
Los hijos de Dios en Génesis 6 son, según las tres interpretaciones que la iglesia ha sostenido durante veinte siglos, ángeles caídos, descendientes piadosos de Set o gobernantes despóticos de la línea de Caín. El texto hebreo dice bene ha-elohim y no aclara a quién señala. Aquí tienes los argumentos de cada postura, sus problemas reales y lo que el pasaje sí afirma sin discusión.
¿Qué dice exactamente Génesis 6:1-4 sobre los hijos de Dios?
El pasaje afirma que los hijos de Dios tomaron esposas entre las hijas de los hombres y que de aquello nacieron hijos: “que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas” (Génesis 6:2). Nada más. No dice de dónde vienen, ni si eran humanos, ni si aquello fue pecado suyo o de ellas.
La frase hebrea es bene ha-elohim, literalmente “los hijos de los elohim”. En hebreo, “hijo de” no siempre indica descendencia biológica: también indica pertenencia a una categoría. “Hijos de los profetas” significa miembros del gremio profético, “hijo de Belial” significa hombre indigno. Por eso la expresión admite lecturas tan distintas.
El versículo 4 añade a los nefilim, y el 5 sentencia el estado moral del mundo: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra”. Moisés escribe esto para una generación de esclavos recién liberados que va a entrar en una tierra llena de cultos de fertilidad. Les está explicando por qué mezclarse con lo que Dios separó acaba en juicio.
¿Los hijos de Dios eran ángeles caídos?
Es la interpretación más antigua documentada y la que mejor se apoya en el uso del vocabulario. En el resto del Antiguo Testamento, la expresión bene ha-elohim siempre designa a seres celestiales. Job 1:6 dice: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás”. La escena es una corte celestial, no una asamblea humana.
Job 38:7 refuerza el patrón. Dios le pregunta a Job dónde estaba él cuando se puso la piedra angular de la tierra, “cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios”. Ningún ser humano existía todavía. La expresión, en su uso normal, apunta hacia arriba.

Qué dicen Judas 6 y 2 Pedro 2:4
Dos textos del Nuevo Testamento hablan de ángeles que fueron encarcelados por una falta específica, y ambos la sitúan junto al diluvio. Judas escribe: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Judas 6).
El versículo siguiente compara ese pecado con el de Sodoma y Gomorra, que “habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo” (Judas 7). La comparación es sexual y el adjetivo es “contra naturaleza”. Para quien defiende la lectura angélica, este es el argumento central.
Pedro coloca la misma escena en orden cronológico: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad… y no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé” (2 Pedro 2:4-5). Los ángeles caídos aparecen inmediatamente antes del diluvio, en la misma secuencia que Génesis 6.
La objeción de Mateo 22:30
La objeción más citada contra la lectura angélica viene de Jesús: “Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22:30). Si los ángeles no se casan, ¿cómo iban a tomar mujeres?
Quienes sostienen la interpretación angélica responden con dos matices. Primero, Jesús habla de “los ángeles de Dios en el cielo”, es decir, de los que permanecieron en su lugar; el argumento de Judas 6 trata precisamente de los que abandonaron su morada. Segundo, el texto dice que no se casan, no que sean incapaces de manifestarse corporalmente: en Génesis 18 y 19 los ángeles comen, caminan y son agarrados por la mano.

¿Los hijos de Dios eran los descendientes de Set?
La segunda interpretación entiende que los hijos de Dios son la línea piadosa de Set y las hijas de los hombres la descendencia de Caín. El apoyo viene de la estructura misma de Génesis 4 y 5, que sigue dos genealogías paralelas con destinos morales opuestos. Génesis 4:26 marca el punto de inflexión: “entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”.
Bajo esta lectura, el pecado de Génesis 6:2 es el matrimonio entre creyentes e incrédulos, y la corrupción se extiende cuando la línea que adoraba se disuelve en la que no. Es una lectura coherente con el resto del Pentateuco, donde Dios prohíbe expresamente a Israel casarse con los pueblos de Canaán “porque desviará a tu hijo de en pos de mí” (Deuteronomio 7:4).
Esta postura fue defendida por Agustín en La ciudad de Dios, por Juan Crisóstomo y más tarde por Calvino, y llegó a ser mayoritaria en Occidente desde el siglo V. Su fuerza es teológica: mantiene el pecado dentro del corazón humano y no lo desplaza a un factor externo.
Un dato refuerza esta postura. Génesis 5 presenta a Set como el hijo nacido “a su semejanza, conforme a su imagen” de Adán (Génesis 5:3), retomando el lenguaje de la creación del capítulo 1. La línea de Set conserva algo que la de Caín ha ido perdiendo, y el capítulo 6 mostraría el momento en que esa distinción se borra por completo mediante el matrimonio.
Su debilidad es lingüística. En ninguna parte del Antiguo Testamento se llama “hijos de Dios” a los setitas, y el contraste no sería entre hombres piadosos y mujeres impías sino simplemente entre hombres y mujeres: el texto dice “las hijas de los hombres”, no “las hijas de Caín”.

¿Los hijos de Dios eran reyes y gobernantes?
La tercera lectura, defendida sobre todo por comentaristas judíos medievales y por algunos eruditos modernos del Antiguo Cercano Oriente, identifica a los hijos de Dios con reyes y jueces despóticos. En el mundo de Moisés, los monarcas se proclamaban hijos de los dioses: los faraones egipcios eran hijos de Ra, y los reyes mesopotámicos se presentaban en sus inscripciones como engendrados por una deidad. El título no describía naturaleza, describía autoridad.
El apoyo interno viene del Salmo 82, donde Dios reprende a jueces corruptos con estas palabras: “Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis” (Salmo 82:6-7). Jesús cita ese salmo en Juan 10:34, lo cual muestra que la aplicación a autoridades humanas era conocida.
Bajo esta lectura, el pecado es el abuso de poder: hombres que “tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”, es decir, harenes formados por la fuerza. Los nefilim serían entonces la casta guerrera nacida de esas dinastías, y el término “varones de renombre” encaja con la propaganda real de la época.

¿Qué creía el judaísmo antiguo sobre los hijos de Dios?
El judaísmo del Segundo Templo, es decir, el mundo religioso en que nacieron Jesús y los apóstoles, sostenía casi unánimemente la lectura angélica. El libro de 1 Enoc, escrito entre los siglos III a.C. y I d.C., construye toda su primera sección sobre doscientos ángeles llamados Vigilantes que descienden al monte Hermón. El libro de los Jubileos repite el esquema.
Flavio Josefo, historiador judío del siglo I, lo da por hecho al describir aquella generación en sus Antigüedades judías, y compara a los hijos de esas uniones con los gigantes de las leyendas griegas. La Septuaginta, en algunos manuscritos de Génesis 6:2, traduce directamente angeloi tou theou, ángeles de Dios.
Eso no convierte la interpretación en doctrina: los textos de Enoc y Jubileos no forman parte del canon, y lo que una época creyó mayoritariamente no equivale a lo que el texto inspirado afirma. Puedes revisar por qué esos escritos quedaron fuera en el libro de Enoc y por qué no está en la Biblia. Pero sí explica por qué Judas y Pedro escriben como escriben: sus primeros lectores conocían ese marco.
¿Cuál de las tres interpretaciones es la correcta?
No hay consenso, y ninguna de las tres es herética. La lectura angélica tiene el mejor apoyo lingüístico y contextual; la setita tiene el mejor apoyo teológico dentro del argumento moral del Génesis; la de los gobernantes encaja mejor con el trasfondo cultural del Cercano Oriente. Cada una explica bien una parte del pasaje y deja otra sin resolver.
Conviene notar lo que ninguna de las tres cambia. Génesis 6 no está construido para responder de dónde salieron los nefilim, sino para explicar por qué Dios envió el diluvio. El sujeto del capítulo es la corrupción generalizada y la respuesta de Dios ante ella.
Fíjate en dónde pone Moisés la culpa: en el corazón de los hombres. No en los ángeles, no en las mujeres, no en una raza híbrida. El diagnóstico del capítulo es interno, y por eso el remedio también lo es: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:8). Sobre quiénes eran aquellos nefilim y qué pasó con ellos, tienes el estudio completo en los gigantes del Antiguo Testamento y los nefilim.
Preguntas frecuentes sobre quiénes eran los hijos de Dios en Génesis 6
¿Los ángeles pueden tener hijos con humanos?
La Biblia no lo afirma en ningún pasaje explícito. Génesis 18 y 19 muestran ángeles que se manifiestan con cuerpo, comen y son tocados, lo cual demuestra capacidad de aparición corporal, no capacidad reproductiva. Quien sostiene la lectura angélica lo deduce de Judas 6-7, no de una declaración directa. Es una inferencia razonable, no un dato del texto.
¿En qué otros pasajes aparece la expresión hijos de Dios?
En el Antiguo Testamento aparece en Job 1:6, Job 2:1, Job 38:7 y Salmo 89:6, siempre referida a seres celestiales. En el Nuevo Testamento cambia por completo de sentido: designa a los creyentes. Juan 1:12 dice que “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Es el mismo título aplicado a otra realidad.
¿Fue el pecado de los hijos de Dios la causa del diluvio?
Fue una parte, no la causa completa. Génesis 6:5 y 6:11-12 describen una corrupción total: “y estaba la tierra llena de violencia”. El episodio de los versículos 1 al 4 funciona como el ejemplo extremo de una degradación mucho más amplia. El texto responsabiliza a toda aquella generación.
¿Puedo cambiar de opinión sobre este pasaje?
Sí, y muchos creyentes lo hacen al estudiar el hebreo o el trasfondo del Segundo Templo. Agustín defendió la lectura setita, la iglesia primitiva anterior a él defendió la angélica, y ambos grupos compartían la misma fe en Cristo. Es un pasaje difícil, no un artículo del credo.
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Lo que puedes hacer hoy
Abre Job 1:6, Job 38:7 y Génesis 6:2 en la misma sesión y lee los tres versículos seguidos, en voz alta. Escribe con tus palabras a quién señala la expresión en cada contexto. Ese ejercicio de veinte minutos te enseña más sobre cómo funciona el hebreo que cualquier documental sobre nefilim.
La pregunta para esta semana: cuando un pasaje admite tres lecturas defendibles, ¿sabes decir “no estoy seguro” sin sentir que pierdes algo?
Si alguien cercano vive este tema con miedo en vez de con estudio, comparte el artículo. Y para seguir: los gigantes del Antiguo Testamento y los nefilim y el diluvio fue mundial o local.



