Pocos temas de la Biblia han producido tanto miedo y tanta confusión como la marca de la bestia y el número 666. Se ha dicho que es un chip, una vacuna, un código de barras, una tarjeta. Y mientras tanto, el pasaje que la menciona, Apocalipsis 13:16-18, casi nunca se lee completo ni se explica con su contexto.
En este estudio vamos a hacer exactamente eso. Qué dice el texto palabra por palabra, qué significa el 666 y cómo se calculaba un nombre en la antigüedad, por qué la marca va en la frente y en la mano, quién es la bestia según las lecturas principales, qué no es la marca, y por qué el creyente no tiene que vivir con miedo a recibirla por accidente. Empecemos por la pregunta de base.
¿Qué es la marca de la bestia según la Biblia?
Según la Biblia, la marca de la bestia es la señal de pertenencia y adoración al poder que Apocalipsis llama “la bestia”; quien la lleva participa de su sistema y puede comprar y vender dentro de él, y quien no la lleva queda excluido. No es un objeto suelto; es la contraseña visible de una lealtad. El pasaje completo dice así.
Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.
Apocalipsis 13:16-18 (RV1960)
El texto exacto de Apocalipsis 13:16-18, frase por frase
Leamos despacio, como se estudia un documento importante. Primero, “hacía que a todos… se les pusiese una marca”. El sujeto de ese verbo es la segunda bestia del capítulo, no un demonio escondido; es un poder que impone la marca públicamente, a la vista, sobre categorías sociales completas: pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos.
Segundo, “que ninguno pudiese comprar ni vender”. La presión de la marca es económica. Al que no la lleva no lo describen escondido en una cueva; lo describen fuera del mercado, sin poder trabajar ni comerciar. La fidelidad a Dios, en este cuadro, cuesta el bolsillo antes que la vida.
Tercero, “el que tiene entendimiento, cuente el número”. Fíjate en el verbo: contar, calcular. Juan no plantea un misterio impenetrable; invita a sus lectores a hacer una cuenta que ellos sabían hacer. Y añade la pista mayor del pasaje: “es número de hombre”. El 666 apunta a un nombre humano, no a una fuerza abstracta.
La palabra griega para marca es járagma, y en el mundo de Juan tenía usos concretos: el sello imperial que validaba documentos comerciales y la impronta del emperador acuñada en las monedas. El primer lector escuchaba “járagma” y pensaba en el aparato de Roma, no en tecnología del futuro. Ese trasfondo va a importar durante todo el estudio.
Las dos bestias de Apocalipsis 13: quién impone la marca
Para entender la marca hay que conocer el capítulo entero, porque en Apocalipsis 13 no hay una bestia sino dos. La primera sube del mar, con diez cuernos y siete cabezas, y el dragón, que en Apocalipsis 12:9 queda identificado como Satanás, le entrega “su poder y su trono, y grande autoridad” (Apocalipsis 13:2). Es un poder político que exige lo que ningún gobierno puede exigir: adoración.
Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?
Apocalipsis 13:4 (RV1960)
Ese grito, “¿quién como la bestia?”, es una copia deformada de un canto que Israel conocía de memoria: “¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses?” (Éxodo 15:11). El capítulo está construido sobre imitaciones; la bestia recibe una herida de muerte y sana (Apocalipsis 13:3), remedo de la resurrección de Cristo. Guarda ese dato, porque la marca también va a resultar una imitación.
La segunda bestia sube de la tierra, “tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón” (Apocalipsis 13:11). Apariencia mansa, voz de serpiente: es el brazo religioso y propagandístico del sistema, el que hace que la tierra adore a la primera bestia (13:12) y el que impone la marca (13:16). Con el cuadro montado, vamos al número que ha dado tanto de qué hablar. ¿Qué significa exactamente el 666?
¿Qué significa el 666 en la Biblia?
El 666 es, según el propio texto, “el número de su nombre”: un nombre humano convertido en cifra mediante un sistema que hebreos y griegos usaban a diario, donde cada letra del alfabeto tenía un valor numérico. Apocalipsis 13:18 no esconde esa clave; la declara, “es número de hombre”. Para entender la cuenta hay que conocer primero el sistema.
La gematría: cuando las letras también eran números
Ni el hebreo ni el griego antiguos tenían cifras separadas como nuestro 1, 2, 3. Usaban las letras del alfabeto: en hebreo, álef valía 1, bet valía 2, yod valía 10, qof valía 100. Cualquier palabra era, a la vez, una suma. A esa práctica de sumar el valor de las letras de un nombre se le llama gematría, y en griego, isopsefía.
No era un código de iniciados; era un juego callejero. En las ruinas de Pompeya, sepultada el año 79, apareció un grafiti que dice “amo a aquella cuyo número es 545”: un enamorado cifrando el nombre de su chica para que solo ella se reconociera. Cuando Juan escribió “cuente el número”, sus lectores del siglo primero sabían exactamente qué operación hacer.
Esto explica también por qué el número protegía al que escribía. Apocalipsis circuló en un imperio que perseguía cristianos; acusar por escrito al emperador con nombre propio ponía en riesgo a cada iglesia que guardara una copia. Un número decía lo mismo a quien tenía entendimiento, y no le daba pruebas al acusador.
Nerón César: la lectura histórica del 666
¿Y qué nombre suma 666? El candidato con más respaldo entre los estudiosos es Nerón. El título “Nerón César”, escrito en letras hebreas como Nerón Qesar (נרון קסר), suma exactamente 666: nun 50, resh 200, vav 6, nun 50, qof 100, sámej 60, resh 200. Haz la cuenta; da 666.
El nombre no es un candidato cualquiera. Nerón fue el primer emperador que persiguió cristianos de forma organizada; tras el incendio de Roma en el año 64, el historiador romano Tácito registra que los usó como culpables públicos y los ejecutó en masa. La tradición más antigua de la iglesia ubica en esa persecución la muerte de Pedro y de Pablo.
Para las iglesias que recibieron Apocalipsis, Nerón no era historia lejana; era el rostro reciente del imperio cuando decidía devorar creyentes. Que su nombre sumara 666 en el idioma de las Escrituras era una manera de decir, sin escribirlo, quién encarnaba a la bestia. Y hay un dato de manuscritos que confirma esta lectura desde muy temprano.
La variante 616: el dato de los manuscritos que casi nadie cuenta
Algunos manuscritos antiguos de Apocalipsis no dicen 666 sino 616. El testimonio más notable es el Papiro 115, un fragmento del siglo tercero hallado en Oxirrinco, Egipto, que es de las copias más antiguas que existen de este pasaje; el Códice Efraimí, del siglo quinto, también trae 616. Ireneo de Lyon, escribiendo alrededor del año 180, ya conocía la variante y defendía que la cifra original era 666.
¿Un error de copista? Mira lo que pasa con la cuenta. “Nerón César” escrito desde su forma latina, Nero sin la ene final, pierde en hebreo una letra nun, que vale 50. Y 666 menos 50 da exactamente 616. La variante no rompe el cálculo; lo confirma.
Es decir, algún copista antiguo entendió tan bien que el número cifraba a Nerón, que lo ajustó a la ortografía latina del nombre para que a sus lectores les siguiera dando la cuenta. Las dos cifras, cada una en su idioma, señalan al mismo hombre. Ahora bien, si el número identifica un nombre, ¿por qué precisamente uno que repite el seis tres veces? Ese diseño también comunica algo.
¿Qué representa el número 6 frente al 7 en la Biblia?
En el lenguaje numérico de la Biblia, el 7 funciona como el número de lo completo, y el 6 es quedarse a uno de llegar; el 666 es quedarse corto tres veces seguidas. No es superstición ni magia de números; es el simbolismo que el propio Apocalipsis usa de principio a fin, con sus siete iglesias, siete sellos, siete trompetas y siete copas.
El patrón nace en Génesis. Dios crea en seis días y el séptimo reposa, bendice ese día y lo santifica (Génesis 2:2-3); el siete quedó asociado a la obra terminada. ¿Y qué fue creado el día sexto? El hombre (Génesis 1:27,31). El seis es el número de lo humano: bueno, hecho a imagen de Dios, pero incompleto sin el reposo del séptimo día, sin Dios mismo.
La repetición triple también tiene eco bíblico. Cuando la Escritura quiere llevar algo a su grado máximo, lo dice tres veces: los serafines claman “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:3), y los seres vivientes de Apocalipsis 4:8 repiten el mismo triple canto. El 666 es la contracara de ese canto: lo humano elevado a su máxima pretensión, un hombre haciéndose adorar como Dios, y aun así quedándose corto una, dos y tres veces.
Con el número entendido, queda la otra mitad del versículo 16. ¿Por qué la marca va justamente en la frente o en la mano derecha? Ese detalle tampoco es decorativo, y para verlo hay que ir a Deuteronomio.
¿Qué significa la marca en la frente y en la mano derecha?
La frente y la mano son, en el lenguaje de la Biblia, los dos lugares donde se declara a quién perteneces: la frente representa lo que piensas y crees, y la mano representa lo que haces. Una marca en ambos lugares dice que la lealtad tomó los pensamientos y las obras. Israel conocía ese lenguaje desde el corazón de su fe.
Deuteronomio 6: la Palabra atada en la mano y en la frente
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón… Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos.
Deuteronomio 6:6,8 (RV1960)
Este pasaje viene inmediatamente después del Shemá, “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4), la confesión que un israelita recitaba cada mañana y cada noche. Dios manda atar sus palabras como señal en la mano y como frontales entre los ojos; con el tiempo, los judíos lo practicaron de forma literal con las filacterias, pequeñas cajas de cuero con pasajes de la Ley atadas al brazo y a la frente.
El sentido del mandato es claro: que la Palabra de Dios gobierne lo que piensas (la frente) y lo que haces (la mano). Cuando Apocalipsis describe una marca en la frente o en la mano derecha, está usando ese mismo mapa del cuerpo. La bestia no inventa el lenguaje; lo roba. Reclama para sí los dos territorios que Deuteronomio había reservado para Dios.
¿Cuál es el sello de Dios en la frente de sus siervos?
Aquí está la clave que ordena todo el tema, y es la que menos se predica: antes de que aparezca la marca de la bestia en Apocalipsis 13, Dios ya había sellado a los suyos en Apocalipsis 7. El orden de los capítulos importa; el sello es primero, la marca es la copia.
No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.
Apocalipsis 7:3 (RV1960)
En el mundo antiguo, el sello tenía dos funciones: declarar propiedad y garantizar protección. Un documento sellado estaba respaldado por su dueño; una mercancía sellada viajaba bajo su nombre. Sellar a los siervos en la frente es declarar públicamente: estos son míos y respondo por ellos. El profeta Ezequiel ya había visto algo igual, una señal puesta en la frente de los que gemían por el pecado de la ciudad, antes del juicio (Ezequiel 9:4).
¿Y qué contiene ese sello? Apocalipsis 14:1 lo dice con exactitud: los sellados tienen “el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente”. El sello de Dios es su nombre sobre tu mente, su carácter marcando tus pensamientos. Y la escena final del libro cierra el círculo: “verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Apocalipsis 22:4).
La marca de la bestia como parodia del sello de Dios
Pon las dos imágenes juntas y el capítulo 13 se vuelve transparente. Dios sella a sus siervos en la frente con su nombre; la bestia marca a los suyos en la frente o en la mano con el suyo. Dios escribe su nombre; la bestia, su número. Es el mismo patrón de imitación que ya vimos: la herida sanada imita la resurrección, el “¿quién como la bestia?” imita el canto de Éxodo, y la marca imita el sello.
Satanás no crea; falsifica. Y una falsificación necesita un original: la marca de la bestia solo existe porque existe primero el sello de Dios. Esto reordena la pregunta con la que muchos viven angustiados. La cuestión de fondo no es qué objeto evitar, sino qué nombre llevas en la frente, es decir, quién gobierna tus pensamientos y tus obras. Falta ponerle rostro al falsificador. ¿Quién es la bestia?
¿Quién es la bestia de Apocalipsis 13? Las interpretaciones principales
El texto no da un nombre en letras; da un retrato: un poder político con brazo religioso que exige la adoración que pertenece a Dios y castiga económicamente a quien se la niega. Sobre ese retrato, los estudiosos serios sostienen tres lecturas principales, y conviene conocerlas sin casarse a gritos con ninguna, porque cada una tiene apoyo en el texto.
La lectura histórica: Nerón y el imperio romano
La primera lectura ve en la bestia a Roma y en su número a Nerón, como ya calculamos. El encaje histórico es fuerte. Las siete iglesias de Apocalipsis estaban en Asia Menor, la región más entusiasta del culto al emperador: Pérgamo tenía templo dedicado a Roma y a Augusto desde el año 29 antes de Cristo, y Apocalipsis llama a esa ciudad el lugar “donde está el trono de Satanás” (Apocalipsis 2:13).
Hasta el detalle de comprar y vender tiene correlato: los oficios de aquellas ciudades se organizaban en gremios, y las reuniones de gremio incluían honores al dios patrono y al emperador. Un artesano cristiano que no participaba quedaba fuera del gremio, y fuera del gremio no había clientes. La exclusión económica por negarse a adorar no era una profecía lejana para el primer lector; era su martes.
La lectura futura y la lectura de cada época
La segunda lectura ve en Apocalipsis 13 un sistema final, todavía futuro, encabezado por un anticristo personal antes del regreso de Cristo. Su mejor apoyo está en Pablo: “el hombre de pecado… se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:3-4). Lo que Nerón anticipó tendría, en esta lectura, una edición final y mundial.
La tercera lectura ve en la bestia un patrón que se repite: cada época produce poderes que piden la lealtad total que solo Dios merece, y cada generación de creyentes enfrenta su propia versión de la disyuntiva de Apocalipsis 13. Las tres lecturas no se anulan; las tres coinciden en el centro del pasaje, que es la adoración. La bestia, tenga el rostro que tenga, siempre se reconoce por lo mismo: exige lo que es de Dios.
Apocalipsis acompaña a la bestia con otra figura, una ciudad-ramera que monta sobre ella y comercia con las almas; ese estudio lo tienes completo en ¿Quién es Babilonia la grande?, y complementa este capítulo. Ahora sí, bajemos al terreno donde vive el miedo de tanta gente. ¿Es el chip? ¿Es la vacuna? ¿Puedo recibir la marca sin saberlo?
¿El chip, las vacunas o los códigos de barras son la marca de la bestia?
No. Ningún chip, vacuna, código ni documento cumple lo que el texto describe, porque en Apocalipsis la marca va inseparablemente unida a una decisión de adoración, y ningún objeto que te pongan o te apliquen te hace adorar a nadie. Esto no lo digo yo para tranquilizarte; lo dice el pasaje que describe el juicio de quienes la reciben.
Apocalipsis 14: la marca va unida a adorar a la bestia
Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios.
Apocalipsis 14:9-10 (RV1960)
Mira el orden de los verbos: adora, y recibe. La advertencia del tercer ángel no cae sobre quien porta un objeto; cae sobre quien adora a la bestia y, como expresión de esa adoración, recibe su marca. En Apocalipsis 13 el orden es el mismo: primero el capítulo describe a la tierra adorando a la bestia (13:4,8,12), y después aparece la marca (13:16) como sello de esa lealtad ya entregada.
La marca es la consecuencia visible de una rendición interior, igual que el sello de Dios es la expresión de una pertenencia. Por eso un objeto sin adoración no es la marca, del mismo modo que una cruz colgada al cuello no convierte a nadie en siervo de Dios. Lo decisivo, en los dos casos, no está en la piel; está en la lealtad.
Nadie recibe la marca de la bestia por accidente
Cada generación reciente ha tenido su candidato a marca. En los años setenta fueron los códigos de barras; después las tarjetas de crédito, los chips de mascotas, los documentos biométricos, y en la pandemia, las vacunas. Los candidatos pasan de moda uno tras otro, y el texto sigue diciendo lo que siempre dijo: la marca acompaña a la adoración de la bestia.
Este dato pastoral te lo escribo despacio porque he visto el daño que causa el miedo: nadie recibe la marca de la bestia por accidente, sin saberlo, dormido o engañado en una fila. El cuadro de Apocalipsis 13 es una disyuntiva pública y consciente entre adorar a la bestia o permanecer con el Cordero; el capítulo describe presión, no trampa. Un Dios que sella a los suyos antes de soltar los juicios (Apocalipsis 7:3) no permite que sus hijos queden condenados por un descuido.
El miedo a los objetos tiene además un costo espiritual: te pone a vigilar códigos y agujas, y te distrae de vigilar lo único que el pasaje vigila, la adoración. Se puede tener la piel limpia de chips y la frente entregada a otros señores. La pregunta que el texto te hace no es qué llevas en la mano, sino para quién trabaja tu mano. Y esa pregunta nos lleva al final del estudio: ¿cómo se vive esto sin miedo?
¿Cómo no recibir la marca de la bestia? La seguridad del creyente
No se evita la marca escondiéndose de la tecnología; se evita perteneciendo al que sella. La marca es de quienes adoran a la bestia, y el creyente ya lleva otro nombre en la frente. Apocalipsis mismo describe cómo se ve esa pertenencia en medio de la presión.
“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.” (Apocalipsis 14:12).
Ese versículo viene justo después de la advertencia sobre la marca, y es la respuesta de Dios a ella: no un plan de escape, sino perseverancia con contenido concreto, guardar sus mandamientos y la fe de Jesús. El pasaje no te pide descifrar al próximo candidato a bestia; te pide una vida de obediencia sostenida mientras el sistema presiona.
Seamos honestos con el costo, porque el texto lo es: no poder comprar ni vender significa que la fidelidad puede costar trabajo, negocio y posición. Apocalipsis nunca promete que seguir al Cordero salga gratis; promete algo mejor, que ninguna presión del sistema puede arrancarte de las manos que te sostienen. Jesús lo dijo con sus propias palabras.
“Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (Juan 10:28-29).
Dos manos cerradas sobre la misma oveja, la del Hijo y la del Padre. Esa es la imagen con la que debes leer Apocalipsis 13: la bestia puede marcar a los suyos, pero no puede arrebatar a los que no le pertenecen. El capítulo más temido de la Biblia está rodeado, antes y después, por capítulos de sellados y de cantos; el miedo se cura leyéndolo completo y en su lugar.
Y ahí hay un hábito que te protege más que cualquier teoría: aprender a leer cada pasaje dentro de su libro y de su contexto, en vez de recibirlo en pedazos por videos alarmistas. Ese método te lo dejé paso a paso en cómo leer la Biblia, y es la mejor vacuna contra el sensacionalismo profético. Antes de cerrar, respondamos las dudas que más se repiten sobre este tema.
Preguntas frecuentes sobre la marca de la bestia y el 666
¿Dónde habla la Biblia de la marca de la bestia?
El pasaje central es Apocalipsis 13:16-18, donde la segunda bestia impone una marca en la mano derecha o en la frente, sin la cual nadie puede comprar ni vender, y se da el número 666. La marca vuelve a mencionarse en Apocalipsis 14:9-11 (la advertencia del tercer ángel), 15:2 (los que la vencieron), 16:2 (la primera copa cae sobre quienes la tienen), 19:20 y 20:4. Leer las seis menciones juntas muestra el patrón: la marca siempre aparece asociada a adorar a la bestia y a su imagen, nunca como un objeto suelto.
¿Qué pasa si alguien recibe la marca de la bestia?
Apocalipsis 14:9-11 dice que quien adora a la bestia y recibe su marca beberá del vino de la ira de Dios y no tendrá reposo. Es la advertencia más severa del libro, y su función es la de toda advertencia bíblica: no anticipar una condena inevitable, sino evitarla mientras hay tiempo, como el aviso de Dios a Caín antes del desastre (Génesis 4:7). Nota que el juicio recae sobre el conjunto adoración más marca; por eso el mismo capítulo llama a los creyentes a perseverar guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apocalipsis 14:12).
¿El 666 es el número del diablo?
No exactamente; Apocalipsis 13:18 dice que es “número de hombre”, el valor numérico del nombre de la bestia, y la cuenta con más respaldo histórico señala a Nerón César, que en letras hebreas suma 666. El diablo aparece en el capítulo como el dragón que da autoridad a la bestia (Apocalipsis 13:2,4), pero el 666 cifra al poder humano que él usa, no a él mismo. Tampoco es un número con poderes: ver un 666 en una placa, una factura o una dirección no te contamina ni te marca; esa idea es superstición, no Escritura.
¿Puedo recibir la marca de la bestia sin darme cuenta?
No. En el texto, la marca sigue a la adoración: Apocalipsis 14:9 condena a quien “adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca”, en ese orden. Recibirla es el desenlace visible de una lealtad ya decidida, dentro de una disyuntiva pública entre la bestia y el Cordero; el pasaje describe presión abierta, no un engaño silencioso a gente distraída. Además, Dios sella a sus siervos antes de los juicios (Apocalipsis 7:3); los que son de Cristo llevan su nombre en la frente (Apocalipsis 14:1) y nadie los arrebata de su mano (Juan 10:28-29).
Lo que puedes hacer hoy
Haz el ejercicio que deshace el miedo: lee Apocalipsis 13 y 14 juntos, de corrido, y anota el contraste con dos columnas: qué hace la bestia con los suyos y qué hace el Cordero con los suyos. Vas a ver con tus propios ojos que el capítulo de la marca está respondido por el capítulo del sello, y que Juan los escribió pegados a propósito.
Después hazte la pregunta del pasaje, no la de los videos alarmistas: ¿qué gobierna hoy mis pensamientos y mis obras, mi frente y mi mano? Ahí se decide este tema, en la adoración de cada semana, no en la fila de una farmacia.
Te dejo una pregunta para estos días. Si alguien examinara tu agenda y tus gastos del último mes, ¿qué nombre diría que llevas en la frente? Y si este estudio te quitó un miedo que cargabas hace años, compártelo con alguien que sigue asustado con el 666; ese miedo se hereda, pero también se desarma con la Palabra.
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