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La ubicación real de la torre de Babel

agosto 6, 2026
Esta lectura forma parte de la guía Misterios de la Biblia.

La ubicación real de la torre de Babel es la llanura de Sinar, la franja del sur de Mesopotamia entre el Tigris y el Éufrates que hoy corresponde al centro-sur de Irak. El texto bíblico da esa coordenada sin rodeos, y dentro de esa región los tres sitios que los arqueólogos proponen son el zigurat de Babilonia, el de Borsippa y el de Aqar Quf. Ninguno lleva un cartel que lo identifique con Génesis 11, pero uno de ellos concentra casi todas las probabilidades.

¿Dónde estaba ubicada la torre de Babel según la Biblia?

Génesis sitúa la construcción en un lugar concreto y lo nombra antes de contar nada más: la llanura de Sinar. El versículo lo dice al abrir la escena, cuando describe un desplazamiento de población desde el oriente: “Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí” (Génesis 11:2).

Ese dato no es decorativo. En el hebreo del pasaje, la palabra traducida como llanura es biqʿah, un valle amplio y plano, exactamente el tipo de terreno aluvial que forman el Tigris y el Éufrates al acercarse al golfo Pérsico. Es una región sin piedra de cantera y sin bosque, y eso condiciona todo lo que se construya allí.

El primer oyente israelita entendía la referencia sin explicaciones. Sinar era para él lo que para nosotros sería decir “el sur de Irak”: un territorio identificable, con ciudades conocidas y con una reputación política muy marcada.

Sinar aparece tres veces más en la Biblia

El capítulo anterior ya había nombrado la región al describir el reino de Nimrod: “Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar” (Génesis 10:10). Erec es la Uruk de las tablillas sumerias, una de las ciudades excavadas más antiguas del planeta; Acad da nombre al imperio acadio. Son lugares con ruinas visitables y con archivos propios.

Sinar reaparece como potencia política en tiempos de Abraham: entre los reyes que hacen la guerra, el primero de la lista es “Amrafel rey de Sinar” (Génesis 14:1). Y siglos después, cuando Nabucodonosor saquea Jerusalén, el texto dice que se llevó los utensilios del templo “a tierra de Sinar, a la casa de su dios” (Daniel 1:2). Esa última mención cierra el círculo: para el autor de Daniel, Sinar y Babilonia son el mismo territorio.

¿En qué país está hoy la llanura de Sinar?

La llanura de Sinar está hoy en Irak, en la mitad sur del país, con Bagdad como referencia moderna en el extremo norte de esa franja y las ruinas de Babilonia a unos 85 kilómetros al sur, junto a la ciudad de Hilla, en la provincia de Babil.

El paisaje ha cambiado menos de lo que uno imagina. Sigue siendo una llanura de barro y palmeras, sin una sola elevación natural en kilómetros a la redonda. Quien camina hoy por el sitio arqueológico de Babilonia está pisando el mismo tipo de suelo que el relato describe.

Esa ausencia de montañas explica buena parte de la arquitectura mesopotámica. Donde no hay altura, se fabrica. Y donde no hay piedra, se fabrica con lo único que sobra: barro del río.

llanura aluvial de Sinar entre el Tigris y el Éufrates en el sur de Mesopotamia

Los tres sitios propuestos: Babilonia, Borsippa y Aqar Quf

Dentro de esa región, la discusión académica se repite alrededor de tres candidatos concretos, y conviene conocer los tres porque cada uno explica una parte de la confusión histórica sobre la ubicación.

El zigurat de Babilonia (Etemenanki)

Es el candidato mayoritario. Sus ruinas están junto al Éufrates, dentro del recinto sagrado de la antigua Babilonia, y hoy se ven apenas como un rectángulo hundido y encharcado, porque de la estructura elevada no queda nada en pie. La cantera de ladrillo que fue durante dos milenios la desmanteló capa por capa.

Borsippa y el montículo de Birs Nimrud

A unos 17 kilómetros de Babilonia está Borsippa, con un zigurat dedicado al dios Nabu. Conserva una masa de ladrillo vitrificado por el calor, y durante siglos esa costra fundida alimentó la idea de que un fuego caído del cielo había derretido la torre. La tradición judía posterior y varios viajeros medievales señalaron ese montículo como Babel.

Hoy se sabe que el vitrificado tiene explicaciones ordinarias, entre ellas incendios y descargas eléctricas. Aun así, Birs Nimrud sigue siendo la ruina más impresionante de la zona para el visitante, y por eso sigue apareciendo en fotografías tituladas “torre de Babel”.

Aqar Quf, a las afueras de Bagdad

Aqar Quf es la antigua Dur-Kurigalzu, capital casita. Su zigurat conserva casi 57 metros de núcleo en pie y es la silueta más parecida a una torre mesopotámica que existe hoy. Durante décadas los viajeros europeos lo confundieron con Babel por una razón sencilla: era lo primero que veían al llegar por el camino de Bagdad.

Ninguna de las tres identificaciones se apoya en una inscripción que las conecte con Génesis. Se apoyan en la ubicación, en la escala y en la tradición. Para decidir cuál pesa más hace falta entender qué eran esos edificios.

ruinas de zigurat mesopotámico de ladrillo escalonado bajo el sol de Irak

¿Qué eran los zigurats y por qué importan para ubicar Babel?

Los zigurats eran torres escalonadas de ladrillo, macizas por dentro, levantadas junto al templo principal de cada ciudad mesopotámica para que el dios de esa ciudad pudiera bajar a encontrarse con sus adoradores. No eran templos en sí mismos y no eran tumbas como las pirámides. Eran escaleras.

Importan para la ubicación porque descartan enseguida cualquier propuesta fuera de Mesopotamia. Un edificio de esa tipología solo existió en esta llanura, y su nombre propio lo declaraba: se les llamaba “casa del vínculo entre el cielo y la tierra” o “casa de la montaña del universo”.

Una escalera para que el dios baje, no para que el hombre suba

En la religión mesopotámica el zigurat no servía para que los sacerdotes escalaran hasta el cielo. Servía para que la deidad descendiera hasta un santuario colocado en la terraza superior, donde se le atendía con comida, música y ritual. La estructura funcionaba como una rampa de aterrizaje.

Ese detalle cambia la lectura de Génesis 11:4: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo”. Si los constructores estaban levantando un zigurat, la frase no era una fanfarronada de ingenieros. Era la descripción técnica del propósito religioso del edificio.

La escalera de Jacob y el contraste con Babel

Génesis vuelve sobre esta imagen unos capítulos después. Jacob, huyendo de su hermano, duerme en el campo con una piedra por almohada y sueña con “una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella” (Génesis 28:12).

Es la misma arquitectura del zigurat con una diferencia enorme: nadie la construyó. Jacob no puso un ladrillo, y al despertar dijo “ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía… no es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Génesis 28:16-17). Babel se autodenominó puerta de Dios después de construirse una; a Jacob se le dio una en un descampado.

Jacob soñando con una escalera que llega al cielo con ángeles subiendo y descendiendo

¿El Etemenanki de Babilonia fue la torre de Babel?

El Etemenanki es el candidato más citado por arqueólogos e historiadores, y con buenas razones: era el zigurat de la ciudad que la Biblia nombra, estaba dedicado al dios principal de esa ciudad y su tamaño no tenía comparación en la región. Aun así, los especialistas lo tratan como una asociación probable, no como un hecho cerrado.

Nombre, medidas y época del Etemenanki

Su nombre sumerio, É-temen-an-ki, se traduce como “casa del fundamento del cielo y la tierra”. Estaba junto al Esagila, el templo de Marduk, el dios patrón de Babilonia. En la cúspide había un santuario para ese dios, y las fuentes antiguas describen dentro un lecho y una mesa: el mobiliario de una residencia esperando a su ocupante.

Las cifras habituales proceden de la llamada Tablilla del Esagila, que registra las medidas del complejo, y de la excavación alemana de Robert Koldewey a comienzos del siglo XX. De ahí sale la reconstrucción más citada: una base cuadrada de unos 91 metros de lado y una altura similar repartida en siete niveles. Conviene citarla con cuidado, porque depende de cómo se conviertan las unidades babilónicas.

Su historia constructiva es larga. El edificio fue arrasado por el asirio Senaquerib en el año 689 a.C., y la versión monumental que aparece en las ilustraciones corresponde a Nabopolasar y a su hijo Nabucodonosor II, en el siglo VI a.C.

Por qué la identificación es probable y por qué no es concluyente

A favor juega casi todo lo circunstancial: la ubicación coincide con la llanura que el texto nombra, el nombre de la ciudad coincide con el nombre del relato y el tipo de edificio coincide con la descripción. La inscripción de Nabopolasar sobre su reconstrucción habla incluso de levantar la cúspide “para que rivalice con el cielo”.

En contra juega la cronología. El Etemenanki documentado es muy posterior al episodio de Génesis 11 y está levantado sobre un sitio que ya tenía construcciones antes. La salida más razonable, y la que sostienen bastantes autores, es que no sea la torre original sino su heredero: el mismo lugar, la misma idea, reconstruida durante milenios sobre los cimientos anteriores.

reconstrucción del Etemenanki de Babilonia, torre escalonada dedicada a Marduk

¿Qué aporta la Tablilla de la Torre de Babel de la colección Schøyen?

La llamada Tablilla de la Torre de Babel es una tablilla de piedra oscura de época neobabilónica que combina tres cosas en una misma pieza: el dibujo de un zigurat escalonado, la figura de un rey con su cetro y una inscripción que nombra el edificio como el zigurat de Babilonia.

El grabado presenta la torre en alzado, con sus niveles superpuestos y el santuario arriba, junto a una planta esquemática. El personaje de pie con tocado cónico y bastón se identifica como Nabucodonosor II. El asiriólogo Andrew R. George, especialista en literatura babilónica y editor de la pieza, la considera la representación contemporánea más clara que existe de ese edificio.

Conviene ser preciso con lo que aporta. La tablilla documenta que el Etemenanki existió, que tenía la forma que la reconstrucción sugiere y que Nabucodonosor II se atribuyó su restauración. No menciona ninguna confusión de idiomas ni contiene nada relativo al relato bíblico. Además, al proceder de una colección privada sin excavación documentada, los asiriólogos la citan con reservas de procedencia.

tablilla babilónica antigua grabada con el dibujo de un zigurat y un rey

El ladrillo y el asfalto: el detalle que fija la ubicación

El dato que más ata el relato al sur de Irak no es arqueológico, es material. El texto se detiene a explicar con qué construyeron: “Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla” (Génesis 11:3).

Esa aclaración solo tiene sentido si el autor escribe para lectores acostumbrados a la piedra y al mortero de cal, es decir, para gente de Canaán. En Mesopotamia no hay cantera, y el betún natural aflora en manantiales de la zona de Hit, sobre el Éufrates. Es el material de construcción local, y la Biblia lo nombra con exactitud.

El mismo betún aparece antes en el relato del arca: “y la calafatearás con brea por dentro y por fuera” (Génesis 6:14). Un autor tardío inventando una leyenda difícilmente habría acertado con la técnica constructiva de una llanura que no conocía.

constructores fabricando ladrillos cocidos con asfalto en la llanura de Sinar

¿Se puede visitar hoy la ubicación de la torre de Babel?

Sí. El sitio arqueológico de Babilonia está abierto al público, fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2019 y se llega desde Hilla, en la provincia iraquí de Babil. Lo que se visita del zigurat es su planta: un rectángulo excavado, con agua freática en el fondo y los muros perimetrales reducidos a su base.

La desaparición del edificio tiene una explicación prosaica y una lectura profética. La prosaica: durante siglos los habitantes de la zona se llevaron sus ladrillos para construir casas y canales. La profética la habían anunciado los profetas de Israel sobre esa ciudad: “Aunque suba Babilonia hasta el cielo, y se fortifique en las alturas, de mí vendrán a ella destruidores, dice Jehová” (Jeremías 51:53).

Isaías fue todavía más concreto sobre el destino del lugar: “Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra… Nunca más será habitada” (Isaías 13:19-20). Quien visita hoy el sitio camina entre montículos de barro y palmeras, no entre calles.

El nombre, en cambio, sobrevivió a las piedras. Apocalipsis lo recupera como símbolo de todo sistema humano organizado contra Dios: “Ha caído, ha caído la gran Babilonia” (Apocalipsis 18:2). Si quieres el fondo histórico completo del episodio, lo desarrollamos en si la torre de Babel existió realmente.

Preguntas frecuentes sobre la ubicación real de la torre de Babel

¿En qué país estaría hoy la torre de Babel?

En Irak. La llanura de Sinar corresponde al sur del país actual, y el sitio más probable, el zigurat de Babilonia, está en la provincia de Babil, a unos 85 kilómetros al sur de Bagdad y muy cerca de la ciudad de Hilla.

¿Quedan ruinas de la torre de Babel?

Del zigurat de Babilonia queda la planta excavada, no la estructura. Sus ladrillos fueron reutilizados durante siglos por la población local. Las ruinas escalonadas que suelen fotografiarse como Babel pertenecen a Borsippa o a Aqar Quf, dos zigurats distintos de la misma región.

¿Por qué se llamaba Babel a ese lugar?

En acadio, bab-ilu significa “puerta de dios”, el nombre que los propios babilonios daban a su ciudad. El narrador hebreo hace un juego de palabras con el verbo balal, confundir, y concluye: “por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra” (Génesis 11:9).

¿La torre de Babel está en el mismo sitio que los jardines colgantes?

Ambos se sitúan tradicionalmente en Babilonia, aunque los jardines colgantes nunca se han localizado con certeza y algunos asiriólogos los ubican en Nínive. El zigurat, en cambio, sí tiene una posición excavada y documentada dentro del recinto sagrado de la ciudad.

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Lo que puedes hacer hoy

Abre un mapa de Irak y busca Hilla. Después lee Génesis 11:1-9 con ese mapa al lado. El relato deja de ser un cuento con ilustración de acuarela y pasa a ocurrir en un sitio con carretera, provincia y coordenadas.

Y llévate esta pregunta durante la semana: ¿qué estoy construyendo yo para que Dios baje en mis términos, en mi terreno y con mi nombre en la base? Babel no fue un problema de altura. Fue un problema de dirección.

Si este recorrido te sirvió, compártelo con alguien que crea que la Biblia no menciona lugares localizables. Y sigue el clúster con cuál fue el pecado de la torre de Babel y con quién es Babilonia la grande en Apocalipsis.