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La Trinidad en el Antiguo Testamento

agosto 7, 2026
La Trinidad en el Antiguo Testamento

La Trinidad en el Antiguo Testamento no aparece como doctrina formulada, sino como una serie de pistas que solo se leen completas a la luz del Nuevo. Los textos hebreos afirman con toda su fuerza que hay un solo Dios, y al mismo tiempo dejan puertas abiertas: plurales inesperados, un Ángel que habla como Dios y recibe adoración, y un Espíritu al que se puede entristecer. Conviene mirarlos sin forzarlos.

El Antiguo Testamento enseña la Trinidad

¿El Antiguo Testamento enseña la Trinidad?

El Antiguo Testamento no expone la Trinidad como enseñanza explícita; deja indicios de pluralidad dentro de un monoteísmo cerrado. Ningún israelita habría descrito a Dios en tres personas leyendo solo sus Escrituras, y decir lo contrario es prometer más de lo que el texto entrega.

Lo primero que hay que asentar es el suelo, porque sin él las pistas se malinterpretan. La confesión central de Israel, el Shemá, dice: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4). Moisés se la entrega a un pueblo que salía de Egipto, con sus cientos de dioses, y entraba a Canaán, donde cada ciudad tenía su deidad local. Era una frase de identidad frente a los vecinos.

Dios lo repite por boca de Isaías con una exclusividad que no deja rendijas: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí” (Isaías 45:5). Y antes había dicho algo más tajante todavía: “antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí” (Isaías 43:10). Cualquier lectura que termine en varios dioses ya se rompió contra estos textos.

Sobre ese suelo aparecen los indicios. No son pruebas cerradas y no hace falta que lo sean; son datos que quedan raros dentro de un monoteísmo simple y encajan sin esfuerzo cuando llega el Nuevo Testamento. El argumento completo lo desarrollé en el estudio sobre si es bíblica la Trinidad.

Por qué Dios dice hagamos al hombre a nuestra imagen

¿Por qué Dios dice “hagamos al hombre a nuestra imagen”?

En el sexto día de la creación ocurre un cambio de número que rompe el patrón de todo el capítulo. Durante Génesis 1 Dios habla en singular, “sea la luz”, “produzca la tierra”. Y de pronto: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26). En el versículo siguiente el narrador vuelve al singular: “y creó Dios al hombre a su imagen”.

El fenómeno reaparece dos veces más en los primeros capítulos. Después de la caída: “he aquí el hombre es como uno de nosotros” (Génesis 3:22). Y en Babel: “descendamos, y confundamos allí su lengua” (Génesis 11:7). Siglos más tarde, en el llamado del profeta, la voz usa las dos formas en un solo renglón: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (Isaías 6:8).

Las explicaciones alternativas y qué tan sólidas son

Seamos honestos, porque existen lecturas distintas y hay que pesarlas. La primera dice que es un plural mayestático, la forma en que un rey se refiere a sí mismo. Su dificultad es que ese uso no está documentado en el hebreo antiguo de esa época; aparece mucho después en otras lenguas.

La segunda dice que Dios habla con su corte de ángeles. Tiene un problema mayor: el hombre no fue creado a imagen de los ángeles. El versículo 27 corrige cualquier ambigüedad al aclarar que “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó”, en singular y sin compañía.

Lo prudente es hablar de una puerta que el texto deja abierta y que el Nuevo Testamento después atraviesa, no de una demostración. Un indicio bien presentado convence más que una prueba exagerada.

Elohim y la palabra ejad

Algo parecido ocurre con elohim, el nombre para Dios que aparece más de dos mil quinientas veces en el Antiguo Testamento. Es gramaticalmente plural y, sin embargo, casi siempre rige verbos en singular; el primer versículo de la Biblia dice literalmente “en el principio Elohim creó”, con el sujeto en plural y el verbo en singular. Es llamativo, no concluyente.

Y está la palabra traducida “uno” en el Shemá, ejad. Es la misma que Génesis 2:24 usa cuando el hombre y la mujer “serán una sola carne”, y la que Números 13:23 usa para “un solo racimo” de uvas traído de Canaán. Ejad puede nombrar una unidad compuesta. Eso no prueba la Trinidad; muestra que el vocabulario hebreo de la unidad de Dios no excluye la complejidad interna.

¿Quién es el Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento?

El Ángel de Jehová es una figura que el texto presenta como enviado de Dios y que, sin embargo, habla como Dios, se identifica con su nombre y recibe adoración sin corregir a nadie. Es el indicio más difícil de explicar sin alguna clase de pluralidad.

La escena más conocida es la zarza. Moisés lleva cuarenta años pastoreando en Madián cuando “se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza”. Dos versículos después ese mismo Ángel dice: “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob”. Y Moisés “cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3:2-6). El narrador lo llama Ángel y lo trata como Dios en el mismo párrafo.

Y llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve.

Génesis 16:13 (RV1960)

Esa frase es de Agar, una esclava egipcia embarazada y huida en el desierto, la primera persona en toda la Biblia que le pone un nombre a Dios. Había estado hablando con el Ángel de Jehová, y al terminar la conversación concluye que habló con Dios mismo. Nadie en el relato la corrige.

El patrón se repite. Jacob, ya anciano, bendice a los hijos de José y nombra en una sola oración a “el Dios en cuya presencia anduvieron mis padres” y “el Ángel que me liberta de todo mal” (Génesis 48:15-16), pidiéndole a ese Ángel que bendiga a los muchachos. Y los padres de Sansón, después de recibir la visita, concluyen aterrados: “Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto” (Jueces 13:22).

Un enviado que es distinto de Dios y a la vez habla como Dios: ese es el dato bruto. Muchos intérpretes cristianos lo han leído como apariciones del Hijo antes de la encarnación, y el detalle que apoya esa lectura es que el Ángel de Jehová deja de aparecer con ese nombre después de Belén. La deidad de Cristo la trabajé texto por texto en dónde dice la Biblia que Jesús es Dios.

Qué pasajes del Antiguo Testamento mencionan a más de una persona

¿Qué pasajes del Antiguo Testamento mencionan a más de una persona?

Hay pasajes donde el texto hebreo pone a dos o tres sujetos en la misma escena, cada uno con nombre o función propia. No son adornos poéticos: son frases que quedan incómodas si Dios es una sola persona.

El caso más comprimido está en Isaías, donde el que habla dice: “Y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu” (Isaías 48:16). Cuenta los sujetos de esa frase corta: el que es enviado, Jehová que lo envía y el Espíritu. Tres, en un renglón, ocho siglos antes de que nadie discutiera vocabulario teológico.

El segundo es un salmo que Jesús mismo usó para dejar callados a sus adversarios: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmo 110:1). David, el rey más grande de Israel, llama Señor a alguien que se sienta a la diestra de Jehová. Jesús preguntó a los fariseos cómo podía David llamar Señor a su propio descendiente (Mateo 22:41-45), y nadie supo responder.

El tercero está en el Salmo 45, un cántico de bodas reales donde el poeta se dirige al rey y le dice: “Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre… por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo” (Salmo 45:6-7). Alguien llamado Dios es ungido por su Dios. El autor de Hebreos citó ese pasaje para hablar del Hijo (Hebreos 1:8-9).

Aparece el Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

¿Aparece el Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

Sí, y aparece desde el segundo versículo de la Biblia: “y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:2). No es una mención aislada; el Espíritu recorre toda la historia de Israel con funciones concretas y con rasgos que no encajan en una energía impersonal.

Viene sobre artesanos para darles habilidad: Dios llena a Bezaleel “de Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia” para construir el tabernáculo (Éxodo 31:3). Viene sobre jueces y reyes para tareas puntuales, y se aparta cuando el encargo termina o cuando el hombre se corrompe, como en el caso de Saúl (1 Samuel 16:14).

Y hay un texto donde el Espíritu tiene emociones. Isaías repasa la historia del éxodo y escribe: “Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo Espíritu” (Isaías 63:10). Enojarse por una traición es reacción de alguien, no comportamiento de una fuerza. David pide lo mismo en negativo después del episodio con Betsabé: “no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmo 51:11). Ese punto lo desarrollé completo en ¿el Espíritu Santo es una persona o una fuerza?

Preguntas frecuentes sobre la Trinidad en el Antiguo Testamento

¿Los judíos del Antiguo Testamento creían en la Trinidad?

No. Su fe era un monoteísmo estricto, recitado dos veces al día con el Shemá, y no formularon nada parecido a tres personas en un solo Dios. Lo que sí hicieron algunos escritos judíos posteriores fue explorar figuras intermedias como la Sabiduría personificada de Proverbios 8 o la Palabra de Dios como agente propio. Esas categorías existían en su mundo, y el Nuevo Testamento las retoma cuando Juan llama Verbo a Jesús.

¿Las tres visitas de Génesis 18 son la Trinidad?

Los tres varones que visitan a Abraham en el encinar de Mamre se han leído a veces como una aparición de las tres personas, pero el texto no lo permite. El propio relato identifica a uno de ellos con Jehová y a los otros dos como ángeles que después van a Sodoma (Génesis 18:22; 19:1). Es un pasaje que sí muestra a Dios apareciendo en forma humana, lo cual ya es notable, pero no una escena trinitaria.

¿Por qué Dios no reveló la Trinidad desde el principio?

La Escritura describe una revelación por etapas: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2). Israel estaba rodeado de politeísmo, y lo urgente era grabar que hay un solo Dios. La pluralidad interna se hizo visible cuando el Hijo se presentó en persona y envió al Espíritu.

Lo que puedes hacer hoy

Toma tu Biblia esta semana y lee cuatro pasajes seguidos, en este orden: Génesis 1:26, Éxodo 3:2-6, Salmo 110:1 e Isaías 48:16. Anota al lado de cada uno cuántos sujetos aparecen y qué hace cada uno. Son quince minutos y vas a ver el patrón con tus propios ojos en lugar de recibirlo resumido.

Y ponte una regla al conversar del tema: presenta estos textos como indicios, no como pruebas. Quien exagera un argumento pierde credibilidad para los que sí son sólidos, y en una conversación de puerta esa credibilidad es lo único que tienes.

Te dejo una pregunta para pensar estos días. Si tú hubieras vivido en tiempos de Isaías, con esos textos y nada más, ¿qué habrías entendido sobre Dios? Si este estudio te aclaró algo, compártelo con alguien que esté leyendo el Antiguo Testamento por primera vez.

Sigue estudiando: continúa con ¿Es bíblica la Trinidad? y con por qué fallan las analogías de la Trinidad.