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Científicos famosos que creían en Dios

agosto 7, 2026
Científicos famosos que creían en Dios

Los científicos famosos que creían en Dios incluyen a los fundadores de disciplinas enteras: Kepler en la astronomía planetaria, Boyle en la química, Faraday en el electromagnetismo, Pascal en la teoría de la probabilidad, Mendel en la genética y Lemaître en la cosmología del universo en expansión. No fueron creyentes a pesar de su trabajo, sino personas que veían su investigación como una extensión de su fe.

Este recorrido no pretende demostrar que Dios existe por votación de eminencias. Un argumento no se gana por currículos. Sirve para otra cosa: desmontar la idea de que un cerebro entrenado en el método científico tiene que abandonar la fe en la puerta del laboratorio.

Qué científicos históricos creían en Dios

¿Qué científicos históricos creían en Dios?

Los nombres que abrieron la ciencia moderna entre los siglos XVI y XIX fueron casi todos creyentes practicantes, y muchos escribieron sobre teología con la misma dedicación que sobre física. Ese dato aparece en cualquier historia de la ciencia seria, aunque rara vez llega a los libros de texto escolares.

Johannes Kepler y las leyes planetarias

Kepler (1571-1630) estudió teología en Tubinga y quiso ser pastor luterano antes de dedicarse a la astronomía. Descubrió que las órbitas de los planetas son elipses, no círculos perfectos, y formuló las tres leyes del movimiento planetario que Newton usaría después.

Describió su tarea como “pensar los pensamientos de Dios después de él”. Para Kepler, la geometría existía en la mente del Creador antes de la creación, y por eso los cielos eran legibles con matemáticas. Esa convicción lo sostuvo durante años de cálculos a mano sobre las observaciones de Marte hechas por Tycho Brahe.

Isaac Newton, más teólogo que físico en páginas escritas

Newton (1643-1727) publicó la ley de la gravitación universal y las tres leyes del movimiento, y también dejó más manuscritos sobre profecía bíblica y cronología antigua que sobre física. Su teología era heterodoxa: negaba la Trinidad, lo cual le habría costado el puesto en Cambridge de haberse sabido.

En el escolio general de los Principia escribió que el sistema del sol, los planetas y los cometas solo podía proceder del designio de un ser inteligente y poderoso. Su ciencia y su convicción religiosa eran, para él, un mismo proyecto de leer el mundo.

Robert Boyle y el nacimiento de la química

Boyle (1627-1691) formuló la ley que relaciona presión y volumen en los gases y separó la química de la alquimia. Aprendió hebreo, arameo, griego y siríaco para leer las Escrituras en sus idiomas originales, financió traducciones de la Biblia al gaélico y al malayo, y dejó en su testamento una dotación para conferencias anuales de apologética.

Las Boyle Lectures se siguen celebrando en Londres. Fue también quien defendió que estudiar la naturaleza es un acto de culto, porque el investigador funciona como sacerdote del templo del mundo.

Blaise Pascal, entre la probabilidad y los Pensamientos

Pascal (1623-1662) construyó una de las primeras calculadoras mecánicas, estableció los principios de la presión hidrostática que llevan su nombre y, con Fermat, fundó el cálculo de probabilidades a partir de un problema sobre apuestas interrumpidas.

Tras una experiencia religiosa intensa en 1654 dedicó sus últimos años a los Pensamientos, una defensa del cristianismo que quedó inacabada por su muerte a los treinta y nueve años. Llevaba cosida en el forro de su ropa una nota con el relato de aquella noche. Nadie la encontró hasta que murió.

Qué científicos del siglo XIX creían en Dios

¿Qué científicos del siglo XIX creían en Dios?

El siglo XIX suele presentarse como el momento en que la ciencia se separó de la fe, y sin embargo produjo a Faraday, Maxwell, Kelvin, Pasteur y Mendel, todos creyentes declarados. La separación institucional entre facultades no equivalió a una conversión colectiva al ateísmo.

Michael Faraday y el electromagnetismo

Faraday (1791-1867) descubrió la inducción electromagnética, la base de todo generador eléctrico que funciona hoy. Venía de una familia pobre, empezó como aprendiz de encuadernador y nunca recibió formación matemática avanzada.

Pertenecía a los sandemanianos, una comunidad cristiana pequeña y estricta, y sirvió como anciano de su congregación. Rechazó el título de sir y la presidencia de la Royal Society. Explicaba su desinterés por los honores apelando a su fe.

Su concepto de campo, la idea de que el espacio alrededor de un imán está estructurado por líneas de fuerza, fue recibido con escepticismo por los matemáticos de su tiempo. James Clerk Maxwell, presbiteriano escocés y otro creyente convencido, tradujo esa intuición a las ecuaciones que unificaron electricidad, magnetismo y luz.

Gregor Mendel, el monje que fundó la genética

Mendel (1822-1884) era fraile agustino y abad del monasterio de Brno. Entre 1856 y 1863 cultivó unas 28.000 plantas de guisante y descubrió las reglas de la herencia: caracteres dominantes y recesivos que se transmiten en proporciones predecibles.

Su trabajo pasó desapercibido hasta 1900, dieciséis años después de su muerte, cuando tres botánicos lo redescubrieron por separado. La genética moderna arranca en el huerto de un monasterio.

Louis Pasteur y la microbiología

Pasteur (1822-1895) refutó la generación espontánea, desarrolló la vacuna contra la rabia y dio nombre a la pasteurización. Católico practicante toda su vida, resumía su postura diciendo que un poco de ciencia aleja de Dios y mucha ciencia devuelve a él.

Su experimento con matraces de cuello de cisne, en 1861, cerró un debate de siglos: el caldo estéril no generaba vida por sí solo mientras el polvo del aire quedaba atrapado en la curva del vidrio. Ese resultado salvó incontables vidas al establecer la antisepsia quirúrgica, y Pasteur nunca lo separó de su convicción de que la vida procede de la vida.

¿Hay científicos creyentes hoy?

Sí, y algunos ocupan los puestos más visibles de la investigación contemporánea. La proporción de creyentes varía mucho entre disciplinas, países y niveles académicos, pero en ninguna encuesta seria desciende a cero.

Georges Lemaître y el origen del universo

Lemaître (1894-1966) era sacerdote católico belga y doctor en física. En 1927 propuso que el universo se expande, y en 1931 formuló la hipótesis del “átomo primitivo”, el antecedente directo del modelo del Big Bang. Einstein rechazó su idea al principio con una frase dura sobre su física.

Curiosamente, Lemaître insistió en que su modelo cosmológico no debía usarse como prueba de la creación bíblica. Mantenía separados los dos planos de razonamiento, y por eso pidió al papa Pío XII que no presentara el Big Bang como confirmación de Génesis. Ese mismo cuidado se explica en si la ciencia y la Biblia son compatibles.

Francis Collins y el Proyecto Genoma Humano

Collins (1950) dirigió el consorcio internacional que secuenció el genoma humano y después el National Institutes of Health de Estados Unidos. Empezó su carrera como ateo convencido y llegó a la fe cristiana a los veintisiete años, en parte por la lectura de C. S. Lewis y en parte por lo que veía en la cabecera de sus pacientes.

Publicó su recorrido en ¿Cómo habla Dios? y fundó una organización dedicada al diálogo entre biología y teología. Sostiene la evolución biológica y la creación por Dios como descripciones compatibles del mismo proceso, la postura que se examina en evolución vs creación según la Biblia.

William Phillips, Nobel de Física 1997

Phillips recibió el Nobel por desarrollar métodos de enfriamiento de átomos con láser, una técnica que hoy sostiene los relojes atómicos y buena parte de la investigación en computación cuántica. Es metodista practicante, enseña en la escuela dominical de su congregación y participa en foros públicos sobre ciencia y fe.

Qué dice la Biblia sobre estudiar la creación

¿Qué dice la Biblia sobre estudiar la creación?

La Escritura manda observar el mundo físico y razonar a partir de lo observado. Ese mandato explica por qué tantos creyentes se dedicaron a la investigación sin sentir que traicionaban nada.

Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.

Proverbios 25:2 (RV1960)

Este proverbio pertenece a la colección que “copiaron los varones de Ezequías”, una corte donde se elaboraban listas de plantas, animales y fenómenos naturales. El verbo hebreo traducido “escudriñar” describe una búsqueda minuciosa, como quien excava. La frase dignifica la curiosidad: lo escondido está puesto ahí para ser buscado.

Salomón mismo aparece descrito como naturalista: “Y disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces” (1 Reyes 4:33). El texto lo presenta como señal de la sabiduría que Dios le dio, no como una distracción de asuntos espirituales.

Pablo lo formula como inferencia: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20). Escribía a creyentes en Roma, rodeados de templos a muchas deidades, y les decía que el mundo mismo argumenta.

Y el Salmo 111:2 fue tan usado por este grupo de investigadores que está tallado en la puerta del Laboratorio Cavendish de Cambridge: “Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren”. La inscripción la puso James Clerk Maxwell, el físico que unificó la electricidad, el magnetismo y la luz en cuatro ecuaciones.

Sirve esta lista como argumento a favor de Dios

¿Sirve esta lista como argumento a favor de Dios?

No como prueba, sí como corrección de un prejuicio. Que Newton creyera en Dios no demuestra que Dios exista, igual que el ateísmo de otro investigador brillante no demuestra lo contrario. Los argumentos se evalúan por su contenido, no por la fama de quien los sostiene.

Lo que sí desmonta esta lista es la afirmación de que la fe y la competencia científica son incompatibles en la misma persona. Si lo fueran, estos nombres no existirían, y con ellos se caerían la genética, el electromagnetismo y la cosmología moderna.

  • Cuidado con las citas falsas. Circulan frases atribuidas a Einstein o a Darwin que no aparecen en sus obras. Verifica la fuente antes de usarlas.
  • Cuidado con confundir teísmo y cristianismo. Einstein hablaba de un dios impersonal al modo de Spinoza, no del Dios de la Biblia.
  • Cuidado con el argumento por autoridad. Presenta estos casos como datos históricos, no como votación.

Usada así, la lista abre conversaciones en vez de cerrarlas. Y deja al interlocutor con una pregunta mejor: si creer y investigar fueran incompatibles, ¿cómo se explica que quienes inventaron el método fueran casi todos creyentes?

Preguntas frecuentes sobre los científicos famosos que creían en Dios

¿Einstein creía en Dios?

Einstein rechazaba el ateísmo militante y también al Dios personal de la Biblia. Se describía como creyente en el dios de Spinoza, identificado con el orden del cosmos. Citarlo como cristiano es un error frecuente; citarlo como ateo también.

¿Galileo era creyente?

Sí, católico practicante hasta su muerte, y una de sus hijas fue monja. Su conflicto con Roma fue sobre autoridad interpretativa y prudencia política, no sobre la existencia de Dios. El detalle está en el caso Galileo y la Iglesia.

¿Qué porcentaje de científicos cree en Dios hoy?

Las cifras varían según el estudio, el país y la disciplina. Suelen situarse por debajo de la media de la población general, con proporciones más altas entre médicos e ingenieros y más bajas entre biólogos evolutivos de élite. Ningún estudio arroja cero.

¿Newton era cristiano ortodoxo?

No. Newton era creyente devoto y estudioso obsesivo de la Escritura, pero antitrinitario, una postura que en la Inglaterra de su época podía costarle la cátedra. Mantuvo esos escritos sin publicar durante toda su vida.

Lo que puedes hacer hoy

Elige un nombre de esta lista y busca media hora de su biografía. Mendel y su huerto de guisantes, o Faraday y su taller de encuadernación, funcionan bien para empezar. Vas a encontrar personas concretas, con años malos y trabajo lento, no estatuas.

La pregunta para tu semana: ¿cuántas veces has evitado una conversación sobre fe y ciencia porque diste por hecho que el otro tenía los datos de su lado?

Si conoces a alguien que estudia una carrera científica y siente que tiene que elegir, comparte este artículo. Y sigue el hilo en la ciencia y la Biblia son compatibles y en el ajuste fino del universo.