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El trilema de C. S. Lewis

agosto 8, 2026
El trilema de C. S. Lewis

El trilema de C.S. Lewis es un argumento apologético que sostiene que, dadas las afirmaciones que Jesús hizo sobre sí mismo, solo quedan tres opciones: fue un mentiroso, fue un lunático o fue el Señor que decía ser. Lo que el trilema descarta es la salida más popular, la de considerarlo simplemente un maestro moral admirable, porque un maestro moral no se atribuye la autoridad de perdonar pecados ni la existencia previa a Abraham.

Este artículo explica de dónde salió el argumento, qué afirmaciones concretas de los evangelios lo alimentan, cuáles son las objeciones académicas que ha recibido y qué queda en pie después de esas objeciones. Es un razonamiento potente y limitado a la vez, y conviene saber en qué consiste cada cosa.

¿Qué es el trilema de C.S. Lewis?

Es un argumento que aparece en Mero cristianismo, el libro que C.S. Lewis publicó en 1952 a partir de charlas radiofónicas que había dado en la BBC durante la Segunda Guerra Mundial. Lewis era profesor de literatura medieval en Oxford y había sido ateo hasta los treinta y tantos años, de modo que conocía por dentro la objeción que estaba respondiendo.

Un hombre que fuera meramente un hombre y dijera la clase de cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro moral. Sería un lunático, o el mismísimo demonio del infierno.

C.S. Lewis, Mero cristianismo

La estructura del argumento es sencilla. Si Jesús afirmó ser Dios y no lo era pero lo sabía, entonces mintió. Si lo afirmó y no lo era pero lo creía, entonces sufría un delirio de grandeza. Si lo afirmó y lo era, entonces la única respuesta coherente es la adoración. La opción que Lewis cierra es la cuarta, la del maestro sabio al que se admira sin tomar en serio lo que dijo de sí mismo.

Lewis llegó a este razonamiento por su propia ruta. Había perdido la fe en la adolescencia, tras la muerte de su madre, y volvió a ella en 1931 después de largas conversaciones con J.R.R. Tolkien sobre mitos y relatos. Su formación como estudioso de literatura antigua le dio un criterio que él mismo invocó: los evangelios no leen como los mitos que había pasado la vida estudiando.

Conviene notar el público al que Lewis hablaba: la Inglaterra de los años cuarenta, donde muchos habían dejado de creer en la resurrección pero seguían citando el Sermón del Monte con respeto. El trilema apuntaba exactamente a esa posición intermedia.

¿Qué dijo Jesús de sí mismo para provocar el trilema?

¿Qué dijo Jesús de sí mismo para provocar el trilema?

Dijo cosas que en su contexto judío solo podía decir Dios, y sus oyentes lo entendieron así en el momento. El argumento de Lewis depende por completo de este punto, así que vale la pena mirar los pasajes con detalle.

Perdonó pecados cometidos contra otras personas

Cuando bajaron a un paralítico por el techo de una casa en Capernaum, Jesús le dijo: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2:5). Los escribas presentes reaccionaron de inmediato: «¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?». La objeción es exacta desde su marco teológico.

Cualquier persona puede perdonar una ofensa recibida. Nadie puede perdonar una ofensa cometida contra un tercero, salvo que sea la parte agraviada en última instancia. Jesús no corrigió el malentendido; lo confirmó sanando al hombre para respaldar la afirmación.

Se aplicó el nombre revelado a Moisés

En una discusión en el templo, Jesús dijo: «De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). La frase rompe la gramática a propósito. No dijo «yo era», dijo «yo soy», usando la fórmula con la que Dios se presentó ante la zarza ardiente en Éxodo 3:14.

La reacción está en el versículo siguiente: «Tomaron entonces piedras para arrojárselas». La lapidación era la pena prescrita por blasfemia en Levítico 24:16. Sus oyentes no se confundieron; entendieron perfectamente y actuaron en consecuencia.

Aceptó adoración y se puso por encima de los lazos familiares

Tomás, al verlo resucitado, le dijo: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28). Jesús no lo corrigió, cosa que sí hicieron Pedro con Cornelio (Hechos 10:26) y el ángel de Apocalipsis con Juan (Apocalipsis 22:9). Ambos rechazaron la reverencia de inmediato.

Además dijo: «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí» (Mateo 10:37). En una cultura donde honrar al padre y a la madre era mandamiento explícito, exigir una lealtad superior a esa es una pretensión que ningún rabino se permitía.

¿Qué críticas ha recibido el trilema de Lewis?

¿Qué críticas ha recibido el trilema de Lewis?

La objeción más citada es que el trilema presenta un dilema falso, porque existe una cuarta opción: que Jesús nunca dijera esas cosas y que se las atribuyera la iglesia posterior. Esta ampliación se conoce como el cuatrilema, y añade la categoría de «leyenda» o «mito» a las tres de Lewis.

Es una objeción legítima y hay que reconocerla como tal. El trilema no demuestra que los evangelios sean confiables; lo presupone. Si alguien no acepta que las afirmaciones son de Jesús, el argumento no se puede ni empezar a discutir. Ese debate se aborda en el artículo sobre si los evangelios son históricamente confiables.

La objeción del error sincero

Otros críticos proponen que Jesús pudo estar sinceramente equivocado sin ser un lunático, del mismo modo que una persona lúcida puede sostener una creencia errónea. La respuesta habitual señala el tipo de creencia en cuestión: equivocarse sobre la fecha de una batalla no es lo mismo que equivocarse sobre si uno existía antes que Abraham.

El psiquiatra J. T. Fisher y otros autores han observado que las enseñanzas éticas atribuidas a Jesús no muestran los rasgos que acompañan a un delirio de identidad, como la incoherencia o el deterioro del juicio práctico. El Sermón del Monte no parece producto de una mente desordenada.

La objeción del sentido no literal

Una tercera crítica sugiere que Jesús hablaba en clave simbólica y que sus oyentes lo tomaron demasiado al pie de la letra. El problema es que quienes lo escucharon eran hablantes nativos de su idioma, formados en su misma tradición, y reaccionaron tomando piedras.

Cuando alguien malinterpretó a Jesús en otras ocasiones, él corrigió el malentendido. Lo hizo con Nicodemo sobre el nacimiento (Juan 3:4-6) y con los discípulos sobre la levadura de los fariseos (Mateo 16:11-12). En las acusaciones de blasfemia no corrigió nada.

¿Por qué Lewis descartó la opción del maestro moral?

¿Por qué Lewis descartó la opción del maestro moral?

Porque un maestro moral obtiene su autoridad de la coherencia entre lo que dice y lo que es, y las afirmaciones de Jesús sobre sí mismo forman parte inseparable de su enseñanza. No son un apéndice separable del Sermón del Monte; están entretejidas con él.

Observa la estructura del propio sermón. Jesús repite seis veces la fórmula «oísteis que fue dicho… pero yo os digo» (Mateo 5:21-44). Estaba citando la ley de Moisés y añadiendo su propia autoridad encima. Ningún rabino de su tiempo hablaba así; los rabinos citaban a maestros anteriores para respaldarse.

Y el cierre del sermón lo confirma: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor… y entonces les declararé: Nunca os conocí» (Mateo 7:22-23). El texto sitúa a Jesús como el juez del día final. Quien admira el Sermón del Monte está admirando un discurso donde el orador se pone en el lugar de Dios.

Marcos registra la reacción del público: «se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Marcos 1:22). El contraste con los escribas es exactamente este punto.

¿Sigue siendo útil el trilema hoy?

Sirve para una función concreta y falla si se le pide más. Su utilidad está en cerrar la salida cómoda de admirar a Jesús como maestro moral sin decidir nada sobre sus afirmaciones. Su límite está en que no funciona con quien duda de la transmisión de los textos.

Por eso conviene usarlo en el orden correcto: primero la fiabilidad de las fuentes, después el contenido de las afirmaciones. Invertir ese orden produce conversaciones circulares. El trilema es el segundo paso de un argumento, no el primero.

Pablo usó un enfoque parecido, aunque con otra pieza central: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación» (1 Corintios 15:14). Escribía apenas dos décadas después de los hechos, a una iglesia donde algunos negaban la resurrección de los muertos, y apeló a testigos vivos que podían ser consultados.

Hay además una cuarta opción que Lewis no contempló y que algunos apologistas modernos añaden: la del legendario, ya mencionada, y la del maestro incomprendido. Ambas se resuelven con datos históricos y no con lógica pura, lo cual confirma que el trilema necesita un cimiento debajo.

Versículos donde Jesús afirma su identidad

Versículos donde Jesús afirma su identidad

Estas son las declaraciones que sostienen el trilema, con la situación en que se pronunciaron.

  • Juan 10:30: «Yo y el Padre uno somos», dicho en la fiesta de la dedicación, en el pórtico de Salomón, ante quienes le pedían una respuesta directa.
  • Juan 14:9: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre», respuesta a Felipe en el aposento alto.
  • Marcos 14:62: ante el sumo sacerdote, respondió «Yo soy» y citó Daniel 7:13 sobre el Hijo del Hombre viniendo en las nubes; el sacerdote rasgó su vestidura.
  • Mateo 28:18: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra», dicho a once discípulos en Galilea después de la resurrección.
  • Juan 5:23: «para que todos honren al Hijo como honran al Padre», dentro de una discusión sobre sanar en sábado.

Preguntas frecuentes sobre el trilema de C.S. Lewis

¿Fue C.S. Lewis el primero en plantear este argumento?

No. Versiones del razonamiento aparecen en predicadores del siglo XIX como Henry Parry Liddon y John Duncan, y algunos rastrean su lógica hasta autores medievales. Lewis lo popularizó con una formulación breve y memorable en la radio británica, y a esa versión se le quedó su nombre.

¿Por qué no vale decir que Jesús fue solo un buen maestro?

Porque un buen maestro no se atribuye la potestad de perdonar ofensas ajenas ni exige una lealtad superior a la de los padres. Si esas afirmaciones son falsas, la enseñanza moral queda comprometida por quien la pronuncia. El elogio y el descarte no pueden sostenerse a la vez.

¿El trilema demuestra que Jesús es Dios?

No lo demuestra por sí solo; despeja el terreno. Muestra que la opción intermedia es incoherente y deja tres alternativas sobre la mesa. Para descartar las otras dos hacen falta otros datos, como la conducta de Jesús, el testimonio de los primeros discípulos y la evidencia de la resurrección.

¿Qué responder a quien dice que los evangelios se escribieron muy tarde?

Que las cartas de Pablo son anteriores a los evangelios y ya contienen afirmaciones sobre la identidad de Cristo, como Filipenses 2:6-11, que la mayoría de especialistas considera un himno anterior a la carta misma. La creencia en la deidad de Jesús es demasiado temprana para ser un desarrollo tardío.

Lo que puedes hacer hoy

Lee Marcos 2:1-12 completo y detente en la reacción de los escribas. Es un buen ejercicio porque muestra que la afirmación de identidad no la deduce un teólogo posterior: la detectan en el acto los oyentes hostiles.

La pregunta para esta semana: si tuvieras que explicarle el trilema a alguien que admira a Jesús pero no cree en él, ¿por dónde empezarías, por las fuentes o por las afirmaciones? El orden decide la conversación.

Comparte este artículo con quien esté estudiando apologética. Continúa en dónde dice la Biblia que Jesús es Dios y en las objeciones a la deidad de Jesús.