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Las 70 semanas de Daniel explicadas

agosto 6, 2026
Esta lectura forma parte de la guía Profecía y fin de los tiempos.

Las 70 semanas de Daniel son un período profético de setenta grupos de siete años —490 años en total— que Dios determinó sobre Israel y sobre Jerusalén para resolver el problema del pecado y traer al Mesías. Están registradas en Daniel 9:24-27 y llegaron por boca del ángel Gabriel mientras Daniel oraba en Babilonia: cuatro versículos que dan un calendario, anuncian la muerte de un Ungido y predicen la destrucción de una ciudad.

Si has buscado sobre este tema ya te topaste con el problema: un sitio dice que la cuenta empezó en el 457 a.C. y otro que en el 445 a.C.; uno dice que la semana setenta se cumplió con Cristo y otro que está pendiente.

¿Qué son las 70 semanas de Daniel y por qué se dieron?

Las 70 semanas de Daniel son un bloque de 490 años asignado a un pueblo y a una ciudad, revelado en Daniel 9:24-27 como respuesta directa a una oración. No cayeron del cielo sin motivo: llegaron mientras Daniel confesaba el pecado de Israel y pedía el fin del exilio.

Daniel lleva casi setenta años en Babilonia. Fue llevado cautivo siendo un adolescente y ahora es un anciano que ha servido bajo Nabucodonosor y ha visto caer el imperio. Un día, revisando los rollos, encuentra algo.

En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años.

Daniel 9:2 (RVR1960)

Ese versículo tiene más peso del que parece. Jeremías había anunciado que el cautiverio duraría setenta años (Jeremías 25:11-12; 29:10), y Daniel saca la cuenta: el plazo está por vencerse. Su reacción no fue esperar sentado, sino buscar a Dios “en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza” (Daniel 9:3). La promesa fechada no le quitó la oración; se la provocó.

Gabriel llega mientras él ora, “como a la hora del sacrificio de la tarde” (Daniel 9:21), la de un templo que llevaba setenta años en ruinas: Daniel seguía marcando la hora de un altar que ya no existía. Y el ángel le dice: “al principio de tus ruegos fue dada la orden” (Daniel 9:23). Daniel preguntó por setenta años de exilio; la respuesta le da setenta semanas de años. El problema que él veía era la ciudad derribada; el problema que Dios responde es el pecado que la derribó.

¿Qué significa “setenta semanas” en Daniel 9:24?

“Setenta semanas” traduce el hebreo shavuim shivim, y shavúa no significa necesariamente siete días: significa “un siete”, un septenario. Por eso muchas traducciones modernas ponen “setenta sietes” y las versiones antiguas usaban el término griego hebdómada. La unidad la define el contexto, y el de Daniel 9 es de años.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Daniel 9:24 (RVR1960)

Por qué se entienden como semanas de años (490 años)

La lectura tradicional, sostenida por judíos y cristianos desde antes de la era cristiana, entiende cada shavúa como siete años: setenta por siete da 490 años. Hay tres razones de peso dentro del propio texto bíblico.

  • El contexto inmediato. Daniel viene contando años de exilio en Jeremías; Gabriel responde en la misma moneda, multiplicada por siete.
  • El contenido no cabe en días. Setenta semanas literales son poco más de un año, plazo en el que no cabe reconstruir Jerusalén, ver llegar a un Mesías, verlo morir y ver caer la ciudad.
  • El calendario sabático. Dios advirtió cuatro veces que castigaría “siete veces” más la desobediencia persistente (Levítico 26:18, 21, 24, 28), y el cronista explica que el exilio duró setenta años para que la tierra descansara los años sabáticos que Israel le había robado (2 Crónicas 36:21).

Hay además un detalle del hebreo. El verbo traducido “están determinadas” es chatak, aparece una sola vez en el Antiguo Testamento y significa cortar, separar una porción de algo mayor. Estos 490 años son un pedazo recortado del tiempo y apartado con un propósito sobre “tu pueblo y tu santa ciudad”: Israel y Jerusalén, no el mundo entero.

ángel Gabriel apareciendo ante Daniel mientras ora en Babilonia a la hora del sacrificio de la tarde

Los seis propósitos de las 70 semanas (Daniel 9:24)

Daniel 9:24 enumera seis metas que se cumplirían dentro de las setenta semanas, en dos grupos de tres: las primeras tratan el problema del pecado, las últimas traen lo que lo reemplaza.

  • Terminar la prevaricación. El hebreo pesha no es un tropiezo sino una rebelión deliberada, el término usado cuando un vasallo se levantaba contra su rey.
  • Poner fin al pecado. Aquí la palabra es chatta’ah, errar el blanco, con el matiz de sellar y dejar fuera de circulación: lo que se frena en el primero, se archiva en el segundo.
  • Expiar la iniquidad. El verbo kaphar, término técnico de los sacrificios y raíz de Yom Kippur: cubrir, pagar el precio que cancela una deuda.
  • Traer la justicia perdurable. Literalmente, una justicia de los siglos; no una reforma temporal como las de Ezequías o Josías, que duraron lo que duró el rey.
  • Sellar la visión y la profecía. Sellar era autenticar un documento; cuando lo anunciado se cumple, la profecía queda validada y cerrada.
  • Ungir al Santo de los santos. Qódesh qadashim se usa para el lugar santísimo del templo, aunque otros lo leen como una persona: “Mesías” significa precisamente “ungido”.

Mira el tercero otra vez, porque es el que sostiene todo. Gabriel anuncia una expiación definitiva en un momento en que el templo estaba destruido y no había un solo altar funcionando en Jerusalén. Le está diciendo a Daniel que el pecado que acaba de confesar tendrá un pago, y que ese pago está fechado.

constructores levantando el muro de Jerusalén con una mano en la herramienta y la otra en el arma

¿Cómo se dividen las 70 semanas de Daniel? 7 + 62 + 1

Las setenta semanas no corren como un bloque uniforme. Daniel 9:25-27 las parte en tres tramos desiguales, y cada corte está marcado por un acontecimiento distinto: “desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos” (Daniel 9:25).

Las primeras 7 semanas: 49 años para reconstruir la ciudad

El primer tramo son siete semanas, 49 años, desde la orden de restaurar Jerusalén hasta que la ciudad queda reconstruida “en tiempos angustiosos”. Lee Nehemías y verás esos tiempos con nombre y apellido: Sanbalat y Tobías se burlaban de la obra (Nehemías 4:1-3), luego conspiraron para atacar, y los constructores terminaron trabajando con una mano en la herramienta y la otra en el arma (Nehemías 4:17).

Las 62 semanas siguientes: 434 años hasta el Mesías Príncipe

El segundo tramo son sesenta y dos semanas, 434 años, desde la ciudad terminada hasta la aparición del “Mesías Príncipe”, título doble: ungido y gobernante a la vez. Sumando los dos tramos: 49 + 434 = 483 años desde la orden hasta el Mesías. Es el período más silencioso de la Biblia: después de Malaquías pasan cuatro siglos sin profeta, caen los persas ante Alejandro, Antíoco IV profana el templo y Roma toma Jerusalén en el 63 a.C. La profecía atraviesa esa turbulencia sin mencionarla, porque solo le interesa el punto de llegada.

La semana 70: el tramo que separa las interpretaciones

Queda una semana, siete años, y ahí se abre el debate. Una escuela sostiene que hay un paréntesis entre la semana 69 y la 70 y que ese tramo es futuro; otra, que las setenta corrieron seguidas y que quien confirma el pacto es Cristo. Tienes cada postura con su argumento fuerte y su punto débil en el estudio dedicado a la semana 70 de Daniel.

rollo antiguo con la profecía de las setenta semanas de Daniel

¿Cuándo empezaron las 70 semanas de Daniel? Los decretos en discusión

Las setenta semanas empiezan con “la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén” (Daniel 9:25), y la historia persa registra tres decretos candidatos. Cada uno lleva la cuenta a un lugar distinto.

El decreto de Ciro (538 a.C.). Ciro el Grande permitió a los judíos regresar y reedificar la casa de Dios (Esdras 1:1-4); Isaías lo había nombrado un siglo antes anunciando que diría de Jerusalén “será edificada” (Isaías 44:28). El problema es que ese edicto autoriza el templo, y Daniel 9:25 habla de restaurar la ciudad, con plaza y muro. Jerusalén siguió sin murallas durante décadas (Nehemías 1:3).

El decreto a Esdras (458-457 a.C.). La carta que Artajerjes I entregó a Esdras (Esdras 7:11-26) financia el culto con fondos del tesoro real y lo faculta para nombrar magistrados y jueces en toda la provincia: no es un permiso de obra, es la restauración de un gobierno judío. Contando 483 años solares desde el 457 a.C. se llega al 27 d.C., que muchos identifican con el bautismo de Jesús, cuando fue ungido con el Espíritu Santo (Hechos 10:38). Su flanco es que no menciona los muros.

El decreto a Nehemías (445 a.C.). El mismo Artajerjes dio permiso a Nehemías en el año veinte de su reinado (Nehemías 2:1-8), con madera del bosque real “para el muro de la ciudad”. Es el único que habla de muros y puertas, el lenguaje exacto de Daniel 9:25. Su problema es aritmético: 483 años solares desde el 445 a.C. llevan al 38 d.C., demasiado tarde. Para que aterrice en la vida de Jesús hay que contar años de 360 días, cálculo con su propia discusión en el estudio sobre el año profético de 360 días.

Nehemías presentando el decreto real de Artajerjes para reconstruir los muros de Jerusalén

“Se quitará la vida al Mesías, mas no por sí” (Daniel 9:26)

Terminadas las sesenta y nueve semanas, Daniel 9:26 anuncia algo que ningún oyente esperaba: el Mesías no llega a reinar, llega a morir. “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario” (Daniel 9:26).

El verbo hebreo es karat, cortar. Se usa para talar un árbol y también para hacer un pacto: en hebreo un pacto no se firma, se corta, porque se ratificaba partiendo animales en dos (Génesis 15:9-18). Pero karat aplicado a una persona significaba ser eliminado del pueblo (Levítico 7:20). El Ungido de Dios recibe el trato reservado al excluido. Ese es el escándalo del versículo.

La frase “mas no por sí” traduce un hebreo escueto, ve’ein lo, “y no para él”: muere sin recibir el trono que le correspondía como Príncipe y, en el sentido que recoge la Reina-Valera, muere sin culpa propia. Muere por otros. Coloca esa frase junto a Isaías 53: “fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido… y él llevó el pecado de muchos” (Isaías 53:8, 12). El mismo verbo, la misma idea, ciento cincuenta años antes.

El Mesías no muere a pesar de la profecía; muere para cumplir la expiación anunciada en el versículo 24. Por eso Pedro presentó la cruz como un plan: Jesús fue entregado “por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hechos 2:23). Ese patrón recorre el Antiguo Testamento entero, pasaje por pasaje, en el estudio sobre las profecías cumplidas de Jesús en el Antiguo Testamento.

legiones romanas destruyendo el templo de Jerusalén en el año 70 d.C.

El príncipe que ha de venir y la ciudad destruida

Daniel 9:26 anuncia que “el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario”. La inmensa mayoría de los intérpretes identifica ese acontecimiento con la caída de Jerusalén ante las legiones romanas en el año 70 d.C., cuarenta años después de la crucifixión, tal como Jesús lo anunció: “no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:2). Tienes el asedio y el incendio del templo en el estudio sobre la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.

Sobre la identidad del príncipe hay dos lecturas. El texto no dice que el príncipe destruye la ciudad: dice que el pueblo del príncipe la destruye. Una lectura lo identifica con Tito, el general que dirigió el asedio y llegó a emperador. Otra observa que el título dice “que ha de venir”, en futuro, y entiende que el pueblo es Roma pero el príncipe es una figura posterior, la misma que Pablo llama “el hombre de pecado” (2 Tesalonicenses 2:3-4).

Preguntas frecuentes sobre las 70 semanas de Daniel

¿Cuántos años son las 70 semanas de Daniel?

Son 490 años, contando cada “semana” como un período de siete años. El hebreo shavúa significa “un siete” o septenario, y el contexto de Daniel 9 es de años porque Daniel venía contando los setenta años de exilio anunciados por Jeremías (Daniel 9:2). El total se divide en 49 años para reconstruir Jerusalén, 434 hasta el Mesías Príncipe y una semana final de siete.

¿En qué año empezaron las 70 semanas de Daniel?

Depende de qué decreto se tome como “la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén” (Daniel 9:25). El de Ciro en el 538 a.C. autorizó el templo, no la ciudad; el de Artajerjes a Esdras en el 458-457 a.C. restauró el gobierno judío y lleva la cuenta al 27 d.C.; el permiso a Nehemías en el 445 a.C. es el único que menciona muros y puertas. Las tres opciones aterrizan en el mismo siglo y en la misma persona, y ninguna cuenta discutida debería convertirse en dogma.

¿Se cumplieron las 70 semanas de Daniel en Jesús?

Los seis propósitos de Daniel 9:24 describen la obra del Mesías por el pecado, y el Nuevo Testamento aplica ese cuadro a Jesús: entró “una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:12). Lo que sigue en discusión es la ubicación de la semana setenta, no la identidad del Mesías anunciado.

Lo que puedes hacer hoy

Después de tantas fechas, vuelve al versículo que abre la profecía. Daniel 9:24 no promete un calendario: promete que la prevaricación será frenada, el pecado archivado, la iniquidad pagada y traída una justicia que no caduca. Ese es el centro del pasaje, y ninguna escuela lo discute.

Haz hoy dos cosas. Lee Daniel 9 completo, los veintisiete versículos, incluida la oración: vas a notar que la profecía llegó envuelta en una confesión de pecado, y por eso responde con una expiación del pecado. Después copia a mano los seis propósitos del versículo 24 y pregúntate cuáles ya han tocado tu vida.

Una pregunta para esta semana: si supieras la fecha exacta del regreso de Cristo, ¿qué cambiarías hoy? ¿Y por qué esperas la fecha para cambiarlo? Si el estudio te ayudó, compártelo con alguien que se quedó atrapado en las cuentas y perdió de vista al Mesías del que hablan.

Sigue estudiando: continúa con La semana 70 de Daniel: las dos interpretaciones y con Profecías cumplidas de Jesús en el Antiguo Testamento.

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