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Tejido blando de dinosaurio en el T. rex

agosto 8, 2026
Tejido blando de dinosaurio en el T. rex

El tejido blando de dinosaurio hallado en un T. rex existe, y el hallazgo es real: en 2005 la paleontóloga Mary Schweitzer publicó en Science que dentro del fémur de un Tyrannosaurus rex había encontrado, tras disolver el mineral del hueso, estructuras transparentes y flexibles con aspecto de vasos sanguíneos. Lo que no es exacto es la versión que circula: no se encontró carne fresca ni sangre líquida.

Este estudio explica qué se encontró exactamente, qué dicen los análisis posteriores, cómo se usa el dato en el debate sobre la edad de la tierra y qué responde la propia investigadora que lo descubrió.

¿Qué encontró Mary Schweitzer en el fémur del T. rex?

¿Qué encontró Mary Schweitzer en el fémur del T. rex?

Schweitzer y su equipo hallaron microestructuras flexibles dentro de un hueso desmineralizado, no tejido fresco. El fósil es el ejemplar catalogado como MOR 1125, un Tyrannosaurus rex extraído de la formación Hell Creek, en Montana, cuyo fémur se partió durante el traslado en helicóptero. Ese accidente fue lo que permitió mirar dentro.

Qué se publicó en 2005 y qué no

El equipo aplicó una solución ácida suave que disuelve el mineral del hueso y deja lo demás. Lo que quedó fueron estructuras transparentes, huecas y ramificadas con forma de vasos sanguíneos, y estructuras microscópicas parecidas a osteocitos, las células que habitan el hueso.

Conviene precisar tres cosas, porque el hallazgo circula muy deformado. No se encontró carne. No se encontró sangre. Y no se encontró ADN de dinosaurio: hasta hoy nadie ha secuenciado genoma alguno de un dinosaurio no aviano, y el ADN es una molécula bastante menos resistente que el colágeno.

El colágeno y los análisis de 2007 y 2009

Dos años después, en 2007, el mismo grupo publicó análisis por espectrometría de masas que detectaron secuencias cortas de colágeno tipo I en concentraciones muy bajas. El resultado más comentado fue el parecido de esas secuencias con el colágeno de aves, lo cual encajaba con el parentesco entre dinosaurios terópodos y aves ya establecido por la anatomía.

En 2009 se repitió el ejercicio con un Brachylophosaurus canadensis, un hadrosaurio, con resultados en la misma línea y con controles más estrictos. Antes de todo eso, en 1997, el grupo ya había reportado compuestos compatibles con hemo, un componente de la hemoglobina, en restos de T. rex. Ese fue el antecedente que llevó a mirar más de cerca.

¿Es posible que se conserve tejido blando 66 millones de años?

¿Es posible que se conserve tejido blando 66 millones de años?

Esa es la pregunta que abrió el hallazgo, y la respuesta del campo no fue negarlo, sino buscar el mecanismo. Hoy la explicación más aceptada es la reticulación por hierro, publicada por el propio grupo de Schweitzer en 2013.

La hipótesis del hierro como fijador

La idea es la siguiente. Al morir el animal, la hemoglobina de la sangre libera hierro. Ese hierro genera radicales libres que forman enlaces cruzados entre las proteínas y las endurecen, estabilizándolas de forma parecida a como el formaldehído conserva un tejido en un frasco de laboratorio.

El grupo puso a prueba la idea con un experimento sencillo: sumergieron vasos sanguíneos de avestruz en una solución rica en hierro procedente de hemoglobina. Las muestras tratadas seguían reconocibles después de dos años a temperatura ambiente; las muestras de control, sin hierro, se degradaron en pocos días. No es una demostración de 66 millones de años, pero muestra que el mecanismo funciona en la dirección propuesta.

A eso se suman las condiciones de enterramiento. Los huesos que han dado estos resultados provienen sobre todo de areniscas porosas, con drenaje rápido y poca actividad microbiana, y con frecuencia estaban en el interior del hueso, protegidos del ambiente por la propia estructura mineral.

La objeción de las biopelículas y la contaminación

No todo el campo aceptó el hallazgo sin discusión, y esa parte también hay que contarla. Un grupo encabezado por Thomas Kaye propuso en 2008 que algunas de esas estructuras podrían ser biopelículas bacterianas modernas: colonias que crecieron dentro de los canales del hueso y copiaron su forma, imitando vasos sanguíneos.

Otra objeción, planteada por Mike Buckley y colaboradores, señaló que las secuencias peptídicas atribuidas al T. rex coincidían con colágeno de avestruz, animal que se manipulaba en el mismo laboratorio, y que no se podía descartar la contaminación cruzada.

Schweitzer respondió con análisis inmunológicos: anticuerpos contra colágeno aviar reaccionaron con el material del fósil, algo que no se espera de una biopelícula bacteriana. Los estudios posteriores, con protocolos anticontaminación más estrictos, siguieron detectando péptidos. El resultado neto es que hoy la mayoría del campo acepta que hay preservación de proteína en algunos fósiles, y que el debate continúa sobre casos concretos.

¿Prueba el tejido blando que la tierra es joven?

¿Prueba el tejido blando que la tierra es joven?

El argumento de tierra joven a partir de este hallazgo es directo: las proteínas se degradan, los cálculos de laboratorio dan vidas medias de miles o cientos de miles de años, y si queda colágeno entonces esos huesos no pueden tener 66 millones de años. La respuesta honesta es que el hallazgo plantea una pregunta legítima, pero no equivale a una demostración.

Hay tres razones para no dar el salto. La primera, que los cálculos de degradación se hacen en condiciones de laboratorio que no incluyen la reticulación por hierro ni el aislamiento dentro de un hueso enterrado en arenisca seca. Un mecanismo desconocido no equivale a un mecanismo imposible.

La segunda, que la edad de esas rocas no se calcula por las proteínas. Se calcula con dataciones radiométricas de capas volcánicas, con la posición estratigráfica y con la fauna asociada, tres líneas independientes que habría que refutar por separado. Un dato anómalo no derriba tres métodos que coinciden; obliga a explicar el dato.

La tercera es la más incómoda para quien usa este argumento: Mary Schweitzer es cristiana practicante y ha declarado públicamente que sus hallazgos no respaldan una tierra joven, y que le molesta ver su trabajo citado con ese fin. Usar a una investigadora para sostener lo contrario de lo que ella sostiene no es un argumento; es un error de método. La discusión de fondo está desarrollada en el estudio sobre cuántos años tiene la tierra según la Biblia.

Lo justo es decirlo así: el hallazgo es real, es extraordinario y todavía se está investigando; y también es real que no demuestra que los huesos sean recientes. Sostener cualquiera de las dos cosas de forma tajante es ir más allá de lo publicado.

Cómo pesar la evidencia sin torcerla

Cómo pesar la evidencia sin torcerla

La Escritura pide examinar antes de aceptar, y lo pide con una instrucción corta que Pablo dio a la iglesia de Tesalónica, gente joven en la fe rodeada de mensajes contradictorios: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). El verbo griego dokimázo es el que se usaba para comprobar la ley de un metal.

Proverbios dice lo mismo con más filo: “el simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos” (Proverbios 14:15). Salomón no está elogiando la desconfianza, está describiendo la diferencia entre repetir y verificar. Aplicado a este tema, significa leer el artículo original antes de compartir el titular.

Y hay un pasaje que apunta directo a la tentación de este debate. Job se lo dijo a sus amigos, que llevaban capítulos defendiendo a Dios con argumentos que no se sostenían.

¿Hablaréis iniquidad por Dios? ¿Hablaréis por él engaño? ¿Haréis acepción de personas a su favor? ¿Contenderéis vosotros por Dios?

Job 13:7-8 (RV1960)

Elifaz, Bildad y Zofar tenían las mejores intenciones. Estaban defendiendo a Dios. Y cuando Dios habla al final del libro, se enoja con ellos y no con Job, “porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job” (Job 42:7). Defender a Dios con datos torcidos no cuenta como defenderlo.

Proverbios 12:22 lo cierra sin excepciones: “los labios mentirosos son abominación a Jehová”. No dice “salvo cuando exageras para defender la fe”. Y hay además una razón práctica: la evidencia estirada siempre se cae, y cuando se cae arrastra la credibilidad de todo lo demás que dijiste.

Por eso conviene escuchar a los dos lados antes de opinar. “Justo parece el primero que aboga por su causa; pero viene su adversario, y le descubre” (Proverbios 18:17). Si solo has leído el titular de un lado, todavía no conoces el caso.

Lo que este hallazgo no toca

Ningún resultado de laboratorio sobre un fémur de Montana modifica lo que la fe cristiana afirma. La fe no descansa sobre la fecha de un fósil, sino sobre un hecho histórico: que Jesús murió y resucitó. Pablo lo dijo a una iglesia, la de Corinto, donde algunos ya negaban la resurrección de los muertos.

“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Corintios 15:14). Fíjate en lo que no dijo. No dijo que la fe dependiera de la vida media del colágeno ni de la duración de los días de Génesis. Señaló la resurrección, y solo la resurrección.

Eso libera de dos cargas a la vez. Si te enseñaron que aceptar la datación estándar es negar la Biblia, te pusieron un peso que el texto no te pone. Y si crees que quien sostiene una tierra joven es un ignorante, estás juzgando por una conclusión secundaria a hermanos que confiesan lo mismo que tú sobre Cristo.

Moisés dejó espacio para lo que no sabemos: “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre” (Deuteronomio 29:29). Cómo se conservó una proteína dentro de un hueso enterrado está entre las cosas que seguimos investigando. Quién es Jesús no está en esa lista.

Preguntas frecuentes sobre el tejido blando de dinosaurio

¿Se encontró sangre de dinosaurio?

No en el sentido que sugiere la frase. Lo que se halló fueron estructuras huecas con forma de vasos sanguíneos y compuestos compatibles con hemo, un componente de la hemoglobina, reportados en 1997. No hay sangre líquida ni glóbulos funcionales, y tampoco material que permita clonar nada. La imagen de una jeringa extrayendo sangre de un fósil pertenece al cine, no a los artículos publicados.

¿Se ha encontrado tejido blando en otros dinosaurios?

Sí. Después del T. rex MOR 1125 se reportaron resultados semejantes en un Brachylophosaurus canadensis en 2009, y en años posteriores en otros fósiles, incluidas estructuras interpretadas como restos celulares en huesos del Jurásico y en material aún más antiguo. La preservación molecular en fósiles se convirtió en un área de investigación activa, con métodos cada vez más exigentes contra la contaminación.

¿Se puede clonar un dinosaurio con ese tejido?

No. Clonar exige ADN completo y funcional, y lo que se ha recuperado son proteínas fragmentadas, sobre todo colágeno, que no contienen la información del genoma. El ADN se degrada mucho más rápido que el colágeno; las secuencias más antiguas recuperadas hasta ahora provienen de restos de uno o dos millones de años conservados en permafrost, muy lejos de los 66 millones de años del Cretácico.

¿Qué opina Mary Schweitzer sobre el uso creacionista de su trabajo?

Ella es cristiana practicante y ha manifestado en varias entrevistas que sus hallazgos no apoyan una tierra joven y que le incomoda ver su investigación citada con ese fin. Sostiene que la ciencia debe seguir a la evidencia y que su fe no depende del resultado de un análisis de laboratorio. Citar a un investigador en contra de lo que sostiene daña la credibilidad de quien lo cita.

Lo que puedes hacer hoy

Toma un dato científico que hayas compartido alguna vez para defender tu postura sobre la creación y rastrea la fuente original. No el video que lo resumía: el artículo, el nombre del autor, el año. Si el dato resiste, lo tienes más sólido que antes. Si no resiste, acabas de ahorrarte quedar mal delante de alguien que sí hizo la tarea.

Y quédate con la pregunta de la semana: ¿estarías dispuesto a soltar un argumento que te gusta si descubres que no se sostiene? La respuesta a eso dice más de tu honestidad que cualquier postura sobre la edad de la tierra.

Si quieres seguir el estudio, continúa con hubo dinosaurios en la Biblia, donde se analizan los pasajes uno por uno, y con el hombre convivió con los dinosaurios, que expone las dos posturas cristianas. Y si conoces a alguien que comparte este hallazgo sin haber leído los detalles, comparte con esa persona este estudio.