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El caso Galileo y la Iglesia

agosto 7, 2026

En el caso Galileo y la Iglesia ocurrió algo distinto de lo que cuenta la versión popular: Galileo Galilei nunca fue torturado, nunca fue quemado y nunca pisó una celda. Fue procesado por la Inquisición romana en 1633, abjuró de la tesis heliocéntrica y pasó el resto de su vida en arresto domiciliario, primero en el palacio del arzobispo de Siena y después en su villa de Arcetri.

Eso no convierte el episodio en algo menor. Un tribunal eclesiástico obligó a un investigador a negar por escrito una conclusión que resultó ser correcta, y prohibió sus libros durante dos siglos. La Iglesia queda mal aquí, y conviene decirlo sin adornos antes de entrar en los matices.

Qué pasó realmente en el caso Galileo

¿Qué pasó realmente en el caso Galileo?

El conflicto se desarrolló en dos etapas separadas por diecisiete años: una advertencia en 1616 y un proceso en 1633. Entre las dos hubo un papa amigo, un libro imprudente y una situación política que no toleraba desafíos.

Los hechos, en orden

En 1610 Galileo publicó Sidereus Nuncius con sus observaciones telescópicas: las lunas de Júpiter, los cráteres lunares, las fases de Venus. Roma lo recibió como una celebridad. Los astrónomos jesuitas del Colegio Romano verificaron sus datos y le organizaron un homenaje.

En 1616 el Santo Oficio examinó la tesis copernicana y la declaró contraria a la Escritura. El cardenal Belarmino comunicó a Galileo que podía usar el heliocentrismo como hipótesis de cálculo, pero no sostenerlo como descripción física del cosmos.

En 1623 su amigo Maffeo Barberini fue elegido papa como Urbano VIII y le concedió seis audiencias. Le autorizó a escribir sobre los dos sistemas del mundo, con una condición: presentarlos de forma equilibrada e incluir el argumento del propio papa sobre los límites del conocimiento humano.

En 1632 apareció el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo. Galileo puso el argumento del papa en boca de un personaje llamado Simplicio, que en el libro hace el papel del tonto. Urbano VIII, presionado además por la Guerra de los Treinta Años y acusado de blandura política, se sintió ridiculizado en público.

En 1633 el proceso terminó con abjuración, prohibición del libro y arresto domiciliario. Galileo murió en 1642 en Arcetri, con los sacramentos y la bendición papal, tras publicar en Holanda su obra sobre mecánica, la que sostuvo después el trabajo de Newton.

Qué omite la versión simplificada

La versión de cine presenta a un científico solitario frente a una Iglesia oscurantista. Faltan piezas. La primera: el modelo geocéntrico era la física de Aristóteles y Ptolomeo, la ciencia establecida durante dos mil años, no una invención clerical.

La segunda: en 1633 Galileo aún no tenía prueba concluyente del movimiento terrestre. Su argumento principal eran las mareas, y era erróneo. La observación que habría zanjado el debate, el paralaje estelar, no se logró hasta 1838. La prueba llegó dos siglos después de su muerte.

La tercera: los astrónomos jesuitas de su tiempo defendían el modelo de Tycho Brahe, un sistema mixto que también explicaba las fases de Venus. Había un debate científico abierto, y Galileo despreció a sus rivales con una arrogancia que le costó aliados.

Qué mostraba el telescopio y qué no

Las observaciones de 1610 destruyeron el modelo de Ptolomeo, pero no probaron el de Copérnico. Las fases completas de Venus demostraban que ese planeta gira alrededor del sol, cosa incompatible con Ptolomeo y compatible tanto con Copérnico como con el sistema mixto de Tycho Brahe.

Las lunas de Júpiter mostraban que no todo orbita la Tierra, un golpe a la física aristotélica. Aun así, faltaba la pieza que exigía cualquier astrónomo del momento: si la Tierra se desplaza, las estrellas cercanas deberían parecer moverse contra el fondo a lo largo del año. Nadie detectaba ese desplazamiento con los instrumentos disponibles.

La respuesta correcta era que las estrellas están mucho más lejos de lo que nadie imaginaba, y por eso el efecto resultaba imperceptible hasta 1838. Galileo intuía bien y carecía de la medición. Sus jueces exigían una prueba que la técnica del siglo XVII no podía dar, y usaron ese vacío como argumento de autoridad.

Por qué condenó la Iglesia a Galileo

¿Por qué condenó la Iglesia a Galileo?

La condena respondió a tres motivos entrelazados: una cuestión de autoridad interpretativa en plena Contrarreforma, una cuestión de disciplina personal, y una cuestión de orgullo herido en el Vaticano. La astronomía fue el escenario, no la causa profunda.

El problema era quién interpreta la Escritura

El Concilio de Trento había reservado a la Iglesia la interpretación de la Escritura en materia de fe y costumbres, justamente como respuesta a la Reforma protestante. Galileo, laico y sin formación teológica, publicó en 1615 una carta a la gran duquesa Cristina explicando cómo debían leerse los pasajes bíblicos sobre el movimiento del sol.

Su propuesta era sensata y hoy resulta común: la Escritura enseña cómo se va al cielo, no cómo va el cielo. Pero en 1615 esa frase sonaba a un seglar dando lecciones de hermenéutica en el peor momento posible.

Los pasajes bíblicos en discusión

El texto más citado por sus opositores fue Josué 10:13: “Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos”. El relato describe una batalla en Gabaón desde el punto de vista de quien está en el campo, con el lenguaje de un observador, no de un astrónomo.

También apareció el Eclesiastés 1:5: “Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta”. El Predicador no describe mecánica celeste, argumenta sobre lo repetitivo de la existencia bajo el sol. Leerlo como cosmología es pedirle al texto algo que no ofrece.

Y el Salmo 93:1: “afirmó el mundo, y no se moverá”. El verbo hebreo apunta a la estabilidad del gobierno de Dios sobre el mundo, no a la ausencia de traslación orbital. Dos versículos después el mismo salmo habla de ríos que alzan su sonido, imagen y no reporte físico.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

2 Timoteo 3:16 (RV1960)

Pablo escribe a Timoteo, un pastor joven en Éfeso, y enumera cuatro usos del texto sagrado: enseñar, corregir, redargüir e instruir en justicia. Ninguno de los cuatro es la descripción de órbitas. El texto sagrado declara para qué sirve, y quienes juzgaron a Galileo le pidieron un servicio que él nunca prometió.

¿Fue Galileo torturado o encarcelado?

No. Durante el proceso se alojó en el palacio del embajador de Toscana y en dependencias del Santo Oficio con criado propio. Los documentos del juicio mencionan un examen calificado de riguroso, fórmula legal que incluía la amenaza formal de tortura, pero ningún testimonio ni acta indica que se aplicara, y su edad y prestigio lo hacían improbable.

La frase “y sin embargo se mueve”, que la leyenda le atribuye murmurada tras la abjuración, aparece por primera vez más de cien años después, en una biografía del siglo XVIII. No hay registro contemporáneo.

Quien sí murió en la hoguera fue Giordano Bruno, en 1600, y las dos historias se mezclan con frecuencia. Bruno no fue condenado por astronomía: los cargos incluían negar la Trinidad, que Cristo fuera Dios, la virginidad de María y la transubstanciación. Su caso es igual de grave y merece juicio propio, pero no es un episodio de historia de la ciencia.

Qué dijo la Iglesia después sobre el caso Galileo

¿Qué dijo la Iglesia después sobre el caso Galileo?

La rectificación llegó por etapas y tardó siglos. En 1741 el papa Benedicto XIV autorizó la publicación de las obras completas de Galileo. En 1758 se retiró del Índice la prohibición general de los libros que enseñaban el heliocentrismo, y en 1835 desaparecieron los títulos concretos de Galileo y Copérnico.

En 1979 Juan Pablo II pidió un estudio del caso a una comisión pontificia. El informe se presentó en 1992 y reconoció el error de los jueces, que habían transferido indebidamente al terreno de la doctrina una cuestión de investigación empírica.

En 1822 se produjo el paso decisivo y menos recordado. El canónigo Giuseppe Settele quiso publicar un manual de astronomía que presentaba el movimiento de la Tierra como un hecho establecido, y el maestro del Sacro Palacio se lo impidió. Settele apeló, y Pío VII autorizó la impresión.

Aquella decisión administrativa dejó sin efecto la prohibición y abrió el camino a la retirada de los títulos del Índice trece años después. La corrección llegó por la vía de un permiso de imprenta, sin declaración solemne.

Tres siglos y medio de retraso son una respuesta lenta. Vale la pena registrar la rectificación, y vale la pena registrar también cuánto tardó.

Qué se aprende de este episodio hoy

¿Qué se aprende de este episodio hoy?

El caso Galileo enseña a distinguir entre lo que la Escritura afirma y lo que una generación de lectores creyó que afirmaba. Esa distinción sigue siendo útil en cada debate nuevo sobre origen, edad y método.

  • Un modelo científico dominante puede caer. El geocentrismo lo era y cayó. Atar la interpretación bíblica a la ciencia de moda deja la fe expuesta al siguiente cambio de paradigma.
  • Interpretar no es corregir el texto. Agustín de Hipona ya advertía en el siglo V contra el creyente que habla de astros y estaciones diciendo disparates y hace quedar en ridículo a la Escritura ante quien conoce el asunto.
  • El tono cuenta. Galileo tenía razón en lo esencial y perdió la partida en parte por cómo trató a quienes discrepaban.

Ese aprendizaje se aplica hoy a discusiones como la de cuántos años tiene la Tierra según la Biblia, donde vuelve la misma pregunta: qué pretende afirmar el texto antes de compararlo con un dato. El marco general está en si la ciencia y la Biblia son compatibles.

Preguntas frecuentes sobre el caso Galileo y la Iglesia

¿Galileo perdió la fe después del juicio?

No. Siguió siendo católico practicante hasta su muerte en 1642, recibió los sacramentos y la bendición del papa. Su hija mayor, sor María Celeste, era monja clarisa y mantuvo con él una correspondencia que se conserva.

¿Por qué se dice que en la Edad Media creían en la Tierra plana?

Porque lo popularizaron autores del siglo XIX que defendían la tesis del conflicto entre fe y ciencia. La esfericidad de la Tierra estaba establecida desde los griegos y nunca se discutió en las universidades medievales.

¿Qué diferencia hay entre el caso Galileo y el de Giordano Bruno?

Bruno fue quemado en 1600 por cargos teológicos: negaba la Trinidad, que Cristo fuera Dios y otros artículos centrales. Galileo fue procesado en 1633 por sostener el heliocentrismo como descripción física, y su pena fue el arresto domiciliario.

¿Se disculpó la Iglesia por el caso Galileo?

Sí. Juan Pablo II encargó una comisión de estudio en 1979 y en 1992 reconoció públicamente el error de los jueces del proceso. La rehabilitación de sus obras había empezado mucho antes, entre 1741 y 1835.

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Lo que puedes hacer hoy

Toma una afirmación que hayas repetido sobre este episodio y comprueba su fuente. Si te enseñaron que Galileo fue torturado, ya sabes que no ocurrió. Corregir un dato propio cuesta más que corregir el de otro, y vale más.

La pregunta para tu semana: ¿qué convicción tuya sobre la Biblia es lectura del texto y qué parte es la costumbre de tu comunidad leyéndolo?

Si conoces a alguien que usa este caso para cerrar cualquier conversación de fe, comparte este artículo. Y sigue el hilo en los científicos famosos que creían en Dios y en la ciencia y la Biblia son compatibles.