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¿Cuándo será el rapto de la iglesia?

julio 31, 2026
El rapto de la iglesia cuando ocurrira
Esta lectura forma parte de la guía Profecía y fin de los tiempos.

Nadie sabe cuándo será el rapto de la iglesia, y eso no es una evasiva: es lo que Jesús respondió cuando sus discípulos le preguntaron lo mismo que tú preguntas hoy. Pero sabemos mucho más de lo que la gente supone: qué pasará, en qué orden, quiénes van primero y para qué se escribió ese pasaje.

En este estudio vamos a recorrer el mapa completo: qué dice 1 Tesalonicenses 4:13-18, de dónde salió la palabra “rapto” si no aparece en la Biblia, qué enseñó Jesús en Mateo 24 sobre el día y la hora, cuáles son las tres posturas sobre el momento del arrebatamiento y qué texto usa cada una, por qué fijar fechas siempre termina mal y cuál es la actitud que la Escritura sí manda.

¿Qué es el rapto de la iglesia según la Biblia?

El rapto de la iglesia es el momento en que Jesucristo descenderá del cielo, los creyentes que murieron resucitarán primero y los que estén vivos serán arrebatados junto con ellos para encontrarse con el Señor en el aire. No es una idea suelta: es un pasaje que Pablo escribió a una iglesia concreta alrededor de los años 50 al 51, en una de las primeras cartas del Nuevo Testamento.

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

1 Tesalonicenses 4:13-18 (RVR1960)

Léelo otra vez y fíjate en la primera línea y en la última, porque ahí está encerrado el propósito del pasaje. Abre diciendo “para que no os entristezcáis” y cierra diciendo “alentaos los unos a los otros con estas palabras”. Entre esas dos frases está el texto más detallado del Nuevo Testamento sobre el arrebatamiento, y su marco no es el miedo. Es el consuelo.

Harpazō: la palabra griega que significa arrebatar

El verbo que Pablo usa en el versículo 17 es harpazō. En el griego del primer siglo no era un término religioso ni suave; describía la acción de agarrar algo con fuerza y llevárselo de golpe. Se usaba para el ladrón que arrebata un bien, para el lobo que arrebata una oveja y para el rescate de alguien que se saca a la fuerza de un peligro.

La misma palabra aparece cuando el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el evangelista apareció en Azoto (Hechos 8:39), y cuando Pablo cuenta que un hombre fue arrebatado hasta el tercer cielo (2 Corintios 12:2-4). El retrato es este: una acción repentina, iniciada por Dios, que traslada a una persona sin que ella pueda provocarla ni impedirla.

¿De dónde viene la palabra “rapto” si no está en la Biblia?

Aquí conviene ser honestos con un dato que confunde a mucha gente: la palabra “rapto” no aparece en el texto griego ni en la mayoría de nuestras Biblias en español. Su origen es una traducción. Cuando Jerónimo tradujo el Nuevo Testamento al latín a finales del siglo IV, en el trabajo que conocemos como la Vulgata, tradujo el harpazō de 1 Tesalonicenses 4:17 con el verbo latino rapiemur, “seremos arrebatados”, del verbo rapio.

De ese verbo sale el sustantivo raptus, y de ahí llegó al español “rapto”. Hablar del rapto de la iglesia no es inventar un concepto ausente en la Escritura; es usar el nombre latino de una acción que la Escritura sí describe. Por eso la Reina-Valera 1960 traduce “seremos arrebatados” y muchos maestros hispanos prefieren decir “arrebatamiento”. Y si el pasaje describe una escena, vale la pena mirarla en detalle.

que dice 1 Tesalonicenses sobre el rapto de la iglesia

¿Cómo será el rapto de la iglesia según 1 Tesalonicenses 4?

Será un descenso anunciado con tres sonidos, seguido de una resurrección y de un arrebatamiento en ese orden exacto. Pablo no dejó la escena en penumbra; dio una secuencia que se puede numerar, y cada elemento tenía un significado que sus lectores captaban de inmediato.

Voz de mando, voz de arcángel y trompeta de Dios

“El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tesalonicenses 4:16). La expresión “voz de mando” traduce el griego keleusma, término militar y náutico: el grito con que un oficial daba la orden a la tropa o marcaba el ritmo a los remeros. No es un murmullo, es una orden que se obedece en el acto.

La trompeta tampoco es un adorno. En Israel, el shofar convocaba a la asamblea y marcaba las fiestas señaladas (Números 10:1-10); “trompeta de Dios” es el lenguaje de una convocatoria oficial. Y nota la primera frase del versículo, “el Señor mismo”. No envía un ángel a buscarnos; baja Él, tal como lo prometió en el aposento alto, “vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3).

Los muertos en Cristo resucitarán primero

El orden importa porque respondía a una angustia concreta. Aquella iglesia había perdido miembros, y los que quedaban temían que sus difuntos llegaran tarde a la promesa. Pablo les responde con precisión casi legal: “no precederemos a los que durmieron” (v. 15). Lejos de quedarse atrás, ellos van primero.

Fíjate también en el verbo que el Nuevo Testamento elige para la muerte del creyente: “los que duermen”. No es un eufemismo, es una descripción de estado que asume el despertar; por eso los primeros cristianos llamaron a sus cementerios koimētērion, que en griego significa dormitorio. Y la escena termina donde empieza la esperanza cristiana: “así estaremos siempre con el Señor” (v. 17). Ahora, si los vivos son arrebatados, queda una pregunta obvia. ¿Qué pasa con ese cuerpo?

¿Qué dice 1 Corintios 15:51-52 sobre el rapto y la trompeta final?

Dice que no todos moriremos, pero todos seremos transformados, y que esa transformación ocurrirá en una fracción de segundo, al sonar la trompeta final. Es el complemento técnico de lo que Tesalonicenses cuenta en clave de consuelo.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

1 Corintios 15:51-52 (RVR1960)

Por qué Pablo lo llama “un misterio”

La palabra griega mystērion no significaba lo que hoy entendemos por misterio. En el vocabulario de Pablo es un dato que estuvo escondido en el plan de Dios y ahora ha sido revelado (Efesios 3:3-5, Colosenses 1:26): información desclasificada, no información cifrada.

¿Y qué estaba escondido? El Antiguo Testamento ya hablaba de resurrección (Daniel 12:2, Job 19:26). Lo que no se había revelado es que habría una generación de creyentes que no pasaría por la muerte, sino que sería transformada sin morir.

“En un abrir y cerrar de ojos”: cuánto dura el rapto

La expresión griega es en ripē ophthalmou, y ripē viene de un verbo que significa lanzar; describe el tirón instantáneo del párpado, el gesto más rápido que un ser humano hace sin proponérselo. Pablo escoge la unidad de tiempo más pequeña de su idioma para decir una cosa: no habrá proceso ni margen para decidir en ese instante.

Y añade el motivo por el que la transformación es indispensable: “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). El cuerpo actual no está hecho para la eternidad; por eso el texto contrapone corruptible e incorruptible (v. 53). No se trata de flotar como espíritus, sino de recibir un cuerpo nuevo, del mismo tipo del cuerpo resucitado de Jesús, “el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21). Con la mecánica clara, llega la pregunta que los discípulos le hicieron a Jesús cara a cara.

la trompeta final y el rapto

¿Cuándo será el rapto de la iglesia? Lo que dijo Jesús en Mateo 24

Jesús respondió que nadie conoce el día ni la hora, ni siquiera los ángeles del cielo, y que en su condición humana tampoco lo sabía el Hijo. Esa respuesta cierra la puerta a cualquier cálculo, y viene de la única persona que tenía autoridad para dar una fecha si hubiera querido.

El contexto le da más peso. Jesús acababa de anunciar que del templo no quedaría piedra sobre piedra, y los discípulos le preguntaron en privado, en el monte de los Olivos, por la señal de su venida y del fin del siglo (Mateo 24:1-3). Su respuesta ocupa dos capítulos donde describe engaños, guerras, hambres, persecución y apostasía, pero al llegar al calendario se detiene en seco.

El paralelo de Marcos 13:32 añade una frase que muchos leen dos veces: “ni el Hijo, sino el Padre”. En su encarnación, Jesús se sometió a los límites de la condición humana (Filipenses 2:6-8). Si Él no manejaba ese dato, quien hoy anuncie una fecha se atribuye algo que el Señor dijo no tener.

Como en los días de Noé: la normalidad como escenario

Justo después, Jesús pone un ejemplo del Antiguo Testamento: “como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:38-39).

Mira qué actividades menciona: comer, beber, casarse. No menciona crímenes espectaculares, menciona rutina. Génesis 6:5 sí describe la maldad de aquella época, pero Jesús subraya la indiferencia con que se recibió el aviso mientras un hombre construía un barco delante de todos. Y añade una frase que se cita poco, “no entendieron hasta que vino el diluvio”. No fue falta de información, porque 2 Pedro 2:5 llama a Noé “pregonero de justicia”; fue que oyeron y no cambiaron nada.

Dos en el campo: la separación que nadie ve venir

“Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:40-42).

Las dos escenas describen trabajo ordinario. Dos hombres en la misma parcela; dos mujeres frente a la misma piedra de moler, tarea que en aquella cultura se hacía de a dos, sentadas una frente a la otra. Están tan cerca que se rozan, y una es tomada y la otra queda. Ese detalle desmonta la idea de que la preparación se hereda por cercanía: compartir casa, oficio, banca o apellido no te ubica en el mismo lado.

Jesús cierra con el verbo que se repite en todo el discurso, velad, y añade: “estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). Antes había comparado esa hora con la llegada de un ladrón (v. 43); la figura no describe el carácter de Cristo, describe lo imprevisible del momento, y Pablo la retoma en 1 Tesalonicenses 5:2. Si esto es así, ¿por qué existen tantas posturas sobre el momento del rapto?

¿Cuáles son las tres posturas sobre el rapto y la tribulación?

Las tres posturas son pretribulacionismo, midtribulacionismo y postribulacionismo, y se diferencian en un punto: dónde ubican el arrebatamiento respecto a los siete años de tribulación que la profecía de Daniel 9:27 llama la semana setenta. Las tres afirman que Cristo vuelve; discuten el orden, no el hecho. Te muestro el argumento de cada una con su pasaje fuerte.

Pretribulacionismo: el rapto antes de la tribulación

Sostiene que la iglesia será arrebatada antes de que comience el período de tribulación, y que los juicios de Apocalipsis 6 al 18 caen sobre un mundo del que la iglesia ya salió. Su texto insignia es la promesa a la iglesia de Filadelfia, “yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero” (Apocalipsis 3:10).

el tiempo profetico del rapto

Su punto fuerte: la expresión “guardar de” (griego tēreō ek) sugiere preservación fuera de esa hora de prueba, no protección dentro de ella, y apoya en 1 Tesalonicenses 5:9, “no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación”. Suma un argumento estructural: la palabra “iglesia” aparece una y otra vez en Apocalipsis 2 y 3, y desaparece del texto entre los capítulos 4 y 18.

Midtribulacionismo: el rapto a mitad de los siete años

Ubica el arrebatamiento en el punto medio de la semana setenta, cuando el anticristo rompe el pacto y comienza la gran tribulación propiamente dicha. Su texto insignia es 1 Corintios 15:52 con su mención de “la final trompeta”, que esta postura conecta con la séptima trompeta de Apocalipsis 11:15, donde se anuncia que “los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo”.

Su punto fuerte es que toma en serio la palabra “final” y la lee dentro del mismo cuadro profético. Añade Apocalipsis 11:11-12, donde los dos testigos resucitan y suben al cielo en una nube justo antes de esa séptima trompeta, y observa que la persecución más intensa que describen Daniel 7:25 y Apocalipsis 13:5-7 se concentra en los últimos tres años y medio.

Postribulacionismo: el rapto al final, con la segunda venida

Sostiene que la iglesia atraviesa la tribulación y que el arrebatamiento ocurre al cierre, como parte del mismo suceso de la segunda venida: los creyentes salen a recibir a Cristo en el aire y regresan con Él a la tierra. Su texto insignia es Mateo 24:29-31, donde Jesús dice que “inmediatamente después de la tribulación de aquellos días” el sol se oscurecerá y entonces “enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”.

Su punto fuerte es la coincidencia de vocabulario: trompeta, nubes, ángeles y reunión aparecen tanto en Mateo 24 como en 1 Tesalonicenses 4, lo que sugiere un solo suceso descrito dos veces. Suma 2 Tesalonicenses 2:1-3, donde Pablo, hablando de “nuestra reunión con él”, dice que ese día no vendrá “sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado”, y Juan 17:15, donde Jesús pide al Padre que no quite a los suyos del mundo sino que los guarde del mal.

Ninguna de las tres niega el fondo: quien viene es el Rey, y su pueblo sale a su encuentro. Ahora, ¿de dónde salió la lectura que más se predica hoy?

¿Cuál es el origen de la doctrina del rapto pretribulacional?

La postura pretribulacional, en la forma sistemática en que hoy se enseña, se popularizó a partir del siglo XIX. Su figura central es John Nelson Darby (1800-1882), clérigo anglo-irlandés que se convirtió en el maestro más influyente de los Hermanos de Plymouth. Alrededor de 1830 articuló la separación entre Israel y la iglesia como dos programas distintos de Dios, y de esa estructura, llamada dispensacionalismo, se desprende el arrebatamiento previo a la tribulación.

La difusión masiva vino después y en otro continente. Darby viajó varias veces a Norteamérica entre 1862 y 1877, y su esquema fue adoptado por conferencias bíblicas de la época. El salto definitivo lo dio la Biblia anotada de Scofield, publicada por Oxford University Press en 1909 y revisada en 1917: al imprimir las notas dispensacionalistas al pie de la página bíblica, millones de lectores recibieron la interpretación junto con el texto sagrado.

¿Qué haces con este dato? Lo que hicieron los creyentes de Berea, que recibieron la palabra de Pablo “escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). Que una enseñanza se haya sistematizado tarde no la invalida por sí sola, igual que su antigüedad tampoco la valida; la medida es el texto. Lo que la iglesia sostuvo desde el inicio es la expectativa del regreso de Cristo, y ese es el núcleo compartido; el resto es orden de los sucesos, y ahí hay hermanos que se aman y discrepan. Si te interesa cómo encajan los personajes de ese período, te va a servir el estudio de la marca de la bestia y el 666 explicados. Y si nadie tiene la fecha, ¿por qué cada tantos años aparece alguien anunciándola?

estar preparados para el rapto

¿Se puede saber la fecha del rapto?

No se puede, y la Biblia lo cierra de dos maneras distintas: negando el dato y corrigiendo la pregunta. Ya viste la primera en Mateo 24:36. La segunda ocurrió el último día que los discípulos estuvieron con Jesús en la tierra.

Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:7-8 (RVR1960)

Observa la estructura. Ellos preguntaron por el calendario, “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”, y Jesús les negó el acceso a la información y les entregó una tarea en el mismo aliento. Donde ellos querían una fecha, Él puso un encargo y el poder para cumplirlo.

Predicciones fallidas: lo que enseña la historia

La historia ofrece casos documentados que conviene conocer, no para burlarse de nadie, sino para ver el costo. William Miller anunció el regreso de Cristo entre 1843 y 1844; cuando pasó el 22 de octubre de 1844, el episodio quedó registrado como la Gran Decepción, y miles de personas que habían liquidado sus bienes quedaron desamparadas. En 1988, el ingeniero Edgar Whisenant publicó 88 razones por las que el rapto será en 1988, del que se distribuyeron millones de ejemplares; al fallar, corrigió la fecha a 1989 y siguió corrigiéndola por años. Y el locutor radial Harold Camping anunció el 21 de mayo de 2011 con una campaña internacional de vallas publicitarias, movió la fecha a octubre y finalmente reconoció por escrito que intentar fijarla había sido un pecado.

Los tres casos dejan el mismo saldo: familias endeudadas, jóvenes que abandonaron sus estudios y burla sobre el nombre de Cristo. Pedro anticipó esa burla, “vendrán en los postreros días burladores… diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:3-4), y respondió: “el Señor no retarda su promesa… no queriendo que ninguno perezca” (2 Pedro 3:9). La demora que nos impacienta, en el cálculo de Dios es tiempo de rescate.

Y hay un aviso de Jesús que aplica a cada campaña de fechas: “si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis” (Mateo 24:23). Lo mismo vale para “mirad, es tal día”. Si el sistema mundial de los últimos tiempos te inquieta, el estudio de quién es Babilonia la grande en Apocalipsis te ayudará a leer esas imágenes con criterio en vez de con alarma. Queda entonces la pregunta que sí podemos responder hoy.

¿Cómo prepararse para el rapto de la iglesia?

Prepararse significa dos cosas que la Escritura repite sin descanso: velar y trabajar. Ni calcular ni paralizarse. Jesús contó varias parábolas seguidas sobre este punto, y en ninguna el personaje aprobado está haciendo cuentas.

Las diez vírgenes: el aceite que no se presta

En Mateo 25:1-13, diez jóvenes salen a recibir al esposo con sus lámparas; cinco llevan aceite de reserva y cinco no. En la boda judía del primer siglo el novio iba a buscar a la novia a casa de sus padres y la hora de su llegada no se anunciaba, así que el cortejo esperaba a veces hasta entrada la noche. La tardanza era normal, y ese es el punto de la historia.

Cuando el clamor suena a medianoche, las cinco sin reserva piden prestado y reciben una negativa que suena dura hasta que se entiende: “id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas” (Mateo 25:9). No hay egoísmo ahí, hay una imposibilidad: la preparación personal delante de Dios no se transfiere, nadie entra por la relación que otro tuvo con el Señor. Y la parábola cierra con la orden de siempre, “velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora” (Mateo 25:13).

senales de los tiempos finales

Lucas 12: la ropa puesta y la lámpara encendida

Jesús describe la espera con una imagen doméstica: “estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida” (Lucas 12:35-36). Ceñirse los lomos era recogerse la túnica en el cinturón para moverse rápido: la postura del que está listo para trabajar, no la del que está sentado.

Y viene la promesa que voltea la escena: “bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles” (Lucas 12:37). El amo que llega de madrugada se pone el delantal y sirve a sus empleados, la misma inversión de Juan 13:4-5. Al final de la espera no hay un interrogatorio, hay una mesa.

Pablo lo dice sin parábola, “no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1 Tesalonicenses 5:6). Y en la segunda carta corrigió un abuso, porque algunos habían dejado de trabajar esperando el regreso inminente, “no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno” (2 Tesalonicenses 3:11). Su instrucción fue que trabajen sosegadamente y coman su propio pan (v. 12). Esperar el regreso de Cristo nunca fue excusa para soltar las responsabilidades.

La parábola de los talentos lo confirma: el señor felicita a los que negociaron y reprende al que enterró lo suyo por miedo, y el texto aclara que “después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos” (Mateo 25:19). Jesús previó que la espera sería larga: aceite propio, ropa recogida, lámpara encendida y talentos puestos a trabajar. Y si estás en Cristo, esta espera no debería producirte terror, porque el pasaje que la describe se escribió para lo contrario.

Por qué 1 Tesalonicenses 4 se escribió para consolar

El texto más citado sobre el rapto no se escribió para llenar de suspenso a nadie, sino para una iglesia que estaba de luto, y eso casi nunca se menciona cuando se predica del tema. Pablo había estado en Tesalónica poco antes, hasta que un tumulto lo obligó a salir de noche (Hechos 17:5-10), dejando atrás creyentes recién convertidos. Cuando Timoteo volvió con noticias, traía una pregunta angustiada: algunos hermanos habían muerto y los que quedaban no sabían si sus difuntos se perderían el regreso del Señor.

Por eso Pablo abre así: “para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13). Lee la frase con cuidado. No dice que no te entristezcas; dice que no te entristezcas como los que no tienen esperanza. El cristiano llora; Jesús lloró frente a la tumba de Lázaro sabiendo que lo iba a resucitar minutos después (Juan 11:35). Lo que cambia no es el dolor, sino su horizonte.

Y el argumento que sostiene el párrafo es un suceso ya ocurrido: “si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (v. 14). Su resurrección es el primer fruto de una cosecha, “primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20). Cuando el agricultor levantaba la primera espiga no deseaba una cosecha; anunciaba la que ya venía en camino.

Por eso la orden final es la que es, “alentaos los unos a los otros con estas palabras” (v. 18). El verbo griego es parakaleō, la misma raíz del nombre que Jesús le da al Espíritu Santo en Juan 14:16, el Consolador. Si un estudio del rapto te deja con angustia en el pecho, invirtió el uso que el propio texto manda.

Versículos sobre el rapto de la iglesia (Reina-Valera 1960)

La Biblia contiene muchos pasajes sobre el regreso de Cristo; estos son los que tratan el arrebatamiento y la espera. Te propongo un ejercicio: léelos con lápiz y marca con una R los que describen el suceso, con una A los que mandan una actitud y con una C los que fueron escritos para consolar. Al terminar vas a ver qué proporción tiene cada cosa en la Escritura.

esperanza cristiana ante el rapto
  • 1 Tesalonicenses 4:16-17 — “El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo… seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes.”
  • 1 Tesalonicenses 4:18 — “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”
  • 1 Corintios 15:51-52 — “No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta.”
  • Juan 14:2-3 — “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo.”
  • Mateo 24:36 — “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.”
  • Mateo 25:13 — “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”
  • Lucas 12:37 — “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando.”
  • Hechos 1:7 — “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.”
  • Hechos 1:11 — “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”
  • 1 Tesalonicenses 5:6 — “No durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.”
  • Filipenses 3:20-21 — “Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador.”
  • 2 Pedro 3:9 — “El Señor no retarda su promesa… no queriendo que ninguno perezca.”
  • 1 Juan 3:2-3 — “Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él… Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo.”

¿Notaste el patrón? La Escritura dedica poquísimas líneas a describir el suceso y muchas más a decirte cómo vivir mientras llega, y ese desequilibrio es intencional. Si quieres seguir el estudio del período que viene después, continúa con la marca de la bestia y el 666 explicados, donde se examina el sistema del anticristo con el texto en la mano.

Preguntas frecuentes sobre el rapto de la iglesia

¿Cuál es la diferencia entre el rapto y la segunda venida?

Quienes los distinguen señalan tres diferencias. En el rapto, Cristo desciende y los creyentes suben a encontrarlo en el aire (1 Tesalonicenses 4:17); en la segunda venida, sus pies se posan sobre el monte de los Olivos (Zacarías 14:4). En el rapto la iglesia es llevada con Él; en la segunda venida viene con sus santos para juzgar (Apocalipsis 19:11-14), y “todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7). Los postribulacionistas leen ambos pasajes como el mismo suceso, por la coincidencia de vocabulario entre Mateo 24 y 1 Tesalonicenses 4.

¿Cuáles son las señales antes del rapto de la iglesia?

Jesús enumeró señales del fin del siglo en Mateo 24: falsos cristos (v. 5), guerras y rumores de guerras, hambres y terremotos, que Él llama “principio de dolores” (v. 6-8), persecución (v. 9), enfriamiento del amor por la multiplicación de la maldad (v. 12) y la predicación del evangelio en todo el mundo (v. 14). Pablo añade la apostasía y la manifestación del hombre de pecado (2 Tesalonicenses 2:3). Un matiz importante: la enseñanza de la inminencia sostiene que ninguna señal debe cumplirse antes del arrebatamiento, y el mismo capítulo que enumera las señales cierra diciendo que nadie sabe el día ni la hora.

¿Qué pasará con los que se queden después del rapto?

Según el esquema pretribulacional, quienes queden atravesarán la tribulación descrita en Apocalipsis 6 al 18, bajo el sistema del anticristo. La Escritura no los presenta como un caso perdido: Apocalipsis 7:9-14 describe “una gran multitud, la cual nadie podía contar”, que sale de la gran tribulación con vestiduras lavadas en la sangre del Cordero, personas que llegan a la fe en ese tiempo. A la vez, 2 Tesalonicenses 2:10-11 advierte de un engaño poderoso. Lo prudente es responderle a Dios hoy, porque “he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

¿Se irán los niños en el rapto?

La Biblia no responde esta pregunta con un versículo directo, así que quien te dé una respuesta tajante va más lejos que el texto. Sí hay datos que orientan. Jesús dijo “dejad a los niños venir a mí… porque de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19:14). David, tras la muerte de su hijo pequeño, dijo “yo voy a él, mas él no volverá a mí” (2 Samuel 12:23), una expresión de reencuentro. Y Génesis 18:25 sostiene el fondo: “el Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”. Sobre esa base, la mayoría de maestros sostiene que los niños que aún no pueden discernir están cubiertos por la misericordia de Dios.

la esperanza de la segunda venida

Lo que puedes hacer hoy

Deja el calendario y toma la lista de tareas. Empieza por asegurar tu relación con Cristo, no por una emoción de hace años sino por una decisión consciente hoy, “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). Todo lo demás depende de ese punto.

Después, en vez de preguntarte cuánto falta, pregúntate qué encontraría el Señor si llegara a mitad de esta semana. Revisa tres cosas: una relación rota que no has querido reparar, algo que sabes que Dios te pidió y llevas meses dejando pendiente, y una persona cercana a la que nunca le has hablado de Cristo. Escríbelas y pon fecha a cada una.

Y si estás leyendo esto con un duelo encima, quédate con la última línea del pasaje antes que con el debate de las tres posturas. “Alentaos los unos a los otros con estas palabras”. El que murió en Cristo va primero, y por eso Pablo escribió el párrafo.

Te dejo una pregunta para esta semana. Si supieras que el Señor viene el viernes, ¿qué cambiarías de tu agenda de hoy, y por qué estás esperando a saberlo para hacerlo? Y si este estudio te ayudó, compártelo con alguien que vive con miedo del fin del mundo o con alguien que acaba de despedir a un ser querido.

Sigue estudiando: continúa con la marca de la bestia y el 666 explicados y con Babilonia la grande: ¿quién es según Apocalipsis?

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