
¿Cómo murió Judas Iscariote? Según Mateo, se ahorcó después de devolver el dinero; según el libro de Hechos, cayó de cabeza y su cuerpo se abrió por la mitad. Los dos relatos describen el mismo desenlace desde ángulos distintos: Mateo narra el acto, y Hechos describe lo que quedó del cuerpo cuando lo encontraron. No son dos muertes, son dos momentos de la misma escena.
Es una de las supuestas contradicciones bíblicas que más circulan, y merece un examen despacio: qué dice cada texto en su idioma original, en qué se diferencian, qué explicaciones se han propuesto y qué hacen los dos autores con el terreno que se compró con las monedas.

Mateo 27:3-5: devolvió el dinero y se ahorcó
Mateo cuenta que Judas murió ahorcado, y lo sitúa inmediatamente después del juicio ante Caifás, cuando Jesús ya había sido entregado a Pilato. El relato es breve y frío: “Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó” (Mateo 27:5).
Antes de esa línea, Mateo registra el intento de devolver el pago: “Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!” (Mateo 27:4). Judas confesó en voz alta, ante testigos, y la respuesta que recibió fue un encogimiento de hombros. Fue a los sacerdotes con su culpa y ellos se la devolvieron intacta.
El verbo griego que Mateo usa es apenxato, de apanchomai, “estrangularse” o “colgarse”. Es el mismo verbo que la traducción griega del Antiguo Testamento emplea para Ahitofel, el consejero que traicionó al rey David y “se ahorcó” cuando su consejo fue desechado (2 Samuel 17:23). El paralelo no parece casual: Mateo escribía para lectores judíos que reconocerían la escena del traidor del rey ungido.

Hechos 1:18: “cayendo de cabeza, se reventó por la mitad”
Lucas, en el discurso de Pedro ante los ciento veinte reunidos, describe el estado del cuerpo: “Éste, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron” (Hechos 1:18).
La expresión “cayendo de cabeza” traduce el griego prenes genomenos, literalmente “habiéndose vuelto boca abajo” o “de bruces”. El verbo siguiente, elakesen, describe un estallido, un reventar con ruido. Lucas no está narrando el suicidio, está describiendo lo que le pasó al cadáver.
Hay un detalle que ayuda a situar el texto. Pedro habla en Jerusalén, semanas después de los hechos, ante gente que había visto o al menos oído lo ocurrido. Por eso añade: “Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre” (Hechos 1:19). Nadie en ese auditorio podía desmentirlo.
El nombre Acéldama que Lucas conserva es arameo, la lengua que se hablaba en la calle de Jerusalén, y él lo transcribe letra por letra antes de traducirlo al griego para sus lectores. Ese tipo de préstamo lingüístico sin traducir suele indicar que el autor está recogiendo una tradición local ya fijada, no inventando un detalle de ambiente.
Conviene también notar quién habla en Hechos 1. No es un cronista lejano: es Pedro, que estaba en la mesa cuando Judas se levantó y salió, y que llevaba semanas conviviendo con la noticia. El relato más gráfico de los dos viene de la boca de alguien que conocía al muerto por su nombre.
¿Se contradicen Mateo y Hechos sobre la muerte de Judas?
No se contradicen, porque no dicen cosas incompatibles: dicen cosas distintas. Una contradicción exigiría que un texto negara lo que el otro afirma, y ninguno de los dos lo hace. Mateo no dice que el cuerpo permaneciera colgado, y Hechos no dice que Judas muriera por una caída accidental.
La explicación más aceptada: la cuerda, la rama y el tiempo
La reconstrucción que más consenso reúne entre comentaristas es sencilla. Judas se colgó, probablemente en un barranco a las afueras de Jerusalén. Nadie descolgó el cuerpo, porque la ley judía consideraba impuro tocar un cadáver y aquellos eran los días de la Pascua. Con el paso de las horas, la descomposición y el calor, la rama o la cuerda cedió y el cuerpo cayó desde la altura sobre las piedras.
Un cuerpo que lleva un día colgado se hincha por los gases de la descomposición, y al golpear contra roca desde varios metros se abre. La descripción de Lucas es exactamente lo que un testigo habría visto al encontrarlo. El terreno alrededor de Jerusalén, con sus valles escarpados, encaja sin forzar nada.
Cómo trataban los autores antiguos este tipo de relato
Los historiadores del mundo grecorromano no escribían actas notariales, escribían relatos con un propósito. Mateo cierra el arco moral de Judas y necesita el acto: la traición termina en autodestrucción. Lucas, en cambio, está explicando por qué había una vacante entre los doce y por qué ese campo tenía ese nombre, así que le sirve el estado en que quedó el cuerpo.
Es el mismo fenómeno que se da con cualquier suceso contado por dos fuentes. Un parte médico y una crónica de prensa sobre el mismo accidente no coinciden palabra por palabra, y sin embargo describen lo ocurrido. Si te interesa cómo se evalúa la fiabilidad de estos textos, lo desarrollo en si los evangelios son históricamente confiables.

El campo de sangre: ¿quién compró Acéldama?
La segunda diferencia entre los dos relatos es la compra del terreno, y se resuelve por el modo en que el derecho judío trataba ese dinero. Mateo dice que los sacerdotes compraron el campo del alfarero (Mateo 27:7); Hechos dice que Judas “adquirió un campo” (Hechos 1:18).
Mateo explica el razonamiento de los sacerdotes con una ironía notable: “No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre” (Mateo 27:6). Les preocupaba contaminar el tesoro del templo, no haber comprado a un hombre inocente. Habían pagado por una ejecución y su escrúpulo era contable.
Como el dinero devuelto seguía siendo legalmente de Judas y él había muerto, los sacerdotes actuaban como administradores de bienes ajenos: la compra se hizo con fondos que constaban a su nombre. Por eso Lucas puede decir que Judas adquirió el campo aunque no pusiera la firma. Y ambos coinciden en el uso final del terreno: sepultura para extranjeros, un lugar de muertos sin nombre.
Mateo cierra la escena citando a Zacarías: “Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero” (Mateo 27:9-10). Cité el trasfondo completo de esa cifra en cuánto le pagaron a Judas por entregar a Jesús.
Otras explicaciones antiguas sobre la muerte de Judas
Además de la reconstrucción de la cuerda que cede, circularon en la iglesia primitiva otras versiones. Conviene conocerlas para distinguir lo que dice el texto de lo que dice la tradición posterior.
- Papías de Hierápolis (siglo II), citado por autores posteriores, sostenía que Judas sobrevivió al ahorcamiento, quedó hinchado hasta un tamaño monstruoso y murió tiempo después reventado en su propio terreno.
- Apolinar de Laodicea (siglo IV) recogió esa misma tradición y añadió que alguien cortó la cuerda antes de que muriera asfixiado.
- La lectura simbólica, presente en varios padres de la iglesia, veía en el vientre reventado un contraste con el vientre de la madre: el hombre que vendió al Mesías termina abierto sobre la tierra que compró con ese pago.
Ninguna de estas versiones tiene el peso del texto bíblico, y la de Papías nos llega en fragmentos citados por terceros siglos después. Lo que se puede afirmar con el Nuevo Testamento delante es que Judas se quitó la vida colgándose y que su cuerpo terminó destrozado en un campo a las afueras de Jerusalén.

Qué significa esta muerte dentro del relato de la pasión
La muerte de Judas funciona en los evangelios como el contrapunto exacto de la muerte de Jesús, y los dos relatos ocurren casi a la misma hora. Uno muere colgado de un madero por decisión propia y sin nadie que lo acompañe; el otro muere colgado de un madero entregándose por otros.
Pablo recoge una línea de Deuteronomio para hablar de la cruz: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13). Escribía a gálatas tentados de volver a la ley como sistema de méritos. El mismo gesto físico separa dos destinos opuestos según lo que el corazón buscaba.
El detalle más incómodo del relato de Mateo no es la soga, es la frase de los sacerdotes: “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!”. Judas llevó una confesión sincera al lugar equivocado y encontró indiferencia. La pregunta que deja abierta es qué habría pasado si en lugar de ir al templo hubiera ido al camino del Calvario. Esa comparación la desarrollo en si Judas se salvó o se condenó.
Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
2 Corintios 7:10 (RV1960)
Pablo escribió esa línea a una iglesia que había tenido que confrontar un pecado grave en su seno. Distingue dos dolores que se parecen por fuera: uno empuja hacia Dios y el otro empuja hacia el vacío. La muerte de Judas es la ilustración más cruda del segundo.
Preguntas frecuentes sobre cómo murió Judas Iscariote
¿Dónde está Acéldama, el campo de sangre?
La tradición lo ubica en la ladera sur del valle de Hinom, a las afueras de la ciudad antigua de Jerusalén, cerca de donde el valle se une con el del Cedrón. Es un terreno arcilloso y escarpado, coherente con un campo de alfarero y con una caída de altura. Desde el siglo IV se señala allí un cementerio para peregrinos y extranjeros.
¿Cuándo murió Judas exactamente?
Mateo lo sitúa la mañana del viernes, cuando Jesús ya había sido entregado a Pilato y antes de la crucifixión. Es decir, apenas unas horas después del beso en Getsemaní. Para Pentecostés, cincuenta días más tarde, el hecho ya era conocido en toda Jerusalén, según Hechos 1:19.
¿Por qué nadie bajó el cuerpo de Judas?
Eran las horas previas al sábado de la Pascua, la fiesta más concurrida del año judío, y tocar un cadáver dejaba a una persona ritualmente impura durante siete días (Números 19:11), lo que le impedía participar de la celebración. Nadie iba a asumir ese costo por el hombre que acababa de entregar a un maestro a los sacerdotes.
Lo que puedes hacer hoy
La próxima vez que alguien te presente una contradicción bíblica, prueba el método que usamos aquí: lee los dos textos completos, mira qué pregunta responde cada autor y comprueba si uno niega lo que el otro afirma. Casi siempre la supuesta contradicción se disuelve en cuanto lees los versículos que rodean la cita.
La pregunta para esta semana: cuando alguien te lleva su culpa, ¿le respondes como los sacerdotes o le señalas el camino de vuelta? Judas encontró un “allá tú” donde necesitaba una dirección.
Si conoces a alguien que se ha topado con este pasaje y se quedó con la duda, pásale el artículo. Y para seguir con el tema, lee si Judas se salvó o se condenó y qué es el evangelio de Judas.
