
La Biblia habla de la conducta sexual entre personas del mismo sexo en un puñado de pasajes concretos y en todos ellos la presenta como algo que queda fuera del diseño que Dios estableció para la sexualidad. Esa es la lectura que la iglesia cristiana ha sostenido durante veinte siglos. Pero decir solo eso sería quedarse en la superficie, así que en este estudio vamos a revisar cada pasaje con su contexto histórico, su hebreo o su griego, y a hablar de personas, no de casos, con lo mínimo que un lector honesto necesita: quién lo escribió, a quiénes y qué significaba la palabra original. Si quieres el método completo para hacer esto con cualquier pasaje, lo tienes en cómo leer la Biblia.

¿Cuál fue el pecado de Sodoma y Gomorra en Génesis 19?
El pecado de Sodoma, según la propia Biblia, fue un conjunto: soberbia, abundancia egoísta, desprecio al pobre y una violencia sexual colectiva contra dos forasteros. Quien reduzca Génesis 19 a un solo elemento está simplificando el texto.
Dos mensajeros llegan de noche y Lot insiste en hospedarlos, porque en el Cercano Oriente antiguo dejar a un extranjero a la intemperie era exponerlo a la muerte. Antes de acostarse, “todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo” rodea la casa exigiendo que se los entreguen (Génesis 19:4). El verbo hebreo yadá, “conocer”, se usa también para el acto sexual (Génesis 4:1), y aquí el sentido queda claro porque Lot ofrece a sus hijas “que no han conocido varón” (Génesis 19:8), una respuesta espantosa que el texto narra sin aprobar. Lo que la escena describe es un intento de violación colectiva contra huéspedes bajo protección, no una relación de pareja.
Siglos después, cuando Dios manda a Ezequiel a comparar a Jerusalén con Sodoma, el resumen que da de aquel pecado no pone la sexualidad en primer lugar.
He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso.
Ezequiel 16:49 (RV1960)
El versículo siguiente añade “e hicieron abominación delante de mí” (Ezequiel 16:50), así que el profeta no borra lo sexual, lo coloca al final de una cadena que empieza en el egoísmo. Durante siglos se usó Sodoma para señalar a personas homosexuales, mientras el propio texto ponía en primer plano la soberbia y el desprecio al necesitado.
El Nuevo Testamento vuelve al episodio en clave sexual: “habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza” (Judas 7). Aun así, Génesis 19 es ante todo un relato de violencia; los pasajes que sostienen el peso del argumento bíblico están en otra parte, empezando por la ley de Moisés.

¿Qué dice Levítico 18:22 y 20:13 sobre la homosexualidad?
Levítico prohíbe de forma expresa el acto sexual entre varones y lo llama abominación. Son los dos versículos más directos del Antiguo Testamento, y también los que más discusión levantan.
“No te echarás con varón como con mujer; es abominación” (Levítico 18:22) aparece dentro del código de santidad, cuyo marco está en el primer versículo del capítulo: “No haréis como hacen en la tierra de Egipto… ni haréis como hacen en la tierra de Canaán” (Levítico 18:3). El capítulo entero trata de sexualidad y prohíbe, en orden, el incesto, la relación durante la menstruación, el adulterio, entregar hijos a Moloc, el acto entre varones y el bestialismo: prácticas documentadas en los pueblos vecinos, algunas con función religiosa en sus templos.
El paralelo del capítulo 20 añade la sanción: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos” (Levítico 20:13). Esa pena pertenecía al derecho penal de una nación teocrática concreta, y ningún cristiano tiene mandato para aplicarla hoy, ni siquiera en su forma verbal de condenar a alguien a muerte social. La sanción cae sobre los dos participantes por igual, sin distinguir rol activo y pasivo como sí hacían los códigos legales del entorno: el criterio del texto no es el honor masculino, es el diseño.
Y aquí aparece la objeción que cualquier lector atento hace de inmediato: si el mismo Levítico prohíbe comer cerdo y mezclar tejidos, ¿por qué se conserva un mandato y se dejan los otros? La respuesta tiene un criterio concreto: los mandatos que Cristo cumplió en su persona quedan cerrados en Él —las leyes de alimentos, “haciendo limpios todos los alimentos” (Marcos 7:19), y los sacrificios, porque Cristo se ofreció “una vez para siempre” (Hebreos 10:10)— y los que el Nuevo Testamento vuelve a mandar por su cuenta siguen obligando.
El concilio de Jerusalén liberó a los gentiles de la circuncisión y el calendario, pero les pidió abstenerse “de fornicación” (Hechos 15:20), porneía en griego, término que en el vocabulario judío funcionaba como paraguas de toda conducta sexual prohibida en la ley, incluidas las relaciones entre varones. El cerdo nunca vuelve a prohibirse; el incesto sí vuelve (1 Corintios 5), y la conducta entre personas del mismo sexo vuelve en Romanos 1, 1 Corintios 6 y 1 Timoteo 1. La continuidad no la inventa el lector, la establece el texto.
¿Qué dice Romanos 1:26-27 sobre las relaciones entre personas del mismo sexo?
Romanos 1:26-27 es el pasaje central del tema en el Nuevo Testamento y el único que menciona tanto a mujeres como a hombres. Pablo lo usa dentro de un argumento mayor: describe lo que ocurre en la humanidad cuando cambia al Creador por lo creado, y presenta la conducta sexual como una de las señales visibles de ese cambio de dirección.
“Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres” (Romanos 1:26-27). La expresión “contra naturaleza” es pará physin, y su contraparte, “el uso natural”, kata physin. En el pensamiento del primer siglo, physis no significaba lo que a alguien le sale espontáneamente; significaba el orden con el que las cosas fueron hechas.
Eso se nota en el vocabulario: unos versículos antes Pablo habla de “imagen”, “semejanza”, “aves”, “cuadrúpedos” (Romanos 1:23), el léxico de Génesis 1, y en el versículo 26 usa thélus y ársēn, “hembra” y “varón”, los mismos términos que la traducción griega de Génesis 1:27 emplea en “varón y hembra los creó”. Está señalando el relato de la creación con el dedo.
Hay una parte que casi nunca se predica junto con estos versículos. Pablo sigue la lista con envidia, homicidio, engaño y soberbia (Romanos 1:29-31), y en cuanto termina gira el argumento contra el lector religioso: “en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo” (Romanos 2:1). Quien usa Romanos 1 para despreciar a alguien lo usa al revés de como fue escrito.

¿Qué significan malakoi y arsenokoitai en 1 Corintios 6:9 y 1 Timoteo 1:10?
Son dos términos griegos que aparecen juntos en 1 Corintios 6:9, y el segundo reaparece en 1 Timoteo 1:10. La Reina-Valera 1960 los traduce “afeminados y los que se echan con varones”.
Malakós significa literalmente blando, suave; Jesús la usa en sentido material para “ropas delicadas” (Mateo 11:8). Aplicada a personas, describía al hombre entregado al lujo, y con frecuencia al varón que asumía el papel receptivo en una relación entre hombres. Traducirla “afeminados” agregó un daño enorme, porque convirtió una descripción de conducta en un juicio sobre los gestos de una persona. Lo que decide el sentido aquí es la palabra que viene después.
Arsenokoítēs no aparece en ningún texto griego conocido anterior a Pablo. Está formado por ársēn (varón) y koítē (lecho), y esas dos piezas aparecen juntas en la traducción griega de Levítico 20:13, la Septuaginta: “no te acostarás con varón el acto de mujer”. Pablo parece haber acuñado la palabra recortando el mandato de Levítico, lo que significa que no está pensando en una costumbre griega concreta, está citando la ley de Moisés en su propio idioma.
Se ha propuesto que el término designaba solo al hombre que explota sexualmente a otro. La objeción es que la palabra viene de una prohibición que no menciona edad ni consentimiento. Y conviene leer con quiénes comparte lista: ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, estafadores. Cualquiera que haya pasado un domingo en una iglesia sabe que en esos renglones cabe media congregación.

¿Jesús habló de la homosexualidad?
En los evangelios no hay ninguna frase de Jesús que mencione la conducta entre personas del mismo sexo, y eso hay que decirlo sin rodeos. Lo que sí hay es una declaración suya sobre el matrimonio, dada como respuesta a una pregunta directa, en la que define el asunto citando Génesis dos veces.
¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.
Mateo 19:4-6 (RV1960)
Le preguntan por el divorcio y en lugar de discutir las causales sube al origen: “al principio”. Une Génesis 1:27 y Génesis 2:24, y con ellos define qué es el matrimonio: la unión permanente de un varón y una mujer que se vuelven una sola carne. El argumento bíblico principal no es una prohibición, es una descripción; la Escritura no organiza su enseñanza sobre sexualidad como una lista de vetos, sino como un modelo, y todo lo que queda fuera de ese marco —incluida la fornicación heterosexual, desarrollada en sexo antes del matrimonio según la Biblia— se trata con la misma seriedad.
El argumento del silencio tiene una parte legítima: si Jesús no dedicó ni una frase al asunto y sí dedicó docenas al dinero y a la religiosidad hipócrita, cualquier iglesia que hable diez veces más de esto que de aquello tiene sus prioridades invertidas. Donde el argumento falla es al convertir el silencio en aprobación: Jesús tampoco mencionó el incesto, y usó una palabra que lo cubre —cuando enumera lo que sale del corazón menciona las porneíai (Marcos 7:21), el mismo término paraguas del concilio de Jerusalén.
¿Es pecado sentir atracción por personas del mismo sexo?
Hay que separar tres cosas: la atracción que aparece sin que nadie la pida, la identidad con la que una persona se nombra, y la conducta que decide practicar. La Biblia habla de conducta, no de sentir.
Ninguno de los pasajes castiga un sentimiento. Levítico habla de acostarse, Romanos de encenderse y practicar, 1 Corintios de una conducta habitual. Nadie elige a los quince años sentir lo que siente, y decirle a un adolescente que su atracción lo hace culpable es cargarle una condena que el texto no le pone. Cuando a alguien se le enseña que el sentimiento en sí es su pecado, se le empuja a esconderlo y a vivir con una vergüenza sin salida.
Lo que la Escritura ofrece no es una prohibición de vocabulario, es una identidad más profunda: hecho a imagen de Dios (Génesis 1:27), llamado hijo (Juan 1:12). A la persona soltera heterosexual la Biblia le pide abstinencia hasta el matrimonio; al casado, fidelidad exclusiva. Ese llamado a renunciar atraviesa a todos. Jesús habló de los eunucos “que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos”: no lo mandó a todos, lo describió como una vocación exigente que Dios acompaña (Mateo 19:12).

¿Qué significa “y esto erais algunos” en 1 Corintios 6:11?
Significa que la lista de 1 Corintios 6:9-10 no fue escrita para señalar a nadie desde fuera. Justo después, Pablo escribe: “y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús” (1 Corintios 6:11). Los tres verbos están en voz pasiva: el sujeto que actuó no fueron ellos. Corinto era una ciudad portuaria conocida por su vida sexual desordenada, y esa iglesia estaba hecha de gente que venía de todo lo que la lista enumera. Pablo dice “algunos”, señalando a personas presentes, con nombre y cara, y no las mandó a un grupo aparte.
Conviene decirlo con claridad, porque se han hecho promesas irresponsables: la Biblia no promete en ningún versículo que la atracción se modifique. Lo que sí promete es “habéis sido comprados por precio” (1 Corintios 6:20). El cambio que la Escritura garantiza es de pertenencia, no de deseo, y es una esperanza que no depende de resultados emocionales.
Preguntas frecuentes sobre la homosexualidad y la Biblia
¿Una persona homosexual puede ir al cielo?
Nadie entra al Reino por su conducta sexual. Se entra por la obra de Cristo recibida por fe, “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Si la salvación dependiera de tener la sexualidad ordenada, el cielo estaría vacío.
¿Se puede ser cristiano y homosexual?
Sí, y hay miles de personas viviendo esa combinación, muchas en silencio por miedo a su congregación. Sentir atracción por el mismo sexo no cancela la fe de nadie; ningún pasaje bíblico condena un sentimiento. La tensión aparece en la conducta, y ahí cada creyente enfrenta la misma decisión que un soltero heterosexual.
¿Dios hizo a las personas homosexuales así?
La Biblia no explica el origen de la atracción de ninguna persona. Sí enseña que toda persona fue formada por Dios y lleva su imagen (Salmo 139:13-14; Génesis 1:27), y que la creación quedó afectada por la caída (Romanos 8:22).
¿Qué versículo dice que la homosexualidad es pecado?
Levítico 18:22 y 20:13, Romanos 1:26-27, 1 Corintios 6:9 y 1 Timoteo 1:10. Judas 7 se refiere al caso de Sodoma. En todos ellos lo señalado es la conducta, no el sentimiento, y comparte lista con la avaricia y la soberbia.
Lo que puedes hacer hoy
Si llegaste hasta aquí buscando munición para una discusión, deja el artículo y llama a la persona con la que estás peleando. Si tu hijo o un amigo te dijo algo esta semana, tienes una guía completa de cómo responder en cómo responder a un hijo que dice que es homosexual, y si te preguntas cómo debería tratarlo tu congregación, revisa cómo debe tratar la iglesia a las personas homosexuales.
Te dejo una pregunta para esta semana. Si hoy tuvieras que dar cuentas a Dios por la manera en que has hablado de las personas homosexuales —en la mesa, en el grupo de la iglesia, en un comentario de redes— ¿cómo sonaría esa conversación? Nadie llega a Dios por su heterosexualidad; llegamos todos por gracia, y desde ahí se habla distinto. Si este estudio te sirvió, compártelo con alguien que esté atravesando esta conversación en su familia.



