni describe su desaparición, porque la palabra se acuñó en 1842 y el texto no es un tratado de historia natural. Sí afirma que Dios sostiene el aliento de todo lo que vive y que las criaturas vuelven al polvo cuando él lo retira (Salmo 104:29). Los pasajes que se citan en esta discusión se analizan en el estudio sobre si hubo dinosaurios en la Biblia.

¿Puede un cristiano aceptar la teoría del asteroide?

Sí. Un asteroide no es un rival de Dios; es materia dentro de la creación que él gobierna. La Escritura describe a Dios obrando a través de fenómenos naturales una y otra vez: un viento recio que abre el mar (Éxodo 14:21), una lluvia que juzga, un pez que traga a un profeta. Aceptar el mecanismo no obliga a negar la causa última, y ningún credo histórico de la iglesia convierte este asunto en un punto de fe.

Lo que puedes hacer hoy

Lee el Salmo 104 completo de una sentada. Son treinta y cinco versículos que recorren el mar, los montes, los animales salvajes, la noche y el pan, y terminan reconociendo que todo depende del aliento que Dios da y retira. Es el texto bíblico que mejor ordena este tema, y se lee en cinco minutos.

Y quédate con la pregunta de la semana: ¿qué hace tu fe cuando la ciencia describe un mecanismo que no esperabas? Si la respuesta es asustarse, vale la pena revisar dónde la apoyaste.

Si quieres seguir el estudio, continúa con el hombre convivió con los dinosaurios, donde se exponen las dos posturas cristianas con sus argumentos, y con cuántos años tiene la tierra según la Biblia. Y si conoces a alguien que cree que aceptar esta datación es dejar de creer, comparte este estudio con esa persona.