Skip to content

La isla perfecta de Gaunilo: la objeción al argumento ontológico

agosto 8, 2026
La isla perfecta de Gaunilo: la objeción al argumento ontológico

La isla perfecta de Gaunilo es la objeción más famosa contra el argumento ontológico: si de la idea de “aquello mayor que lo cual nada puede pensarse” se sigue que Dios existe, entonces de la idea de “la isla mayor que la cual ninguna isla puede pensarse” debería seguirse que esa isla existe. Como es evidente que no existe ninguna isla así, el molde del razonamiento tiene un defecto. Gaunilo de Marmoutiers, un monje benedictino francés, la escribió mientras Anselmo todavía vivía, y Anselmo le contestó por escrito.

Ese intercambio, del siglo XI, sigue circulando hoy en cursos de filosofía y en debates de ateísmo en internet. Aquí tienes qué dijo exactamente cada uno, qué se olvida casi siempre de la objeción de Gaunilo y por qué la discusión no está cerrada.

¿Quién fue Gaunilo de Marmoutiers?

¿Quién fue Gaunilo de Marmoutiers?

Gaunilo fue un monje benedictino de la abadía de Marmoutiers, cerca de Tours, en Francia, activo en la segunda mitad del siglo XI. Casi todo lo que sabemos de él cabe en un dato: escribió un texto breve criticando el Proslogion de Anselmo de Canterbury y ese texto lo hizo entrar en la historia de la filosofía.

Su escrito se titula Liber pro insipiente, “Libro en favor del necio”. El título es una respuesta directa: Anselmo había construido su argumento dirigiéndose al necio del Salmo 14:1, el que “dijo en su corazón: No hay Dios”. Gaunilo se pone del lado de ese personaje para mostrar que la refutación de Anselmo no lo alcanza.

Un detalle que suele pasarse por alto: Gaunilo era creyente y no dudaba de la existencia de Dios. No estaba atacando la conclusión, estaba atacando la prueba. Consideraba que un argumento malo perjudica más a la fe que la ausencia de argumentos, y por eso se tomó el trabajo de desmontarlo.

En qué consiste exactamente la isla perfecta

En qué consiste exactamente la isla perfecta

Gaunilo pide al lector que imagine una isla perdida en el océano, tan colmada de riquezas y delicias que sea la mejor isla que se pueda concebir, mejor que cualquier otra isla posible. Después aplica el molde de Anselmo pieza por pieza.

  • Entiendo lo que significa “la isla mayor que la cual ninguna isla puede pensarse”, así que esa isla está en mi entendimiento.
  • Existir en la realidad es mayor que existir solo en la mente.
  • Si esa isla existiera solo en mi mente, podría pensar otra igual pero existente, que sería mayor. Contradicción.
  • Luego la isla perfecta existe en algún lugar del océano.

La conclusión es ridícula y todos lo vemos. Ese es el punto. Se trata de un reductio ad absurdum aplicado al método: si una forma de razonar produce disparates cuando la aplicas a islas, esa forma de razonar tiene un fallo interno, y el fallo sigue ahí aunque la apliques a Dios.

Gaunilo remata con una ironía. Dice que quien le presentara semejante prueba estaría bromeando, y que no sabría a quién considerar más necio, si a él por aceptarla o al otro por proponerla. La isla perfecta es una parodia deliberada, y su fuerza está justamente en que copia el original sin cambiar una sola pieza.

La otra objeción de Gaunilo, la que casi nadie cita

Antes de la isla, Gaunilo ataca el paso dos del argumento de Anselmo: la idea de que basta entender una frase para que la cosa esté “en el entendimiento”. Esta objeción es más honda que la isla y ha quedado sepultada por la fama del ejemplo.

Gaunilo distingue entre oír palabras y captar una cosa. Si alguien me habla de un hombre que no conozco, puedo formarme una imagen porque conozco hombres. Pero si me habla de algo que excede toda categoría de cosas que he experimentado, lo que tengo en la mente es el sonido de las palabras, no el objeto. Tener el significado de una frase no equivale a tener la cosa en el entendimiento.

Y añade un ejemplo agudo: yo puedo entender la frase “un ser falso” o “un ser imposible” sin que exista nada correspondiente. Entender no es un puente automático hacia la realidad. Si esta objeción se sostiene, el argumento de Anselmo no llega ni al tercer paso.

Conviene ver de dónde sale esa distinción. Gaunilo escribe en pleno siglo XI, cuando la enseñanza monástica trabajaba sobre el trivium: gramática, lógica y retórica. Su formación le hacía sensible a un peligro concreto de esa época, el de deslizarse de la corrección gramatical de una frase a la existencia de lo que la frase nombra. Una oración bien construida no garantiza nada sobre el mundo, y él lo sabía por oficio.

La respuesta de Anselmo a la isla de Gaunilo

La respuesta de Anselmo a la isla de Gaunilo

Anselmo respondió con un texto que la tradición manuscrita transmite siempre junto al Proslogion. Su tesis es que la parodia no funciona porque las islas y aquello mayor que lo cual nada puede pensarse no son la misma clase de objeto. Su frase más citada es un desafío directo.

Con confianza afirmo esto: si alguien encuentra para mí, sea en la realidad, sea solo en el pensamiento, algo distinto de aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado, a lo que se aplique el nexo de este razonamiento mío, yo lo encontraré y le daré su isla perdida para que no la pierda más.

Anselmo, Respuesta a Gaunilo III

Una isla perfecta no tiene tope, y por eso el concepto no existe

La respuesta que la tradición desarrolló a partir de Anselmo es esta: la noción de “isla mayor que la cual ninguna puede pensarse” es incoherente. Las cualidades que hacen buena a una isla (playas, palmeras, frutas, clima) admiten siempre más. Añade una palmera y tienes una isla mejor. No hay número de palmeras que cierre la serie.

Con los atributos que Anselmo aplica a Dios ocurre lo contrario: el conocimiento tiene tope, que es saberlo todo; el poder tiene tope, que es poder todo lo posible; la bondad tiene tope. Son propiedades que admiten un máximo. La isla perfecta no es una idea difícil de imaginar, es una idea que se deshace al examinarla, como el número entero más grande.

Una isla es contingente por naturaleza

El segundo argumento de Anselmo es de otro orden. Una isla es un pedazo de tierra rodeado de agua, y por definición es algo que llegó a existir por causas geológicas y que puede dejar de existir. Es contingente. Su existencia depende de otras cosas.

El argumento del capítulo III del Proslogion exige un ser cuya inexistencia sea imposible. Ninguna isla puede cumplir ese requisito, por muchas palmeras que le pongas, porque la contingencia le viene del tipo de cosa que es. La parodia falla porque el material no aguanta el molde. Una isla que existe necesariamente sería una isla que no depende del mar, ni de la corteza terrestre, ni de nada, y eso ya no describe una isla. Esta distinción entre lo necesario y lo contingente es la columna de el argumento ontológico de san Anselmo completo.

¿Queda entonces refutada la objeción de Gaunilo?

Parcialmente. La mayoría de los filósofos concede que la isla, como ejemplo concreto, no funciona, y que las dos razones de Anselmo son buenas. Pero la estrategia de Gaunilo sobrevivió al ejemplo y se ha vuelto un género propio: construir parodias del argumento ontológico con materiales que sí admitan un máximo.

La más incómoda es la del “ser máximamente grande que no existe” o la del demonio perfectamente malvado, versiones que usan conceptos con tope y no islas. Y sigue en pie la primera objeción de Gaunilo, la del entendimiento, que Anselmo respondió con menos contundencia. Gaunilo perdió el ejemplo y ganó la sospecha, y esa sospecha es la que Kant convertiría en un ataque preciso con su tesis de que la existencia no es un predicado.

¿Qué dice la Biblia sobre demostrar a Dios con argumentos?

¿Qué dice la Biblia sobre demostrar a Dios con argumentos?

La Escritura nunca intenta probar a Dios, pero sí manda dar razones de la fe y sí pone límites a lo que la mente puede alcanzar por su cuenta. Las dos cosas a la vez, y ese equilibrio es exactamente lo que estaban discutiendo Anselmo y Gaunilo.

Pedro escribe a cristianos dispersos por Asia Menor bajo presión social: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). La palabra griega traducida “defensa” es apología, término del ámbito judicial: lo que decía el acusado ante el tribunal. Pedro asume que la fe cristiana puede exponerse con razones.

Al mismo tiempo, Zofar le pregunta a Job: “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?” (Job 11:7). El personaje que habla es uno de los amigos que se equivocan sobre el caso de Job, pero la pregunta en sí queda de pie en el libro: hay un límite en lo que la criatura alcanza sobre el Creador. Es la misma cautela que Gaunilo le opone a Anselmo.

Isaías lo dice en boca de Dios ante un pueblo que estaba calculando su futuro político: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8). No es una prohibición de pensar, es un aviso de escala. Pablo lo repite con asombro y no con reproche: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios!” (Romanos 11:33).

Y en 1 Corintios 1:21 Pablo señala el desenlace: “ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. Escribía a una ciudad griega enamorada de la retórica. Ningún argumento salva a nadie, y sin embargo Pablo argumentó en Atenas, en Éfeso y en Roma durante años.

Preguntas frecuentes sobre la isla perfecta de Gaunilo

¿Gaunilo era ateo?

No. Era un monje benedictino cristiano y creía en Dios. Su crítica va dirigida a la validez del razonamiento de Anselmo, no a la conclusión. Escribió “en favor del necio” como ejercicio de abogado del diablo, una práctica normal en la discusión escolástica.

¿Anselmo aceptó alguna parte de la crítica?

No aceptó la objeción, pero sí reaccionó a ella: precisó su definición, insistió en la diferencia entre pensar las palabras y pensar la cosa, y pidió expresamente que su respuesta se copiara siempre junto al Proslogion. Reconoció así que el texto original necesitaba aclaraciones.

¿Por qué la isla perfecta sigue apareciendo si ya fue respondida?

Porque es fácil de contar y capta en treinta segundos una sospecha legítima: que las definiciones no fabrican realidades. Su valor pedagógico sobrevive aunque el ejemplo concreto sea vulnerable, y sigue siendo la puerta de entrada de casi todo el mundo a esta discusión.

Lo que puedes hacer hoy

Intenta construir tu propia parodia del argumento ontológico con algo que sí admita un máximo, y comprueba si aguanta las dos respuestas de Anselmo. Ese ejercicio de veinte minutos enseña más sobre lógica que diez resúmenes leídos.

La pregunta para la semana: cuando alguien cuestiona un argumento que tú usas para defender tu fe, ¿lo escuchas como Anselmo escuchó a Gaunilo o lo despachas antes de entenderlo? Anselmo mandó copiar la crítica junto a su propio libro.

Si este tema le sirve a alguien que estudia filosofía o que discute de fe en internet, compártelo. Y para seguir el hilo, aquí tienes el argumento cosmológico Kalam y las pruebas de que Dios existe, que recorren el camino contrario: del mundo hacia Dios.