
El arca de la alianza contenía tres objetos: las tablas de piedra con los diez mandamientos, una urna de oro con maná del desierto y la vara de Aarón que reverdeció. Así lo enumera Hebreos 9:4, y cada uno de esos tres objetos entró al cofre por un motivo distinto, en un episodio distinto y con una historia que vale la pena conocer.
Este estudio recorre qué era el arca, cómo estaba construida, qué guardaba adentro y por qué siglos más tarde, cuando Salomón la instaló en el templo, solo quedaban las tablas.
Cómo era el arca de la alianza por dentro y por fuera
El arca era un cofre de madera de acacia recubierto de oro puro por dentro y por fuera, con un reborde de oro alrededor, cuatro anillos en las esquinas y dos varas de acacia para cargarlo. Dios dictó el diseño en el Sinaí con precisión de plano.
Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Y la cubrirás de oro puro; por dentro y por fuera la cubrirás.
Éxodo 25:10-11 (RV1960)
Traduce esas medidas y te llevas una sorpresa. El codo hebreo común medía alrededor de 45 centímetros, así que el arca tenía cerca de 1,15 metros de largo por 68 centímetros de alto y de ancho. El objeto más venerado del Antiguo Testamento era un baúl mediano que cabría en el maletero de un auto.
La madera de acacia no fue una elección decorativa. Es la especie que crece en el desierto del Sinaí, dura, resistente a los insectos y disponible en la ruta que el pueblo estaba recorriendo. Dios pidió un material que ellos podían conseguir, y luego pidió que lo cubrieran con el oro que habían sacado de Egipto (Éxodo 12:35-36).
Los anillos y las varas tenían una instrucción curiosa: “En los anillos del arca estarán las varas; no se quitarán de ella” (Éxodo 25:15). Las varas quedaban puestas de forma permanente, listas para cargar el arca al hombro en cualquier momento. Nadie debía tocar el cofre con las manos, y esa regla explica el episodio de Uza siglos después, que tratamos aparte en el artículo sobre por qué murió Uza al tocar el arca.

El propiciatorio y los querubines: la tapa del arca
La pieza que definía al arca no era la caja sino la tapa. En hebreo se llama kapporet, de la raíz kaphar, que significa cubrir o expiar, y las Biblias en español la traducen como propiciatorio. No era una lámina plana: era oro macizo con dos querubines labrados en los extremos, mirándose de frente con las alas extendidas hacia el centro (Éxodo 25:17-20).
Esa tapa era el punto de encuentro señalado. Dios dijo a Moisés: “Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines” (Éxodo 25:22). No dice desde el cielo, dice desde encima de esa tapa, entre esas dos figuras. El espacio vacío entre las alas funcionaba como el trono de Dios en la tierra.
Por eso a lo largo del Antiguo Testamento se repite la fórmula “Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines” (1 Samuel 4:4; 2 Samuel 6:2; Salmo 80:1), y por eso David llama al arca “el estrado de los pies de nuestro Dios” (1 Crónicas 28:2). Un trono arriba, un estrado abajo, y la caja con su contenido debajo de todo.
El acceso a ese trono ocurría un solo día al año. En el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo con sangre de un becerro y de un macho cabrío, y la rociaba sobre el propiciatorio y delante de él siete veces (Levítico 16:14-15). Guarda ese diagrama: la ley acusadora adentro de la caja, la sangre cayendo encima de la tapa.

Los tres objetos que había dentro del arca según Hebreos 9:4
El Nuevo Testamento enumera el contenido del arca en un solo versículo, y lo hace describiendo el mobiliario del tabernáculo para lectores judíos que conocían el santuario de memoria.
El cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto.
Hebreos 9:4 (RV1960)
Las tablas del pacto: la ley que ya habían quebrantado
Las tablas del pacto son las dos piedras que Moisés bajó del Sinaí con los diez mandamientos escritos. Y aquí hay un detalle que cambia la lectura del objeto: las que entraron al arca no fueron las primeras. El primer juego lo rompió Moisés al bajar del monte y ver al pueblo adorando el becerro de oro (Éxodo 32:19).
Las que se guardaron fueron las del segundo juego, las que Dios volvió a escribir después de perdonar aquella idolatría (Éxodo 34:1; Deuteronomio 10:1-5). Es decir, dentro del cofre estaba la ley que Israel ya había quebrantado antes de terminar de recibirla, conservada gracias a un perdón concedido.
Ese documento tenía una función legal concreta. En los tratados del antiguo Oriente Próximo, el texto del pacto se depositaba en el santuario del dios que actuaba como testigo. Dios adoptó ese formato conocido y lo llenó de otro sentido: el testigo del pacto y la parte que lo ofrecía eran el mismo.
La urna de maná: la queja que Dios respondió con pan
El maná era el pan que Dios dio en el desierto, y llegó como respuesta a una acusación. El pueblo, con hambre en el desierto de Sin, le reclamó a Moisés que los había sacado de Egipto “para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16:3). Dios no respondió con un castigo. Respondió con comida cada mañana durante cuarenta años.
Después ordenó guardar una porción en una vasija “para vuestros descendientes” (Éxodo 16:33), y el detalle que sorprende es este: el maná recogido de más se pudría y criaba gusanos en un solo día (Éxodo 16:20), pero el que se guardó delante del arca se conservó generaciones enteras. La misma sustancia, dos destinos distintos según quién la guardara y para qué.
Jesús retomó ese recuerdo cuando la multitud le pidió una señal comparable: “Yo soy el pan de vida… vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron” (Juan 6:48-49). El maná del arca era la memoria de una provisión diaria que sostenía el cuerpo pero no resolvía el problema de fondo.
La vara de Aarón: la rama seca que dio almendras
La vara de Aarón entró al arca después de una rebelión. Coré, junto con doscientos cincuenta líderes de la congregación, cuestionó que el sacerdocio quedara reservado a la familia de Aarón (Números 16:1-3). Tras el juicio sobre los rebeldes, el pueblo siguió murmurando, y Dios resolvió el asunto con una prueba pública.
Mandó que cada tribu presentara una vara con el nombre de su jefe escrito y que las dejaran delante del arca una noche. A la mañana siguiente, la vara de Aarón “había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras” (Números 17:8). Una rama cortada, seca, sin raíz, completó en una noche el ciclo entero de un almendro.
Dios ordenó guardarla dentro del arca “como señal a los hijos rebeldes” para que cesaran las quejas (Números 17:10). El sacerdocio no se ganaba por consenso ni por asamblea: lo asignaba Dios, y la prueba quedó archivada dentro del cofre.

¿Por qué en tiempos de Salomón solo quedaban las tablas?
Cuando Salomón instaló el arca en el templo, alrededor del 959 a.C., el texto bíblico registra un inventario que no coincide con Hebreos 9:4. Dentro del arca ya no había tres objetos, sino uno.
La frase es directa: “En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb” (1 Reyes 8:9). El maná y la vara no estaban, y 2 Crónicas 5:10 repite el dato con las mismas palabras, lo que indica que el cronista lo consideró digno de conservar.
La explicación más probable está en los años en que el arca anduvo fuera de manos israelitas. Los filisteos la capturaron en la batalla de Ebenezer y la tuvieron siete meses en su territorio, paseándola de ciudad en ciudad (1 Samuel 4:11; 5:1-12). Después estuvo veinte años en casa de Abinadab, en Quiriat-jearim (1 Samuel 7:1-2). En algún punto de ese trayecto, la urna y la vara se perdieron.
Hebreos 9:4 no se contradice con 1 Reyes 8:9. El autor de Hebreos describe el tabernáculo del desierto, no el templo de Salomón: habla del contenido original, del arca tal como Dios la mandó equipar. Los dos textos describen momentos separados por cuatro siglos.

Qué significaban juntos los tres objetos del arca
Los tres objetos guardan el registro de tres rebeliones del pueblo y de tres respuestas de Dios. Puestos uno al lado del otro, el contenido del arca es un expediente de fracasos humanos archivado bajo el trono de Dios.
- Las tablas: Israel quebrantó el pacto con el becerro de oro; Dios volvió a escribirlo.
- El maná: Israel acusó a Dios de querer matarlos de hambre; Dios los alimentó cuarenta años.
- La vara: Israel cuestionó el sacerdocio que Dios había asignado; Dios lo confirmó con almendras en una rama seca.
Y encima de ese expediente iba la tapa de oro. Una vez al año, la sangre caía sobre esa tapa, entre el registro de los fracasos y la mirada de Dios (Levítico 16:14). La acusación no se borraba; se cubría. Y el rito se repetía cada año porque esa cobertura tenía fecha de vencimiento, tal como explica Hebreos: “la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4).
Ahí está la línea que conecta el mueble con la cruz. Pablo llama a Jesús hilastérion en Romanos 3:25, exactamente la misma palabra griega que la Septuaginta usa en Éxodo 25:17 para traducir kapporet, la tapa del arca. Un lector judío de Roma no podía leer ese término sin ver el lugar santísimo. Si quieres seguir el rastro del cofre mismo, lo trabajamos en el estudio sobre dónde está el arca de la alianza hoy.
Preguntas frecuentes sobre qué contenía el arca de la alianza
¿El arca contenía los diez mandamientos originales?
Contenía el segundo juego de tablas, no el primero. Moisés rompió las primeras al bajar del Sinaí y encontrar al pueblo adorando el becerro de oro (Éxodo 32:19), y Dios ordenó labrar dos tablas nuevas sobre las que volvió a escribir las mismas palabras (Éxodo 34:1). Esas son las que Moisés depositó en el arca según Deuteronomio 10:5.
¿Por qué Hebreos 9:4 y 1 Reyes 8:9 dicen cosas distintas?
Porque describen momentos separados por unos cuatro siglos. Hebreos 9:4 detalla el tabernáculo del desierto y su equipamiento original: tablas, urna de maná y vara de Aarón. 1 Reyes 8:9 describe el arca el día en que Salomón la instaló en el templo, cuando ya solo quedaban las tablas. Lo más probable es que la urna y la vara se perdieran durante los siete meses en territorio filisteo o los veinte años en Quiriat-jearim.
¿De qué tamaño era el arca de la alianza?
Éxodo 25:10 da las medidas en codos: dos codos y medio de largo por codo y medio de ancho y de alto. Con el codo hebreo común de unos 45 centímetros, el arca medía aproximadamente 1,15 metros de largo por 68 centímetros de ancho y de alto. Sumando el oro del recubrimiento y de la tapa maciza, se calcula que pesaba bastante más de cien kilos, lo que explica que hicieran falta varios levitas para cargarla por las varas.
Lo que puedes hacer hoy
Toma una hoja y dibuja el arca con sus tres objetos adentro y la tapa encima. Al lado de cada objeto escribe la queja del pueblo que lo originó y la respuesta que Dios dio. Cuando termines, lee Levítico 16 completo con ese dibujo delante y verás el rito del Día de la Expiación con otros ojos.
La pregunta para esta semana es sencilla y algo incómoda. Si tuvieras que archivar tus propias tablas rotas, tu propia queja de desierto y tu propia disputa por un lugar que no te correspondía, ¿qué pondrías dentro de la caja? Y si este estudio te sirvió, compártelo con alguien que esté leyendo Éxodo y se haya atascado en los capítulos del tabernáculo.
Sigue estudiando: continúa con ¿Dónde está el arca de la alianza hoy? y con ¿Por qué murió Uza al tocar el arca?



