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¿El universo tuvo un principio según la ciencia?

agosto 7, 2026

El universo tuvo un principio según la ciencia, y esa conclusión no salió de un seminario de teología sino de mediciones hechas por astrónomos que en varios casos esperaban lo contrario. Cuatro líneas de evidencia independientes apuntan en la misma dirección: la expansión del espacio, la radiación de fondo, la segunda ley de la termodinámica y un teorema matemático publicado en 2003.

Este estudio recorre las cuatro, explica qué mide cada una y señala con honestidad dónde sigue abierta la discusión. Al final verás qué dice la Escritura sobre ese comienzo y hasta dónde llega la coincidencia.

Qué dice la ciencia sobre el origen del universo

¿Qué dice la ciencia sobre el origen del universo?

La cosmología sostiene hoy que el universo observable tiene una edad finita, calculada en unos 13.800 millones de años, y que espacio, tiempo, materia y energía tuvieron un estado inicial. No es una hipótesis marginal: es el marco dentro del cual trabaja la disciplina entera.

Conviene entender qué significa eso y qué no. La ciencia describe cómo evolucionó el universo desde ese estado inicial; no describe qué lo produjo, porque las herramientas de la física operan dentro del espacio y del tiempo que empezaron ahí. La pregunta por la causa es filosófica, y quien mezcla los dos planos termina diciendo más de lo que la evidencia permite.

Hasta los años veinte del siglo pasado, el modelo dominante era otro: un universo estático y eterno, sin origen ni destino. Einstein llegó a introducir un término en sus ecuaciones para forzar esa estabilidad y años después llamó a eso el mayor error de su carrera. El cambio de modelo no fue un capricho; lo obligaron los datos.

La expansión del universo: la película corrida hacia atrás

En 1929 el astrónomo Edwin Hubble midió la luz que llega de galaxias lejanas y encontró un patrón sistemático: casi todas se alejan de nosotros, y cuanto más distantes están, más rápido se alejan. La conclusión no fue que estemos en el centro de algo, sino que el espacio mismo se está estirando, y las galaxias van montadas en ese estiramiento como pasas dentro de un pan que crece en el horno.

La técnica que lo permitió se llama corrimiento al rojo. La luz de un objeto que se aleja llega con sus ondas estiradas, desplazadas hacia el extremo rojo del espectro, igual que la sirena de una ambulancia suena más grave cuando ya pasó de largo. Hubble midió ese corrimiento en decenas de galaxias y encontró que crecía en proporción a la distancia.

Quién propuso el comienzo antes que nadie

Si el espacio se expande, la película corrida hacia atrás muestra todo cada vez más junto, más denso y más caliente, hasta un estado inicial. Quien sacó esa conclusión primero fue Georges Lemaître, sacerdote católico belga y físico, que en 1927 dedujo la expansión de las ecuaciones de la relatividad general antes de que Hubble publicara sus mediciones.

El nombre con el que hoy conocemos su propuesta nació como burla. Fred Hoyle, astrónomo británico que defendía un universo eterno y sin origen, habló despectivamente de un “big bang” en una emisión radial de la BBC en 1949. El apodo se quedó. Vale la pena guardar el detalle: el modelo del comienzo fue resistido por buena parte de la comunidad científica precisamente porque olía a creación.

La radiación de fondo de microondas: el eco que quedó

La radiación de fondo de microondas: el eco que quedó

La confirmación llegó en 1965, y llegó por accidente. Arno Penzias y Robert Wilson, dos ingenieros de los laboratorios Bell, trabajaban con una antena de bocina en Nueva Jersey y no lograban eliminar un ruido de fondo constante que venía de todas las direcciones del cielo por igual. Revisaron el equipo, limpiaron los excrementos de las palomas que anidaban dentro, y el ruido siguió ahí.

No era una falla. Era el calor sobrante de un universo que había estado incandescente: la radiación liberada unos 380.000 años después del estado inicial, cuando el cosmos se enfrió lo bastante para que la luz pudiera viajar libre. Penzias y Wilson recibieron el Nobel de física en 1978 por un hallazgo que no buscaban.

Esa radiación de fondo es hoy una de las mediciones mejor estudiadas de la física, cartografiada en detalle por los satélites COBE (1989), WMAP (2001) y Planck (2009). Sus diminutas variaciones de temperatura, del orden de una parte en cien mil, coinciden con lo que predice un universo que empezó denso y caliente y se fue enfriando. Un universo eterno y estable no tendría por qué estar bañado en el resplandor sobrante de un estado inicial.

La segunda ley de la termodinámica: si fuera eterno, ya estaría apagado

Esta línea de evidencia es la más sencilla de captar y quizá la más contundente. La segunda ley de la termodinámica dice que en un sistema cerrado la energía útil siempre disminuye: las diferencias se emparejan, lo caliente se enfría, el orden se degrada. Una taza de café caliente en una habitación termina a temperatura ambiente. Nunca al revés.

El universo es el sistema cerrado por excelencia, porque por definición no hay nada fuera de él que le entregue energía. Entonces, si llevara una cantidad infinita de tiempo funcionando, ya habría alcanzado hace muchísimo el equilibrio total: estrellas apagadas, temperatura uniforme en todas partes, cero procesos posibles. A ese estado se lo llamó la muerte térmica del universo, y lo describieron en el siglo XIX físicos como Rudolf Clausius y William Thomson.

Mira por la ventana en una noche despejada. Hay estrellas encendidas quemando combustible. Hay soles jóvenes formándose ahora mismo dentro de nubes de gas. Hay diferencias de temperatura por todas partes, es decir, hay energía útil sin gastar. Un reloj de cuerda que todavía anda no lleva un tiempo infinito andando; alguien le dio cuerda hace un rato. Ese es exactamente el estado en que encontramos el universo.

El teorema de Borde-Guth-Vilenkin y el multiverso

El teorema de Borde-Guth-Vilenkin y el multiverso

Durante décadas, quienes querían un universo sin comienzo propusieron modelos alternativos: universos que rebotan, que se inflan eternamente, que brotan unos de otros formando un multiverso. En 2003, tres cosmólogos —Arvind Borde, Alan Guth y Alexander Vilenkin— publicaron un teorema que cerró de golpe la mayor parte de esas salidas.

El resultado demuestra que cualquier espacio-tiempo que en promedio haya estado en expansión a lo largo de su historia no puede extenderse infinitamente hacia el pasado: tiene necesariamente un límite, un borde inicial. Lo notable es su alcance. El teorema no depende de conocer la física que gobernaba el universo primitivo antes del tiempo de Planck, porque se sostiene sobre la geometría de las trayectorias; sobrevive aunque la descripción física de ese instante cambie por completo.

Por qué el multiverso no compra eternidad

El teorema alcanza también a los modelos de muchos universos. Si el nuestro fuera una burbuja entre incontables burbujas dentro de un espacio en inflación eterna, el conjunto entero seguiría estando en expansión promedio y, por lo tanto, seguiría teniendo un comienzo. El multiverso no elimina el problema: lo mueve un piso más arriba, y ahora hay que explicar el origen de un sistema todavía más vasto.

Aquí toca la honestidad que el tema merece. El teorema no es una demostración de la existencia de Dios y sus autores no lo presentan así. Vilenkin sostiene que a los cosmólogos ya no les queda la posibilidad de esconderse detrás de un universo eterno; Alan Guth, coautor del mismo trabajo, no comparte esa lectura y sigue considerando que el universo pudo no tener comienzo. Existen modelos que intentan esquivar la condición del teorema y la discusión continúa abierta en la literatura científica.

Lo que sí se puede afirmar sin exagerar es esto: el peso de la evidencia disponible hoy favorece un universo con principio, y quien defiende lo contrario está nadando contra la corriente de sus propias herramientas. Ese dato es justamente la segunda premisa del razonamiento que tienes desarrollado en el argumento cosmológico kalam explicado fácil.

¿El principio del universo demuestra que Dios existe?

No por sí solo, y conviene decirlo con claridad antes de que lo diga un interlocutor mejor informado. Que el universo haya empezado es un dato sobre el mundo; la conclusión de que ese comienzo requiere una causa externa es un paso de razonamiento filosófico que se añade al dato, no se deduce de la física.

El paso funciona así. Si todo lo que empieza a existir tiene una causa, y el universo empezó a existir, entonces el universo tiene una causa. La cosmología aporta la segunda premisa; la primera viene de la experiencia y de la lógica. Presentar el Big Bang como prueba directa de Dios salta ese eslabón y debilita el conjunto.

También hay un límite en la dirección contraria. Un comienzo del universo no encaja bien con la afirmación de que la materia es todo lo que hay y que se explica sola. Si la materia empezó, no puede ser el fondo último de la explicación, porque el fondo de cualquier explicación tiene que ser algo que no empezó. Esa discusión, con las respuestas históricas que se le han dado, la tienes en ¿quién creó a Dios?.

Qué dice la Biblia sobre el principio del universo

Qué dice la Biblia sobre el principio del universo

La Escritura afirma un comienzo absoluto en su primera línea y no discute el asunto: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). El verbo hebreo traducido “creó” es bará, y en todo el Antiguo Testamento su sujeto es siempre Dios, nunca una persona; nombra una actividad que consiste en producir algo que antes no estaba, sin partir de material previo.

La diferencia con los relatos vecinos es notable. En los mitos mesopotámicos del segundo milenio antes de Cristo, el mundo se arma a partir del cuerpo de un dios derrotado: hay materia anterior, hay batalla, hay dioses que también nacieron. Génesis empieza en otro registro, sin materia previa y sin genealogía de Dios, y la expresión “los cielos y la tierra” es un merismo, un recurso hebreo donde se nombran dos extremos para abarcar todo lo que hay en medio.

El autor de Hebreos, escribiendo a cristianos de origen judío tentados a volver atrás, lo formuló con una frase que sigue sorprendiendo por su precisión.

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Hebreos 11:3 (RV1960)

El verbo griego es nooûmen, “entendemos”, del mismo campo semántico que nous, la mente. El autor no pide aceptar la creación a ciegas: dice que se comprende con el intelecto. Y sostiene que lo visible procede de lo que no se veía, que es justamente el tipo de origen que la cosmología terminó describiendo dieciocho siglos después.

Otros textos sostienen la misma línea. “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmo 90:2) sitúa a Dios fuera de la cuenta del tiempo, en un salmo atribuido a Moisés que contrasta la brevedad de la vida humana con lo que no empieza. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3) extiende esa acción creadora al Verbo. Y el Salmo 19:1, “los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”, describe la actitud de quien mira hacia arriba y saca conclusiones.

Ninguno de esos textos es un tratado de cosmología ni pretende serlo. Isaías, hablando a un pueblo exiliado en Babilonia hacia el siglo VI antes de Cristo, describió a Dios como “el que extiende los cielos como una cortina” (Isaías 40:22), una imagen tomada de las tiendas de campaña que su audiencia conocía bien. Es lenguaje de su tiempo para una afirmación que no depende del modelo físico de ningún siglo.

Preguntas frecuentes sobre el principio del universo según la ciencia

¿Qué edad tiene el universo según la ciencia?

Unos 13.800 millones de años. La cifra sale principalmente del análisis de la radiación de fondo de microondas hecho por el satélite Planck, combinado con mediciones de la velocidad de expansión y de la composición del cosmos. Existe una discrepancia conocida entre distintos métodos de medir esa velocidad, llamada tensión de Hubble, que afecta el decimal pero no la conclusión de que la edad es finita.

¿Qué había antes del Big Bang?

La pregunta no tiene sentido gramatical dentro del modelo estándar, porque el tiempo no es un escenario donde ocurrió el comienzo, sino parte de lo que comenzó. La palabra “antes” necesita tiempo previo, y no lo había. Preguntar qué había antes del Big Bang se parece a preguntar qué hay al norte del polo norte.

¿Hay científicos que sostengan que el universo no tuvo principio?

Sí, y son minoría pero no marginales. Existen propuestas de cosmología cuántica, modelos de rebote y escenarios de contracción previa que buscan evitar un borde inicial. Alan Guth, coautor del teorema de 2003, sostiene que el universo pudo no tener comienzo. Ninguno de esos modelos tiene hoy respaldo observacional comparable al del marco estándar, pero la discusión sigue viva en revistas científicas.

¿El Big Bang contradice Génesis 1?

No en lo que ambos afirman sobre el origen. Los dos sostienen que el universo tuvo un comienzo y que no existió siempre, lo cual es exactamente lo que el modelo del universo eterno negaba. Las diferencias aparecen en el orden y la duración de los eventos posteriores, y ahí los cristianos sostienen lecturas distintas de los días de Génesis sin que ninguna dependa del Big Bang.

Lo que puedes hacer hoy

Guarda las cuatro líneas de evidencia con un nombre cada una: la expansión medida por Hubble, la radiación de fondo hallada por Penzias y Wilson, la energía útil que todavía queda sin gastar y el teorema de Borde-Guth-Vilenkin. Cuatro nombres bastan para sostener una conversación seria sin necesidad de fórmulas.

Practica también la distinción que más se confunde: la ciencia describe que el universo empezó, no quién lo hizo empezar. Sostener esa línea con claridad te da credibilidad ante alguien escéptico, porque demuestra que no estás forzando los datos para que digan lo que quieres.

Esta semana, una pregunta para pensar despacio: si el universo que habitas tiene fecha de inicio y una cantidad de energía útil que se agota, ¿qué lugar ocupas tú dentro de una historia que empezó y avanza? Si el estudio te sirvió, compártelo con alguien a quien le enseñaron que la ciencia y la Escritura están obligadas a pelearse.

Sigue estudiando: continúa con el argumento cosmológico kalam explicado fácil y con ¿el Big Bang contradice la Biblia?

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