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Autoaceptacion cristiana (Salmo 139:14)

julio 31, 2026
Autoaceptacion cristiana Salmo 139:14
Esta lectura forma parte de la guía Emociones.

Hay versículos que se citan mucho y se estudian poco, y el Salmo 139:14 encabeza esa lista. Se imprime en tazas, en cuadros y en fondos de pantalla, y mientras tanto quien lo comparte sigue frente al espejo criticando la misma nariz de siempre. Esa distancia entre lo que el versículo dice y lo que sentimos al mirarnos merece un estudio completo.

En este estudio vamos a ver qué significa el Salmo 139:14 desde el hebreo original, el salmo completo explicado por partes, la diferencia entre aceptarte desde la fe y la autoestima que se predica hoy, qué hacer con los complejos del cuerpo, y tres personajes bíblicos que se descalificaron a sí mismos delante de Dios. Empecemos por el versículo.

¿Qué significa el Salmo 139:14?

El Salmo 139:14 significa que tu cuerpo y tu existencia no son un accidente sino una obra que Dios hizo con atención y con intención, y que la reacción correcta al descubrirlo es la alabanza. David lo escribió así.

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.

Salmo 139:14 (RV1960)

Fíjate en el orden de la frase, porque el orden cambia todo. David no empieza diciendo “me acepto”; empieza diciendo “te alabaré”. El versículo no te pide subir tu opinión sobre ti; te pide subir la mirada hacia el que te hizo. Cuando la base es la obra de Dios y no tu ánimo, la aceptación deja de depender del día que tuviste.

Y hay un segundo detalle en la última línea, “mi alma lo sabe muy bien”. David no dice que lo siente; dice que lo sabe. La aceptación en este salmo es un conocimiento que se estudia y se sostiene, no una emoción que aparece cuando te ves bien en una foto.

“Formidables, maravillosas son tus obras”: lo que dice el hebreo

La RVR1960 traduce “formidables, maravillosas son tus obras”. Otras traducciones, como La Biblia de las Américas, vierten la primera parte “asombrosa y maravillosamente he sido hecho”, y esa lectura está muy cerca del hebreo original, que usa dos palabras que valen el estudio.

La primera viene del verbo yaré, que nombra lo que produce asombro con temor, lo que te deja quieto porque te sobrepasa. La segunda es una forma del verbo palah, que significa ser distinto, apartado, singular. Literalmente David dice algo como “he sido hecho de manera asombrosa y aparte”. No dice que la humanidad en general es maravillosa; dice que él fue hecho como pieza única, separada de las demás.

Un versículo después aparece el tercer término, raqam, que la RVR1960 traduce “entretejido” (Salmo 139:15). Es el verbo del bordado. Cuando Israel construyó el tabernáculo, la cortina de la puerta la hizo un “recamador” (Éxodo 26:36), un artesano de ese mismo oficio que trabajaba hilo por hilo, con colores, por el revés de la tela. David escoge ese verbo para describir cómo Dios trabajó tu cuerpo en el vientre; no en serie, no por molde, sino como borda un artesano, puntada por puntada.

¿Quién escribió el Salmo 139 y en qué momento?

El encabezado del salmo lo dice, “Al músico principal. Salmo de David”. Y el autor importa, porque David sabía lo que era ser pasado por alto; en su propia casa lo dejaron fuera de la reunión más importante de su vida, como vas a leer más adelante en este estudio. El hombre que escribió “maravillosas son tus obras” no creció escuchando eso de su familia.

formidable y maravillosamente hecho Salmo 139:14

Ahora, el versículo 14 no está suelto; es el centro de un salmo con cuatro movimientos que se sostienen entre sí. Para entender lo que David celebra, hay que recorrer el salmo completo. ¿Qué dice cada parte?

Salmo 139 explicado por partes

El Salmo 139 desarrolla cuatro afirmaciones en orden: Dios te conoce por completo (versículos 1-6), Dios está contigo en cualquier lugar (7-12), Dios te formó en el vientre de tu madre (13-16) y Dios puede examinarte y corregirte (23-24). El versículo 14 vive en el tercer movimiento, y los otros tres lo sostienen.

Salmo 139:1-6 — Dios te conoce por completo

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos.

Salmo 139:1-3 (RV1960)

El verbo “examinar” del versículo 1 es jaqar en hebreo, el mismo que Job usa para el minero que excava la roca buscando metal (Job 28:3). Dios no te conoce de vistazo; te conoce a profundidad de mina. Y mira qué examina: tu sentarte y tu levantarte. No las cumbres de tu vida, sino la rutina, los movimientos que nadie más registra.

El versículo 4 lleva ese conocimiento al extremo, “pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”. Dios conoce tus frases antes de que las digas, incluidas las que te dices a ti frente al espejo. Y la reacción de David en el versículo 6 no es incomodidad sino asombro, “tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí”.

Aquí está la primera base de la aceptación: el que más información tiene sobre ti es el que te hizo, y con toda esa información, se queda. Las personas te aceptan hasta donde te conocen; Dios te conoce completo y no se ha ido.

Salmo 139:7-12 — Dios está contigo en todo lugar

¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.

Salmo 139:7-10 (RV1960)

David dibuja un mapa de extremos. Cielos y Seol son el arriba y el abajo absolutos. “Las alas del alba” son el oriente, por donde amanece; “el extremo del mar” es el occidente, porque el Mediterráneo quedaba al oeste de Israel. Es decir, recorre los cuatro puntos posibles del universo y en cada uno encuentra lo mismo: la mano de Dios guiando y sosteniendo.

Los versículos 11 y 12 agregan el último escondite, la oscuridad, “aun las tinieblas no encubren de ti”. ¿Por qué importa esto para la aceptación? Porque los complejos aíslan; te convencen de que hay una versión tuya que debe esconderse. Este movimiento del salmo dice que no existe ese lugar, ni siquiera el rincón más oscuro de tu propia cabeza queda fuera de su alcance.

Salmo 139:13-16 — Dios te formó en el vientre de tu madre

Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Salmo 139:13 (RV1960)

La palabra “entrañas” es kelayot, literalmente los riñones, que para los hebreos eran la sede de las emociones. David no está diciendo solamente que Dios formó tus órganos; está diciendo que Dios formó tu manera de sentir. Tu sensibilidad, esa que quizá te han criticado, también salió de sus manos.

el alfarero y la vasija segun la Biblia

“No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” (Salmo 139:15-16).

“Lo más profundo de la tierra” es una expresión poética para el vientre, el taller escondido donde nadie ve el trabajo. Y la palabra “embrión” es golem en hebreo, la masa todavía sin forma; aparece una sola vez en toda la Biblia, aquí. Cuando todavía no tenías forma, ya tenías espectador, y ya tenías libro escrito.

Dios le dijo a Jeremías esto mismo con otras palabras, “antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jeremías 1:5). El conocimiento fue primero que la formación. No fuiste hecho y luego evaluado; fuiste pensado y luego bordado. Justo después de describir ese taller, David escribe el versículo 14. La alabanza es su conclusión al terminar el recorrido.

Salmo 139:23-24 — “Examíname, oh Dios”

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.

Salmo 139:23-24 (RV1960)

El salmo no termina en la celebración; termina en una petición de revisión. Y David usa el mismo verbo del versículo 1, jaqar, excavar. Lo que en el versículo 1 era una descripción, “tú me has examinado”, en el 23 se vuelve una invitación, “examíname”. David pide que la excavación continúe.

Guarda este dato, porque más adelante vamos a desarrollarlo: el mismo hombre que se sabe bordado por Dios le pide a Dios que corrija su camino. En este salmo, aceptarse y dejarse corregir no compiten; van juntas. Con el mapa completo del salmo, viene la pregunta que trae a la mayoría hasta aquí, ¿esto que hace David es lo mismo que la autoestima de la que habla todo el mundo?

¿Qué dice la Biblia sobre aceptarse a uno mismo?

La Biblia enseña a aceptarte sobre una base concreta: fuiste creado por Dios, a su imagen, con un diseño y con obras que Él preparó de antemano para ti. La Escritura no usa la palabra autoestima; usa la palabra hechura.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10).

La palabra griega para “hechura” es poiema, de donde viene nuestra palabra poema. Nombra la obra que un artesano produce con intención, no el objeto que sale de una banda de producción. Y la base viene desde la primera página de la Biblia, “y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Tu valor no se vota ni se mide; viene impreso de fábrica.

Jesús mismo dio por sentado un cuidado sano de uno mismo cuando dijo “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31). El amor al prójimo se mide con una vara que Él asume que ya existe, el trato que te das a ti. Ese versículo tiene un estudio propio en qué es el amor propio según la Biblia, donde se desarrolla completo.

Autoaceptación bíblica y autoestima secular: en qué se diferencian

La autoestima que se predica hoy se sostiene desde adentro. Sus frases lo delatan: “yo me basto”, “cree en ti”, “tú puedes con todo”. El problema no es la intención, que suele ser buena; el problema es la arquitectura. Si la base de tu valor es tu propio desempeño y tu propia opinión de ti, esa base se cae los días en que fallas, y todos tenemos de esos días.

valor individual segun la Biblia

La aceptación que enseña el Salmo 139 se sostiene desde afuera. No dice “yo me basto”; dice “Alguien me hizo con intención”. La diferencia es enorme: tu desempeño sube y baja, tu opinión de ti cambia con una foto mala, pero el hecho de que Dios te bordó en el vientre de tu madre no se ha movido ni un milímetro desde que naciste.

Por eso la autoestima secular necesita que te sientas bien para funcionar, y la aceptación bíblica funciona incluso el día en que no te sientes bien. David no escribió “estoy conforme conmigo”; escribió “te alabaré”. Puso el peso sobre Dios, que es el único punto de apoyo que no depende de tu semana. Ahora, esta conversación tiene un campo de batalla concreto, el más doloroso de todos: el cuerpo. ¿Qué pasa cuando el Salmo 139:14 se encuentra con el espejo?

Los complejos con el cuerpo a la luz del Salmo 139:14

El Salmo 139:14 habla del cuerpo, no de un concepto abstracto. En tres versículos David nombra entrañas, vientre, huesos y embrión. Por eso este salmo responde de frente a los complejos: eso que criticas frente al espejo es, según el texto, un trabajo que Dios hizo puntada por puntada.

Lo que muestran los estudios sobre la insatisfacción corporal

La psicología lleva décadas midiendo este problema, y los números muestran que no es un caso aislado. Un estudio con una muestra comunitaria de adultos en Chile, publicado en una revista de psicología clínica, encontró insatisfacción corporal en el 45,9% de los participantes, con una proporción significativamente mayor en mujeres que en hombres.

En la adolescencia el cuadro se agudiza. Una investigación con estudiantes de secundaria registró algún nivel de insatisfacción con el propio cuerpo en el 67,6% de las mujeres, frente al 9% de los varones. Casi siete de cada diez muchachas ya pelean con su reflejo antes de terminar el colegio.

Esos mismos estudios señalan al responsable: el modelo estético prevalente, es decir, el cuerpo “ideal” que la cultura de cada época impone. Y ahí hay un dato que desarma el complejo cuando lo piensas: ese ideal cambia cada década. La medida contra la que te comparas tiene fecha de vencimiento; el diseño tuyo tiene Autor.

Leer tu cuerpo con el versículo 14

El complejo mira el cuerpo por forma; el salmo lo mira por obra. Mientras leías este párrafo, tu corazón siguió latiendo sin pedirte permiso, como lo hace unas cien mil veces al día, y tus ojos enfocaron estas letras con un sistema que ningún laboratorio ha podido copiar. El cuerpo que criticas te está manteniendo con vida en este momento exacto.

Esa es la mirada de David, “formidables, maravillosas son tus obras”. No dice que su apariencia cumplía el estándar de su época; dice que la obra lo dejaba maravillado. Cuando cambias la pregunta, de “¿cómo me veo?” a “¿qué hizo Dios aquí?”, el espejo pierde el juicio y gana el asombro.

Si además cargas la presión de que tu valor se mida en apariencia, hay un estudio completo sobre el valor de la mujer cristiana según la Biblia que responde esa herida desde la Escritura. Y si los complejos no se te van con información, tienes compañía en la Biblia: personas que Dios llamó se descalificaron en su cara. Mira lo que les respondió.

Moisés, Gedeón y David: cuando te descalificas y Dios no

La Biblia registra a varios que respondieron al llamado de Dios con una lista de defectos. Moisés puso sobre la mesa su boca, Gedeón puso su familia, y a David ni siquiera lo invitaron a la reunión. En los tres casos Dios no negó el dato; negó la conclusión.

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Moisés y su boca: “soy tardo en el habla”

“Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra… porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.” (Éxodo 4:10-12).

Ubica la escena. Moisés tiene ochenta años, está delante de la zarza que arde sin consumirse, acaba de ver su vara volverse serpiente y su mano sanar de lepra. Con todas esas señales frescas, su objeción no es teológica; es corporal. Lo que lo descalifica, según él, es su lengua.

Y la respuesta de Dios es una pregunta que lo cambia todo, “¿quién dio la boca al hombre?”. Moisés le estaba describiendo un defecto de fábrica al Fabricante. Esa boca lenta no era una sorpresa para Dios ni un obstáculo para el plan; era parte de un diseño que Dios conocía desde el vientre, exactamente lo que el Salmo 139:13 dice de tus propias entrañas.

Nota lo que Dios no hizo: no le arregló la boca. Le dijo “yo estaré con tu boca”. La promesa no fue quitarle la dificultad sino habitarla. Y con esa misma boca lenta, Moisés terminó hablando cara a cara con Faraón y recitando a Israel el libro entero de Deuteronomio.

Gedeón: “mi familia es pobre y yo el menor”

“Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.” (Jueces 6:15).

El contexto hace la escena casi cómica. Israel vivía escondido de los madianitas, y Gedeón estaba sacudiendo el trigo dentro de un lagar, un pozo para pisar uvas, para que no lo vieran. A ese hombre escondido, el ángel de Jehová lo saluda “varón esforzado y valiente” (Jueces 6:12). Gedeón responde con su currículum en negativo: tribu menor, familia pobre, y él, el último de la casa.

Fíjate que Dios no discute la estadística. No le dice “tu familia no es tan pobre” ni “no eres tan poca cosa”. Le responde otra cosa, “ciertamente yo estaré contigo; y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre” (Jueces 6:16). El argumento de Dios nunca es inflar tu autoimagen; es sumarse Él a la ecuación. Con Gedeón y sus trescientos hombres, la matemática de Dios funcionó contra un ejército que la Biblia compara con langostas en multitud (Jueces 7:12).

David: el hijo que no invitaron a la reunión

El tercer caso es el propio autor del Salmo 139. Cuando Samuel llegó a Belén a ungir al próximo rey, Isaí presentó a siete de sus hijos, uno por uno, delante del profeta. A David lo dejó en el campo con las ovejas; el profeta tuvo que preguntar si no había más, y el padre respondió “queda aún el menor, que apacienta las ovejas” (1 Samuel 16:11). Su propio padre no lo consideró candidato.

“Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1 Samuel 16:7).

Ahora vuelve a leer el Salmo 139 sabiendo esto. Cuando David escribe “no fue encubierto de ti mi cuerpo” (v. 15), lo escribe el hijo que quedó fuera de la mesa. Dios lo vio en el campo cuando su familia no lo vio en la casa. Quien ha sido pasado por alto entiende por qué este salmo celebra tanto ser visto.

dejar las mascaras y la comparacion

Los tres casos apuntan a lo mismo: la descalificación propia usa datos ciertos para sacar conclusiones falsas. Pero aquí hay que frenar, porque este punto tiene un borde peligroso. Si Dios me hizo así, ¿entonces no cambio nada? ¿Aceptarse es quedarse igual?

Aceptarse a uno mismo no es resignarse ni excusar el pecado

Aceptarte según la Biblia es recibir sin pelea el diseño que Dios hizo, tu cuerpo, tus capacidades, tu historia, y al mismo tiempo dejar que Él corrija lo que el pecado ha dañado. El mismo salmo sostiene las dos cosas: el versículo 14 celebra la obra, y los versículos 23-24 piden el examen, “y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”.

David no vio contradicción entre alabar por su diseño y pedir corrección por su camino, porque son cosas distintas. El bordado no se toca; el camino sí. Confundirlas produce los dos errores opuestos: odiar lo que Dios hizo, o proteger lo que Dios quiere corregir.

Qué se recibe y qué se corrige

Se recibe lo que Dios hizo: tu estatura, tus rasgos, tu temperamento de base, la familia y la época donde te puso. Pelear con eso es pelearle al Bordador su trabajo, y es una pelea que no puedes ganar y que te desgasta cada día que la sostienes.

Se corrige lo que el pecado ha hecho con el diseño: los hábitos que te dañan el cuerpo que dices aceptar, las reacciones que hieren a los que amas, eso que sabes que tienes que cambiar delante de Dios y llevas tiempo dejando pendiente. Decir “Dios me hizo así” para proteger un pecado es usar el versículo 14 en contra del versículo 24; el salmo no te presta sus palabras para eso.

El propio David es el mejor ejemplo del equilibrio. El hombre que escribió “maravillosas son tus obras” también escribió, después de su peor caída, “ten piedad de mí, oh Dios… borra mis rebeliones” (Salmo 51:1). Aceptación y arrepentimiento cupieron en la misma persona porque apuntan a blancos distintos: una mira el diseño, el otro mira la conducta. Queda un enemigo por nombrar, el que sabotea la aceptación incluso cuando ya entendiste todo lo anterior. ¿Qué dice la Biblia de la comparación?

¿Qué dice la Biblia sobre compararse con los demás?

La Biblia trata la comparación como una medida sin juicio y como una carga que no te corresponde. Pablo lo escribió sin rodeos a una iglesia donde los líderes competían entre sí.

“Pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos.” (2 Corintios 10:12).

El contexto es concreto: en Corinto habían aparecido predicadores que se recomendaban a sí mismos y armaban rankings entre ellos. Pablo diagnostica el problema de raíz, la regla está mal. Medirte contra otra persona es medir con una vara que no fue hecha para ti; por eso el resultado siempre sale torcido, o soberbia si ganas, o desprecio propio si pierdes.

Gálatas da la alternativa, “así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro” (Gálatas 6:4). Tu trabajo se evalúa contra tu llamado, no contra el llamado del otro. La comparación te roba dos veces: te quita el gusto por lo que sí recibiste y te obsesiona con lo que no era para ti.

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“¿Y qué de éste?”: la comparación en labios de Pedro

Hasta un momento tan sagrado como una restauración fue interrumpido por la comparación. Jesús acababa de restaurar a Pedro junto al fuego y de anunciarle cómo iba a morir, y Pedro, al ver a Juan, preguntó “Señor, ¿y qué de éste?”. La respuesta de Jesús cierra el tema, “si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú” (Juan 21:21-22). Dos palabras al final, sígueme tú. El plan del otro no es asunto tuyo; tu camino sí.

Y el Antiguo Testamento muestra a dónde llega la comparación sin freno. Una canción bastó, “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles” (1 Samuel 18:7). Desde ese día Saúl “no miró con buenos ojos a David” (1 Samuel 18:9), y esa mirada torcida gobernó el resto de su vida, lo llevó a perseguir por el desierto al hombre que le tocaba el arpa. La comparación no se queda en tu cabeza; termina decidiendo cómo tratas a los demás.

La salida no es esforzarte por no mirar al otro, sino saber con claridad quién eres tú delante de Dios; cuando eso está resuelto, la vida ajena deja de ser una amenaza. Ese es el tema completo del estudio sobre identidad en Cristo, quién eres según la Biblia, y es el complemento natural de este salmo.

Preguntas frecuentes sobre el Salmo 139:14

¿Qué significa “asombrosa y maravillosamente he sido hecho”?

Es la traducción que versiones como La Biblia de las Américas dan al Salmo 139:14, donde la RVR1960 dice “formidables, maravillosas son tus obras”. El hebreo usa el verbo palah, ser distinto o apartado, y un término de la raíz de yaré, lo que produce asombro reverente. David declara que fue hecho como obra singular, distinta de todas, y que el diseño de su cuerpo es motivo de alabanza a Dios, no de comparación con otros.

¿Quién escribió el Salmo 139 y de qué trata?

Lo escribió David, según el encabezado del propio salmo. Trata del conocimiento total que Dios tiene de cada persona, y avanza en cuatro movimientos: Dios te conoce por completo (vv. 1-6), Dios está contigo en cualquier lugar (vv. 7-12), Dios te formó en el vientre de tu madre (vv. 13-16) y la invitación final a que Dios examine y corrija el corazón (vv. 23-24). El versículo 14 es la reacción de David al descubrir cómo fue formado.

¿Qué significa “examíname, oh Dios, y conoce mi corazón”?

En el Salmo 139:23-24 David invita a Dios a revisar su interior y a señalar cualquier “camino de perversidad” para ser guiado por el “camino eterno”. El verbo hebreo es jaqar, excavar como un minero, el mismo del versículo 1. La petición muestra que aceptarse delante de Dios incluye dejarse corregir: David celebra su diseño en el versículo 14 y somete su conducta a examen en el 23, sin contradicción entre ambas cosas.

¿Qué dice la Biblia sobre la autoestima?

La Biblia no usa la palabra autoestima, pero sí establece la base del valor de cada persona: fuiste creado a imagen de Dios (Génesis 1:27), eres hechura suya con obras preparadas de antemano (Efesios 2:10) y Jesús asume un cuidado sano de uno mismo al mandar amar al prójimo “como a ti mismo” (Marcos 12:31). La diferencia con la autoestima secular está en el punto de apoyo: no es tu opinión sobre ti, que sube y baja, sino la intención con la que Dios te hizo, que no cambia.

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Lo que puedes hacer hoy

Este salmo se estudia mejor con lápiz que con prisa. Lee el Salmo 139 completo y marca sus cuatro partes con tus propias palabras al margen: me conoce, está conmigo, me formó, puede corregirme. Ese mapa de cuatro frases es el que vas a necesitar el próximo día malo frente al espejo.

Después haz el ejercicio incómodo: escribe las dos o tres cosas de ti que más te cuesta aceptar. Sepáralas en dos columnas, lo que Dios diseñó y lo que toca corregir. Lo de la primera columna llévalo a Dios con el versículo 14, dando gracias por una obra que no habías querido mirar como obra. Lo de la segunda, con la oración del propio David en los versículos 23-24, que es pedir el examen y la guía, no cargar la culpa a solas.

Y vigila esta semana el momento exacto en que te comparas, que casi siempre tiene lugar y hora, muchas veces con el teléfono en la mano. Cuando lo detectes, recuerda la respuesta de Jesús a Pedro, “¿qué a ti? Sígueme tú”, y vuelve a tu propia obra como dice Gálatas 6:4.

Te dejo una pregunta para la semana: si Dios te bordó puntada por puntada y vio tu embrión antes de que tuvieras forma, ¿qué te dice eso de la parte de ti que llevas años queriendo esconder? Y si este estudio te sirvió, compártelo con alguien que pelea con su espejo; puede que nadie le haya mostrado que ese versículo de taza tiene todo esto adentro.

Sigue estudiando: la aceptación se sostiene sabiendo quién eres delante de Dios. Continúa con Identidad en Cristo: ¿quién soy según la Biblia? y con ¿Qué es el amor propio según la Biblia?

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