
Las objeciones a la deidad de Jesús casi siempre se apoyan en tres pasajes concretos: Juan 14:28 («el Padre mayor es que yo»), Marcos 13:32 («ni el Hijo» sabe el día ni la hora) y Colosenses 1:15 («el primogénito de toda creación»). Son textos que existen, están en la Biblia y hay que responderlos sin rodeos. La respuesta corta es que los tres describen a Jesús en su condición de hombre o en su posición de autoridad, no en su naturaleza. Vamos uno por uno con el contexto y el griego.

¿Por qué existen objeciones a la deidad de Jesús si la Biblia dice que es Dios?
Porque el Nuevo Testamento afirma dos cosas a la vez sobre Jesús, y quien toma solo una de las dos termina con un retrato incompleto. Afirma que es Dios, y afirma que se hizo hombre: «Y aquel Verbo fue hecho carne» (Juan 1:14).
Esa segunda parte tiene consecuencias que aparecen en los evangelios sin ningún disimulo. Jesús tuvo hambre, se cansó, durmió, lloró, oró y murió. Ninguna de esas cosas le pasa a Dios en su naturaleza; todas le pasan a un hombre. Los pasajes que se usan como objeción describen precisamente ese lado.
La clave para leerlos está en Filipenses 2:6-7, donde Pablo explica el mecanismo: Cristo, «siendo en forma de Dios», «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres». No dejó de ser Dios; asumió una condición en la que podía ignorar, obedecer y sufrir.
Juan 14:28: «el Padre mayor es que yo»
Esta es la objeción más citada de todas. En el aposento alto, la noche antes de morir, Jesús les dice a los discípulos que se va y que volverá, y añade: «si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo» (Juan 14:28).
La palabra griega que usa es meizon, que indica mayor en posición, no mayor en naturaleza. El griego tenía otra palabra disponible para decir «mejor» en el sentido de calidad o esencia (kreitton), y Jesús no la usó. Un presidente es mayor en posición que un ciudadano, y los dos son igual de humanos.
El contexto lo confirma: Jesús está hablando de irse al Padre. Está comparando su situación de ese momento (un hombre a punto de ser crucificado, en la tierra, en obediencia) con la del Padre en gloria. Hebreos 2:9 describe esa misma condición temporal: Jesús fue hecho «un poco menor que los ángeles… por el padecimiento de la muerte».
Y hay un detalle que suele omitirse: cinco capítulos antes, en ese mismo evangelio, Jesús había dicho «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30), y sus oyentes tomaron piedras por entenderlo como un reclamo de ser Dios. El mismo autor registra las dos frases sin ver contradicción entre ellas.

Marcos 13:32: «ni el Hijo» sabe el día ni la hora
La objeción aquí es directa: si Jesús es Dios, y Dios lo sabe todo, ¿cómo puede desconocer la fecha de su propia venida? El texto dice:
Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
Marcos 13:32 (RV1960)
La respuesta está en la misma lógica del despojo de Filipenses 2. Al hacerse hombre, Jesús aceptó vivir dentro de los límites de una vida humana y actuar desde lo que el Padre le revelaba, no desde su conocimiento como Dios. Lucas lo dice del niño Jesús con toda naturalidad: «crecía en sabiduría y en estatura» (Lucas 2:52). Alguien que crece en sabiduría es alguien que en algún momento sabía menos.
Fíjate además en el orden de la lista: hombres, ángeles, el Hijo, el Padre. Jesús se coloca por encima de los ángeles y en una categoría aparte, junto al Padre. Si el propósito fuera negar su deidad, ponerlo en la escala inmediatamente debajo del Padre y por encima de toda criatura sería una forma extraña de hacerlo.
El punto del pasaje tampoco es doctrinal, sino práctico: como nadie tiene la fecha, la orden es estar despiertos. «Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo» (Marcos 13:33).
Colosenses 1:15: «el primogénito de toda creación»
Esta objeción sostiene que «primogénito» significa que Jesús fue la primera criatura que Dios hizo. Es la posición que defendió Arrio en el siglo IV y la que hoy sostienen los testigos de Jehová.
La palabra griega es prototokos, de protos (primero) y tikto (dar a luz). Tiene dos usos, y el segundo es el que aplica aquí: además del hijo mayor, designa al heredero, al que tiene el rango y la preeminencia, sin importar el orden de nacimiento.
La prueba está en el Salmo 89 y en el versículo siguiente
El caso más claro del uso de prototokos como rango está en el Salmo 89:27, donde Dios dice de David: «Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra». David fue el menor de ocho hermanos (1 Samuel 16:10-11). Llamarlo primogénito no habla de su nacimiento, sino de su posición.
Y el propio Pablo cierra la discusión en el versículo siguiente al que se cita como objeción: «Porque en él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él» (Colosenses 1:16). Si absolutamente todo lo creado fue hecho por medio de Jesús, él no puede estar dentro de esa lista. Quien crea todo no forma parte de todo.
Tres capítulos más adelante Pablo lo remata: «en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (Colosenses 2:9). Una criatura no contiene la plenitud de Dios.

Apocalipsis 3:14: «el principio de la creación de Dios»
En la carta a la iglesia de Laodicea, Jesús se presenta como «el principio de la creación de Dios» (Apocalipsis 3:14). La objeción lee eso como «el primero que Dios creó».
La palabra griega es arche, y de ella vienen en español «arquitecto» y «monarca». Significa origen, principio activo, autoridad que gobierna, no «primer elemento de una serie». Un monarca no es el primer ciudadano del país: es quien lo rige.
El mismo libro lo confirma dos capítulos antes, cuando Jesús se llama «el Alfa y la Omega, el principio y el fin» (Apocalipsis 1:8), un título que en Isaías 44:6 pronuncia Dios sobre sí mismo: «Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios». Quien toma para sí ese título no se está presentando como criatura.
1 Corintios 15:28: «el Hijo mismo se sujetará»
Pablo escribe que al final «también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos» (1 Corintios 15:28). Si el Hijo se sujeta, dice la objeción, es inferior.
La sujeción habla de función y orden, no de naturaleza. El mismo Pablo aplica ese principio entre personas de igual valor: pide sujeción mutua «unos a otros en el temor de Dios» (Efesios 5:21), sin que nadie valga menos por eso.
Y hay un detalle en el contexto que suele saltarse: el pasaje describe al Hijo entregando un reino que él conquistó, después de haber destruido «todo dominio, toda autoridad y potencia» y puesto la muerte bajo sus pies (1 Corintios 15:24-26). Es la escena de alguien con poder sobre la muerte, no la de un subordinado menor.

Otras objeciones frecuentes y su contexto
Hay tres textos más que aparecen con regularidad en esta discusión, y ninguno resiste una lectura con el contexto delante.
«¿Por qué me llamas bueno?» (Marcos 10:18). Jesús le pregunta esto al joven rico, que acababa de llamarlo «Maestro bueno», y añade: «Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios». No está negando ser bueno. Le está poniendo al joven una pregunta para que examine lo que acaba de decir: si solo Dios es bueno y tú me llamas bueno, ¿sabes a quién le estás hablando?
«Subo a mi Dios y a vuestro Dios» (Juan 20:17). Jesús marca una distinción: no dice «a nuestro Dios». Su relación con el Padre y la de los discípulos no son la misma. Y ocurre en el mismo capítulo donde, once versículos más adelante, acepta que Tomás lo llame «Dios mío» (Juan 20:28).
«El Hijo no puede hacer nada por sí mismo» (Juan 5:19). El versículo termina diciendo que «todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente». Y el contexto de ese capítulo es que los judíos «procuraban matarle, porque… decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios» (Juan 5:18).
Preguntas frecuentes sobre las objeciones a la deidad de Jesús
¿Cómo responder a un testigo de Jehová sobre la deidad de Jesús?
Con el contexto inmediato de cada texto que citan, y sin salirte de él. En Colosenses 1:15, lee el versículo 16 en voz alta: si todo fue creado por medio de Jesús, él no está entre lo creado. En Juan 1:1, pídeles que apliquen su propia regla del artículo a Juan 1:6, donde theos también va sin artículo y se refiere al Padre. La conversación cambia cuando se lee el párrafo completo en lugar de la frase suelta.
¿Jesús dejó de ser Dios cuando se hizo hombre?
No. Filipenses 2:7 dice que «se despojó a sí mismo», y lo que sigue explica de qué: tomó forma de siervo. No renunció a su naturaleza, sino al uso independiente de sus prerrogativas y a la gloria que tenía «antes que el mundo fuese» (Juan 17:5). Por eso durante su ministerio perdonó pecados, calmó tormentas y recibió adoración.
¿Por qué Jesús decía que hacía la voluntad del Padre y no la suya?
Porque vino con una misión que consistía justamente en obedecer hasta la cruz. «He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Juan 6:38). Obedecer no implica ser menor: implica que dos personas distintas comparten un mismo propósito y una de ellas lo ejecuta. En Getsemaní se ve el precio de esa obediencia, y también que había una voluntad propia que sujetó: «no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42).
¿Qué pasajes prueban que Jesús es Dios?
Los más directos son Juan 20:28, donde Tomás lo llama «Señor mío, y Dios mío» y Jesús no lo corrige, y Hebreos 1:8, donde el Padre le dice al Hijo «Tu trono, oh Dios». La lista completa con el griego y el contexto de cada uno está en dónde dice la Biblia que Jesús es Dios.
Lo que puedes hacer hoy
La regla que resuelve casi todas estas objeciones cabe en una línea: cuando un pasaje muestre a Jesús limitado, pregúntate si describe su naturaleza o su condición de hombre en la tierra. Casi siempre será lo segundo, y el propio contexto te lo dirá en los versículos vecinos.
Conviene también notar el patrón: ninguna de estas objeciones se apoya en un texto donde alguien niegue que Jesús sea Dios. Todas se apoyan en textos donde Jesús aparece obedeciendo, ignorando algo o sujetándose, que es exactamente lo que el Nuevo Testamento anuncia que iba a pasar cuando el Verbo se hiciera carne.
Esta semana toma Juan 5 y léelo entero. Ahí están juntas, en el mismo capítulo, la frase que se usa como objeción (v. 19) y la razón por la que querían matarlo (v. 18). Leer el capítulo completo es lo que hace la diferencia.
Si el estudio te ayudó, compártelo con alguien que esté enfrentando estas preguntas. Y sigue el clúster: ¿El Concilio de Nicea inventó que Jesús es Dios? y ¿Es bíblica la Trinidad?.
