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¿Es pecado ser rico?

agosto 6, 2026
Esta lectura forma parte de la guía Dinero.

No, no es pecado ser rico según la Biblia: en ningún pasaje se declara culpable a una persona por el tamaño de su patrimonio. Lo que la Escritura condena es otra cosa, y conviene nombrarlo con exactitud: el amor al dinero, la injusticia para conseguirlo y la confianza puesta en él.

Si un pasaje bíblico regaña a un rico, revisa cuál de los tres está en juego y lo vas a encontrar siempre. Nunca hallarás una condena que diga “tienes demasiado, y por eso pecas”, sino “conseguiste esto oprimiendo”, “amas esto más que a Dios” o “pusiste tu seguridad aquí”.

¿Es pecado ser rico según la Biblia?

Ser rico no constituye pecado en la Biblia. La confusión más repetida sobre este tema nace de un versículo mal citado. Se dice “el dinero es la raíz de todos los males”, y el texto no dice eso.

porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

1 Timoteo 6:10 (RV1960)

La palabra griega que Pablo usa es filarguría, compuesta de fileo (amar con afecto) y árguros (plata). Literalmente, afecto por la plata. Pablo escribía a Timoteo, que pastoreaba en Éfeso, ciudad rica de comercio y templos; no estaba midiendo cuentas bancarias, sino describiendo un vínculo del corazón que puede existir con dinero o sin él.

Ahí está el punto que casi nadie señala. Alguien que no tiene nada puede vivir consumido por filarguría, calculando, envidiando, midiendo su valor por lo que le falta. Y alguien con recursos puede administrarlos con las manos abiertas. El pecado no vive en la cuenta; vive en el afecto.

Los profetas nunca atacan el patrimonio en abstracto. Amós, que predicó en el Israel próspero de Jeroboam II, denuncia a los que “venden por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos” (Amós 2:6). Isaías denuncia a los terratenientes que juntan casa con casa y campo con campo (Isaías 5:8), absorbiendo las parcelas familiares repartidas por tribus. Cuando la Biblia se enoja con un rico, hay alguien sangrando debajo de esa fortuna.

terrateniente injusto absorbiendo campos vecinos, imagen simbólica de Isaías 5:8

¿Qué personajes ricos aparecen en la Biblia y qué dice Dios de ellos?

La Biblia presenta a varios hombres y mujeres con patrimonios grandes a quienes trata con respeto e incluso pone como ejemplo. Abraham, Job, Booz, José de Arimatea y Lidia son los casos más claros, y ninguno recibió jamás la orden de dejar de ser próspero. En cada historia se ve qué hacía esa persona con lo que tenía; ahí está la enseñanza, no en la cifra.

Abraham y Job: fortuna con las manos abiertas

De Abraham dice el texto que “era riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Génesis 13:2), sin ningún pudor. Cuando sus pastores y los de Lot pelearon por la tierra, Abram, con el derecho legal de elegir primero, le cedió la elección a su sobrino (Génesis 13:9). Y tras rescatar a Lot de los reyes invasores rechazó bajo juramento el botín que el rey de Sodoma le ofrecía: “desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram” (Génesis 14:23).

El libro de Job abre con una doble descripción: “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”, y dueño de siete mil ovejas, tres mil camellos y quinientas yuntas de bueyes (Job 1:1-3). Santidad y patrimonio en el mismo párrafo, sin contradicción. Cuando lo perdió todo en un día, hijos incluidos, respondió: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21). Antes había descrito qué hacía con lo suyo: “a los menesterosos era padre” (Job 29:16). Al final Dios “aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:10).

Booz, José de Arimatea y Lidia: dinero al servicio del plan de Dios

Booz aparece como “un pariente de su marido, hombre rico” (Rut 2:1), terrateniente en Belén. La ley mandaba no segar hasta el último rincón del campo para que el pobre y el forastero recogieran (Levítico 19:9-10), y Booz no solo la cumplió: ordenó a sus criados dejar caer manojos a propósito para Rut (Rut 2:15-16) y pagó el rescate de la heredad sabiendo que el hijo que naciera llevaría el nombre del difunto (Rut 4:9-10). De ahí salió Obed, abuelo de David.

José de Arimatea es “un hombre rico de Arimatea… que también había sido discípulo de Jesús” (Mateo 27:57), y Lucas aclara que no consintió en el acuerdo del Sanedrín contra él (Lucas 23:50-51). Su fortuna le permitió pedirle a Pilato el cuerpo de un ejecutado y ponerlo “en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña” (Mateo 27:60), cumpliendo una palabra escrita siete siglos antes: “con los ricos fue en su muerte” (Isaías 53:9).

Lidia, “vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira” (Hechos 16:14), fue la primera conversión registrada en suelo europeo. La púrpura antigua se extraía gota a gota de un molusco marino, el múrice, y hacían falta miles de conchas para teñir una prenda: ese tejido vestía a reyes y magistrados. Lidia comerciaba con el artículo de lujo más caro de su tiempo, y su casa se volvió la base de la iglesia de Filipos (Hechos 16:40).

Queda pendiente explicar por qué Jesús le ordenó a un joven vender absolutamente todo. Ese episodio tiene su propio contexto y lo trato completo en por qué Jesús le pidió al joven rico vender todo.

Abraham cediendo la elección de la tierra a Lot con las manos abiertas

¿Qué manda Pablo a los ricos en 1 Timoteo 6:17-19?

Pablo le da a Timoteo instrucciones específicas para los creyentes ricos de su congregación, y no incluye la orden de dejar de serlo. Les manda cuatro cosas: no ser altivos, no poner la esperanza en las riquezas, hacer bien y ser generosos.

A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.

1 Timoteo 6:17 (RV1960)

Detente en “para que las disfrutemos”. Ese sustantivo, apólausis, significa goce. En el mismo párrafo donde advierte sobre las riquezas, Pablo afirma que Dios da con generosidad para que la persona disfrute lo recibido. Lo que corrige es la altivez, hupselofronéo, pensar de sí mismo en alto: el primer daño del dinero no cae sobre la cuenta, cae sobre la mirada. Y llama a las riquezas “inciertas”, adelótes, un adjetivo de riesgo, no de moral.

Ocho versículos antes advierte sobre un grupo distinto. No habla de los que son ricos, sino de “los que quieren enriquecerse”, que “caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas” (1 Timoteo 6:9). “Lazo” es paguís, la trampa del cazador de aves, escondida bajo el cebo para que el pájaro no la vea hasta estar dentro. A los que persiguen el enriquecimiento como meta de vida, Pablo les advierte de una trampa; a los que ya tienen recursos, les entrega un manual de administración. Sobre esa administración está el estudio de la mayordomía bíblica del dinero.

mercader vendiendo tela de púrpura en un mercado antiguo, imagen de Lidia de Tiatira

¿Qué dice Santiago 5:1-6 sobre los ricos?

Santiago 5:1-6 es el pasaje más severo del Nuevo Testamento contra los ricos, y su acusación es explícita: no les reclama tener, les reclama robar. El delito nombrado es retener el jornal del trabajador que segó sus campos.

“He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros” (Santiago 5:4). Para medir la gravedad hay que saber cómo vivía un jornalero del siglo primero: se contrataba por día y comía con lo que cobraba esa tarde. La ley lo protegía expresamente: “en su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; porque es pobre, y con él sustenta su vida” (Deuteronomio 24:15). Retrasar el pago un día equivalía a dejar sin comer a una familia esa noche.

Santiago dice que ese jornal “clama”, la misma imagen de la sangre de Abel clamando desde la tierra (Génesis 4:10). Y el título que usa para Dios no es casual: “Señor de los ejércitos”, Sabaot, el nombre militar de Dios. Revisa lo que enumera verso a verso y vas a notar que cada cargo tiene una conducta detrás, nunca una cifra.

  • Acumular sin usar: “vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla” (5:2).
  • Acumular en el momento equivocado: “habéis acumulado tesoros para los días postreros” (5:3).
  • El fraude laboral del versículo 4.
  • El lujo construido sobre ese fraude: “habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza” (5:5), la imagen del animal cebado.
  • El uso de los tribunales contra el indefenso: “habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia” (5:6).

Si Santiago hubiera querido condenar el patrimonio en sí, tenía el párrafo perfecto y no lo hizo. Lo que sí queda claro es que Dios escucha reclamos que nadie más escucha. El apetito de fondo que produce esta conducta está desarrollado en el estudio sobre la codicia y el amor al dinero.

jornalero cosechando el campo esperando su pago al final del día

¿Es la pobreza más santa que la riqueza según la Biblia?

No. La Biblia en ningún lugar declara que la falta de recursos santifique a nadie. No tener dinero no purifica el corazón, y la Escritura lo dice de manera explícita al advertir sobre los pecados propios de la escasez.

“No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? o que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30:8-9). Agur, el autor de ese capítulo, identifica dos peligros simétricos: la abundancia puede llevar a la autosuficiencia, y la escasez puede llevar al robo. Ninguna de las dos posiciones es espiritualmente neutra.

La Biblia sí muestra a Dios inclinado con cuidado particular hacia el pobre. Lo defiende (Salmo 140:12), manda no torcer su juicio (Éxodo 23:6), ordena dejarle espigas y prestarle sin interés. Pero incluso ahí la ley advierte al juez: “ni al pobre distinguirás en su causa” (Éxodo 23:3). Ni la simpatía por el pobre autoriza a fallar injustamente a su favor. Dios protege al pobre sin canonizarlo.

El Salmo 73 es el testimonio de alguien que casi pierde su fe mirando la cuenta ajena: “tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos” (Salmo 73:2-3). Lo que sacó a Asaf de ahí no fue conseguir lo que ellos tenían, sino entrar en el santuario y comprender el final de la historia (73:17). El décimo mandamiento no prohíbe tener, prohíbe codiciar lo del vecino (Éxodo 20:17). El error contrario también circula, y con más ruido: la enseñanza de que la abundancia material es la señal normal de la fe, que respondo en el estudio sobre el evangelio de la prosperidad.

Asaf entrando al santuario para comprender el destino final de los prósperos, Salmo 73

¿Qué responsabilidad tiene delante de Dios el que tiene dinero?

La Biblia establece que el que recibió más responde por más. No hay culpa por tener, pero sí hay cuenta que rendir: “a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lucas 12:48). El contexto es una parábola sobre mayordomos: un señor sale de viaje y deja a un administrador a cargo del alimento de los siervos. Los bienes no son suyos, y su evaluación depende de cómo trató a los que dependían de él.

Hay un proverbio que reencuadra la generosidad: “a Jehová presta el que da al pobre” (Proverbios 19:17). El verbo hebreo lavá es el término comercial de un préstamo formal, con acreedor y deudor: cuando ayudas a alguien que no puede devolverte nada, el que queda como deudor es Dios.

El texto que cierra el asunto fue dado a un pueblo a punto de pasar de la escasez del desierto a la abundancia de una tierra fértil: “y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto” (Deuteronomio 8:17-18). Dios no dice “yo te doy riquezas”: dice que él da la capacidad de producirlas. Puedes reclamar tu esfuerzo; no puedes reclamar la fábrica de tu esfuerzo.

Preguntas frecuentes sobre si es pecado ser rico

¿Es pecado tener mucho dinero según la Biblia?

No, tener mucho dinero no es pecado en sí. La Biblia condena amarlo por encima de Dios (1 Timoteo 6:10), obtenerlo por injusticia (Santiago 5:4) y poner la seguridad en él (Proverbios 11:28). Abraham, Job, Booz, José de Arimatea y Lidia tuvieron patrimonios grandes y la Escritura los trata con respeto. Pablo, escribiendo a los creyentes ricos, no les ordenó dejar de serlo, sino no ser altivos y ser generosos (1 Timoteo 6:17-19).

¿Puede un rico entrar al reino de los cielos?

Sí. Después de la imagen del camello y el ojo de la aguja, Jesús concluyó: “para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (Marcos 10:27). La dificultad que describe es la del corazón que se aferra, no la de una cuenta bancaria. Zaqueo era rico y Jesús declaró que la salvación había llegado a su casa (Lucas 19:8-9).

¿Debe un cristiano rico dar todo lo que tiene?

La Escritura no impone esa regla de forma general. Zaqueo dio la mitad y devolvió cuadruplicado lo robado, y Jesús declaró salvada su casa sin pedirle más (Lucas 19:8-9). Pablo pide a los ricos “que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (1 Timoteo 6:18), y a los corintios que den “cada uno según propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad” (2 Corintios 9:7).

Lo que puedes hacer hoy

Este tema no se resuelve con una opinión sobre los ricos en general, se resuelve con un examen del propio caso. Responde por escrito tres preguntas: cómo obtuve lo que tengo, en qué se apoya mi seguridad cuando algo se complica y quién se ha beneficiado de mis recursos este año.

Después haz una sola cosa concreta esta semana. Si hay un pago pendiente, hazlo antes de que se ponga el sol otra vez (Deuteronomio 24:15). Si hay alguien a tu alcance que no puede devolverte nada, dale algo sin contarlo (Mateo 6:3). Y si tu paz depende de un saldo, dilo delante de Dios con esas palabras exactas.

Te dejo una pregunta para esta semana. Si Dios te pidiera hoy lo que le pidió al joven rico, ¿qué te costaría más soltar, y qué dice eso sobre dónde está puesto tu corazón? Comparte este estudio con alguien que carga culpa por prosperar o resentimiento por no lograrlo.

Sigue estudiando: continúa con La codicia y el amor al dinero: qué dice la Biblia y con Mayordomía bíblica del dinero: cómo administrar lo que Dios te confía

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