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Señales del fin del mundo según la Biblia

agosto 7, 2026
Señales del fin del mundo según la Biblia

Las señales del fin del mundo según la Biblia están agrupadas sobre todo en un discurso de Jesús, el de Mateo 24, e incluyen el engaño religioso, las guerras, el hambre, los terremotos, la persecución, el enfriamiento del amor y la predicación del evangelio a todas las naciones. Ese mismo discurso aclara cuáles de ellas no significan que llegó el final.

Ese matiz es el que casi nunca se predica y el que evita la mayoría de los sustos. Jesús enumeró señales y en la misma conversación puso un freno explícito al cálculo de fechas y a los anuncios de última hora.

Aquí tienes el discurso completo, señal por señal, con lo que cada una significaba para quien la escuchó por primera vez, el historial de predicciones fallidas del último siglo y el criterio que el propio texto da para distinguir un anuncio serio de uno sensacionalista.

Cuáles son las señales del fin del mundo según la Biblia

¿Cuáles son las señales del fin del mundo según la Biblia?

El listado principal está en el discurso que Jesús pronunció en el monte de los Olivos, recogido en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21. Estas son las señales que él mismo enumeró:

  • Falsos cristos y falsos profetas que engañarán a muchos (Mateo 24:5, 11).
  • Guerras y rumores de guerras, nación contra nación y reino contra reino (Mateo 24:6-7).
  • Hambres, pestes y terremotos en distintos lugares (Mateo 24:7).
  • Persecución, muerte y odio de todas las naciones contra los discípulos (Mateo 24:9).
  • Traición y odio dentro del propio grupo de creyentes (Mateo 24:10).
  • El amor de muchos que se enfría por la multiplicación de la maldad (Mateo 24:12).
  • El evangelio del reino predicado en todo el mundo (Mateo 24:14).
  • La abominación desoladora anunciada por Daniel, puesta en el lugar santo (Mateo 24:15).
  • Señales en el sol, la luna y las estrellas, y después la aparición del Hijo del Hombre (Mateo 24:29-30).

La lista tiene un orden y un comentario del propio Jesús sobre cómo interpretarla. Ese comentario es lo que separa la lectura sana de la alarmista, y está en los versículos que suelen quedarse fuera de las citas.

¿Qué preguntaron los discípulos en Mateo 24?

Hicieron tres preguntas a la vez, y por eso el discurso mezcla dos horizontes. Salían del templo, los discípulos le mostraron a Jesús la grandeza de los edificios y él respondió que no quedaría “piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:2). Sentados después en el monte de los Olivos, le preguntaron cuándo sería eso, qué señal habría de su venida y del fin del siglo (Mateo 24:3).

Para ellos, la destrucción del templo y el fin del mundo eran el mismo acontecimiento. El templo de Herodes era el centro de la vida religiosa, política y económica de Israel: imaginar su caída equivalía a imaginar el final de todo. Jesús responde a las tres preguntas sin separarlas con etiquetas.

Ese detalle explica por qué los intérpretes discuten qué parte del discurso se cumplió en el año 70, cuando las legiones de Tito destruyeron Jerusalén y el templo, y qué parte queda pendiente. Lo primero que Jesús respondió, sin embargo, no fue una fecha ni una señal: fue una advertencia.

Las señales que Jesús dijo que todavía no son el fin

Las señales que Jesús dijo que todavía no son el fin

Las guerras, las hambres y los terremotos son, según el propio Jesús, lo que no indica que el final llegó. Es la aclaración más ignorada del discurso y está escrita sin ambigüedad.

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Mateo 24:6 (RV1960)

Dos verbos mandan en esa frase. “No os turbéis” es una orden, no una sugerencia, y va dirigida precisamente a quien está viendo el noticiero. “Aún no es el fin” cierra la puerta a la deducción automática entre conflicto internacional y regreso de Cristo.

Y todavía las califica de otra manera: “Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:8). La expresión griega alude a los dolores de parto. Un parto empieza mucho antes de que nazca el niño, y las primeras contracciones no dicen la hora. Jesús clasifica guerras, hambres y terremotos como el comienzo del proceso, no como su desenlace.

Lo primero que él señaló fue algo distinto: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4). El primer peligro del final, en su discurso, no es la guerra ni el terremoto. Es el engaño religioso, y viene en boca de gente que usa su nombre.

La parábola de la higuera y lo que sí se puede observar

Que no haya fecha no significa que no haya nada que observar. Jesús lo explicó con una imagen agrícola: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca” (Mateo 24:32).

Mide bien lo que promete la comparación. Un campesino que ve brotar las hojas sabe que llega el verano; no sabe el día en que empieza. La higuera permite reconocer una temporada, nunca una fecha en el calendario. Cualquier lectura que saque un año concreto de esa parábola está pidiéndole al texto algo que el texto no da.

Hay además una señal del discurso que es medible y que rara vez aparece en las listas alarmistas: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Es la única condición que Jesús vincula con un “entonces”, y es una tarea encargada a la iglesia, no un desastre que se le viene encima.

Se puede saber la fecha del fin del mundo

¿Se puede saber la fecha del fin del mundo?

No, y el Nuevo Testamento lo dice dos veces con palabras de Jesús. “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24:36). Fíjate en la escala: no dice que el dato sea difícil de calcular, dice que no lo tienen ni los ángeles.

Y el versículo está colocado justo después de la lista de señales. El mismo discurso que enumera guerras, hambres y terremotos cierra la puerta al cálculo, en la frase siguiente. Quien usa Mateo 24 para anunciar un año está citando la primera mitad del capítulo y saltándose la segunda.

La segunda ocasión es todavía más directa, porque la pregunta se la hacen a Jesús resucitado, en su último diálogo antes de ascender. Los discípulos quisieron saber si en ese tiempo restauraría el reino a Israel, y él respondió: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7).

Lo que dijo a continuación reorienta toda la conversación: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos” (Hechos 1:8). A la pregunta por el cronograma respondió con una misión. La energía que ellos querían gastar en calcular, él la redirigió a testificar.

Las predicciones fallidas del fin del mundo

El historial de anuncios fallidos es largo, documentado y siempre igual, y conviene repasarlo antes de creerle al siguiente. Cada fracaso deja gente desilusionada, endeudada o avergonzada de haber creído, y muchos abandonan la fe por el desengaño.

La Primera Guerra Mundial se anunció como el final, sobre todo cuando en 1918 se peleó literalmente en el valle de Meguido. Se repitió el anuncio con la Segunda Guerra Mundial, con la creación del Estado de Israel en 1948, con la guerra de los Seis Días en 1967, con la crisis del petróleo de los setenta, con la Guerra del Golfo en 1991, con el cambio de milenio en el año 2000, con los atentados de 2001, con el calendario maya en 2012 y con cada eclipse bautizado como “luna de sangre”.

Ninguna de esas fechas resultó ser la anunciada. Y el método que las produjo sigue funcionando igual: se toma un acontecimiento del noticiero, se le busca un versículo que encaje, se anuncia con urgencia y se pasa a la siguiente crisis sin revisar el error anterior.

Cómo reconocer el sensacionalismo profético

Jesús dio un criterio práctico para descartar anuncios, y es sorprendentemente simple. Sobre los avisos secretos dijo: “si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis” (Mateo 24:26). Y explicó por qué: “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27).

Un relámpago no necesita que nadie te lo señale. Si alguien tiene que convencerte con un dato exclusivo, un cálculo que solo él maneja o una revelación que nadie más recibió, el criterio de Jesús ya te dijo qué hacer con esa información.

Pedro añadió el otro lado del cuadro. Describió a los burladores que se reirían de la tardanza preguntando “¿dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:4), y explicó la demora sin apuro: “El Señor no retarda su promesa… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El tiempo que pasa no es indiferencia, es margen para que más gente llegue.

Cómo debe prepararse un cristiano ante las señales del fin

¿Cómo debe prepararse un cristiano ante las señales del fin?

La preparación que la Biblia pide no es logística sino de conducta: velar y vivir en santidad. Pedro lo formuló como pregunta después de describir el día del Señor: “¿qué clase de personas debéis ser vosotros en santa manera de vivir y piedad?” (2 Pedro 3:11). No preguntó qué almacenar ni adónde mudarse.

Pablo va por el mismo camino en 1 Tesalonicenses 5. Dice que el día del Señor viene “así como ladrón en la noche” (v. 2) y, en lugar de proponer cálculos, concluye “velemos y seamos sobrios” (v. 6). Después describe una armadura sin una sola arma ofensiva: coraza de fe y de amor, y por yelmo la esperanza de salvación (v. 8).

Velar, en el vocabulario del Nuevo Testamento, no significa vivir asustado revisando titulares. El verbo griego gregoreo viene del mundo del centinela, el que se mantiene despierto en su puesto mientras los demás duermen. El centinela no entra en pánico; hace su turno atento.

Jesús mostró cómo se ve eso con una parábola muy concreta. Habló de dos siervos con el mismo amo ausente: uno sigue dando de comer a los demás siervos a su tiempo, y el otro dice “mi señor tarda en venir” y empieza a golpear a sus compañeros y a comer con los borrachos (Mateo 24:45-49). Los dos creían lo mismo sobre el regreso. Lo que los separó fue cómo trataron a la gente mientras tanto.

Y en el capítulo siguiente, al describir el juicio de las naciones, lo que separa a unos de otros no es haber acertado un cronograma profético sino comida, agua, ropa, visita y hospitalidad (Mateo 25:35-40). El examen del último día, en boca de Jesús, resultó ser sobre lo que hiciste con la gente que tenías cerca.

Preguntas frecuentes sobre las señales del fin del mundo

¿Estamos viviendo las señales del fin del mundo?

Nadie puede afirmarlo con certeza, y Jesús descartó el argumento que suele usarse para decirlo. Sobre las guerras y rumores de guerras mandó “no os turbéis” y aclaró “aún no es el fin”, llamándolas “principio de dolores” (Mateo 24:6-8). Las señales del discurso se han visto en todas las generaciones, y por eso el libro de Apocalipsis consoló a lectores de todos los siglos. Lo que la Biblia niega es la posibilidad de convertir esas señales en una fecha.

¿Cuántas señales del fin del mundo hay en Mateo 24?

El capítulo no las numera, y por eso las listas varían entre siete y doce según cómo se agrupen. El conjunto incluye falsos cristos, guerras, hambres, pestes, terremotos, persecución, traición entre creyentes, el amor que se enfría, el evangelio predicado en todo el mundo, la abominación desoladora y las señales en el sol, la luna y las estrellas. Lo importante no es el número sino la advertencia que las enmarca: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4).

¿La Biblia dice cuándo será el fin del mundo?

No. Jesús dijo que del día y la hora no saben ni los ángeles del cielo, sino sólo el Padre (Mateo 24:36), y a sus discípulos les respondió que no les tocaba saber los tiempos ni las sazones (Hechos 1:7). El Nuevo Testamento compara la venida con la llegada de un ladrón en la noche (1 Tesalonicenses 5:2), una imagen cuyo punto es justamente lo imprevisible del momento.

¿Las guerras actuales son señal del fin?

Están en la lista de Jesús, pero con una calificación explícita que suele omitirse: son “principio de dolores” y no significan que el fin llegó (Mateo 24:6-8). Cada gran conflicto del último siglo se anunció como el definitivo, desde 1918 hasta hoy, y ninguno lo fue. La guerra, en el discurso de Jesús, es lo que va a haber durante el proceso, no la campanada final.

Lo que puedes hacer hoy

Lee Mateo 24 completo de una sentada, sin comentarios ni videos, y subraya con un color las señales y con otro las advertencias de Jesús sobre cómo reaccionar. Vas a ver que las advertencias son casi tantas como las señales, y que ninguna de ellas te manda a calcular.

Después revisa tu dieta informativa de esta semana. Si hay una cuenta, un canal o un predicador que te deja con miedo cada vez que lo escuchas, y cuyo historial de anuncios ya falló varias veces, tienes permiso del texto para dejar de seguirlo.

Y llévate una pregunta para la semana: si el examen del último día resultó ser sobre comida, agua, ropa, visita y hospitalidad, ¿a quién de tu círculo cercano le corresponde tu próximo gesto? Ponle nombre y fecha. Si este estudio te sirvió, compártelo con alguien que ande asustado con las noticias.

Sigue estudiando: continúa con la batalla de Armagedón según la Biblia y con el rapto de la iglesia y cuándo ocurrirá.