
“Nadie sabe el día ni la hora” es la frase con la que Jesús cerró la puerta a cualquier cálculo sobre la fecha de su regreso, y su ubicación en el texto lo dice todo: está apenas dos versículos después de la parábola de la higuera, en el mismo discurso y ante los mismos oyentes que le habían preguntado cuándo ocurrirían esas cosas.
Quien anuncia una fecha se está atribuyendo una información que el Hijo dijo no tener durante su ministerio terrenal. Vamos a estudiar el versículo en su contexto, a resolver la dificultad teológica que plantea, a repasar lo que Jesús mandó hacer en lugar de calcular y a mirar de frente el costo histórico de las fechas anunciadas.

¿Qué significa Mateo 24:36, “del día y la hora nadie sabe”?
Mateo 24:36 significa que la fecha del regreso de Cristo es una información reservada al Padre, y que ningún ser creado la posee. Jesús no dice que sea difícil de calcular ni que se revelará más adelante a los estudiosos; dice que quienes no la conocen incluyen a los ángeles.
Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.
Mateo 24:36 (RV1960)
Marcos conserva la misma declaración y añade un eslabón que estremece, “pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32). La lista va de menor a mayor: los hombres, los ángeles, el Hijo. Jesús se incluyó a sí mismo entre quienes no manejaban ese dato.
El lugar del versículo dentro del discurso del Monte de los Olivos
Mira la secuencia como un solo bloque, porque la ubicación es el argumento. En Mateo 24:32-33, Jesús enseña a reconocer que el desenlace está cerca con la comparación de la higuera que echa hojas. En el versículo 34 promete que todo se cumplirá. En el 36 cierra la puerta al cálculo.
Y del 37 en adelante explica por qué. En los días de Noé la gente comía, bebía y se casaba “y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos” (Mateo 24:38-39). La sorpresa es parte del diseño, no una falla del sistema. Quien cita la higuera para calcular una fecha está usando el pasaje contra la conclusión que el propio pasaje saca.
El desarrollo completo de esa parábola, con las cuentas que se hicieron a partir de 1948 y con el detalle de Lucas 21 que casi nadie menciona, lo tienes en Israel en la profecía bíblica y la higuera.
¿Cómo puede Jesús no saber algo si es Dios?
Esta es la objeción que Marcos 13:32 despierta de inmediato, y la respuesta clásica de la iglesia pasa por entender la encarnación. En Cristo hay dos naturalezas, la de Dios y la de hombre, unidas en una sola persona sin mezclarse; lo que se afirma de una no se anula por lo que se afirma de la otra. En su naturaleza humana, Jesús creció, se cansó, tuvo hambre y no dispuso de esa información.
El texto que más ayuda aquí es el himno de Filipenses, donde Pablo dice que Cristo, siendo en forma de Dios, “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Filipenses 2:7). El verbo griego es kenoo, vaciar. No describe la pérdida de la deidad, sino el uso voluntariamente limitado de sus prerrogativas mientras vivió como hombre entre hombres.
Lucas dice algo semejante de la infancia de Jesús, “y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). Crecer en sabiduría implica no tenerlo todo desde el principio en la experiencia humana. Si quieres el estudio completo de la deidad de Cristo, con las objeciones habituales, está en objeciones a la deidad de Jesús.

Hechos 1:7 y la última vez que los discípulos preguntaron la fecha
Los discípulos volvieron a intentarlo una vez más, ya resucitado Jesús, en la última conversación antes de la ascensión. Le preguntaron si en ese tiempo restauraría el reino a Israel, y la respuesta fue una corrección de agenda, “no os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder… y me seréis testigos” (Hechos 1:7-8).
Fíjate en la estructura de la respuesta. Hay una negativa y enseguida un encargo. Jesús no discutió la teología de la pregunta, no explicó si el reino se restauraría o no; les quitó el calendario de las manos y les puso una misión geográfica que iba de Jerusalén hasta lo último de la tierra. Es la última instrucción registrada de su boca antes de la ascensión.
El ladrón en la noche y la paciencia de Dios
Pablo dice lo mismo con otra figura, “el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Tesalonicenses 5:2). Un ladrón que avisa la fecha deja de ser ladrón; la comparación no funcionaría si el día fuera calculable. Y Pablo la escribió precisamente a una comunidad inquieta por el tema, que había perdido gente y quería saber cuándo.
Pedro añade la razón de la demora, y no es lentitud sino intención, “el Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El tiempo que pasa no es un retraso administrativo; es margen concedido.

Velar no es calcular: el siervo hallado trabajando
Después de cerrar la puerta al cálculo, Jesús no dejó a sus discípulos sin instrucciones. Les dio una, y la repitió, “velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Fíjate en la conexión lógica: no dice velad porque pueden calcularlo, dice velad porque no lo saben. El desconocimiento es el motivo del velar.
La palabra griega es gregoreo, y describe al vigilante que se mantiene despierto durante su turno. No es alguien haciendo cuentas; es alguien atento en su puesto. Y para que no quedara duda de cómo se ve eso en la práctica, Jesús puso un ejemplo doméstico, el del siervo puesto sobre la casa “para que les dé el alimento a tiempo” (Mateo 24:45).
El siervo aprobado no está en la azotea escrutando el horizonte. Está repartiendo la comida a los demás siervos, a tiempo. La señal de que esperaba a su señor es que la casa funcionaba y la gente estaba alimentada. Velar, en el vocabulario de Jesús, se parece mucho a cumplir con lo que te tocaba.
El siervo malo y su error de conducta
El contraste que sigue lo confirma. El siervo malo es el que dice en su corazón “mi señor tarda en venir”, y entonces empieza a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos (Mateo 24:48-49). Su error no fue de matemáticas; fue de conducta. Calculó que había tiempo de sobra y aflojó el trato con la gente que tenía cerca.
Ese detalle desarma la idea de que la vigilancia consiste en estar pendiente de las noticias. El siervo malo tenía una opinión sobre el calendario, igual que el bueno tenía una tarea. Lo que los separó fue lo que hicieron con la casa mientras el señor no estaba.
Las diez vírgenes y los talentos: el mismo mensaje en dos parábolas
Mateo 25 continúa con dos parábolas que desarrollan la misma idea. Las diez vírgenes esperan al esposo, y las diez se duermen; la diferencia entre las prudentes y las insensatas no fue el sueño, sino el aceite que unas llevaron de reserva y otras no (Mateo 25:1-13). Preparación sostenida, no vigilancia de ojos abiertos.
En la parábola siguiente, un hombre entrega talentos a sus siervos y se va lejos “por mucho tiempo” (Mateo 25:19). Los dos primeros negocian con lo recibido; el tercero entierra su talento por miedo. El reproche no fue haberse equivocado en la fecha del regreso, sino no haber hecho nada mientras tanto. Y el capítulo cierra con el juicio de las naciones, donde la evidencia presentada es comida dada, agua ofrecida, extranjeros recibidos, enfermos y presos visitados (Mateo 25:35-36).
Tres parábolas seguidas, y en ninguna hay un cálculo. En las tres hay trabajo, provisión y trato con las personas. Quien convierte la profecía en aritmética se queda con la única parte del discurso que Jesús no encargó.

El costo de las fechas anunciadas: tres casos documentados
Las predicciones fallidas no son anécdotas para burlarse de nadie; son datos de estudio que muestran lo que ocurre cuando se ignora Mateo 24:36. Tres casos del último siglo bastan para verlo.
- Hal Lindsey. Su libro La agonía del gran planeta Tierra (1970) vendió unos 35 millones de ejemplares y sugirió que el desenlace podía llegar antes de 1988. Murió en 2024 sin que esas fechas se cumplieran.
- Edgar Whisenant. Ingeniero de la NASA, distribuyó millones de copias de 88 razones por las que el arrebatamiento será en 1988, señalando los días 11 al 13 de septiembre. Luego corrigió a 1989, 1993 y 1994.
- Harold Camping. Anunció el juicio final para el 21 de mayo de 2011 con vallas publicitarias en varios países. Seguidores suyos vendieron propiedades y renunciaron a sus empleos. En 2012 publicó una declaración reconociendo que fijar fechas había sido un pecado.
Cada fecha fallida dejó personas arruinadas, familias divididas y gente que se alejó de la fe porque le prometieron algo que la Biblia nunca prometió. Ese es el motivo por el que este versículo no es un detalle técnico, sino una protección para los oyentes.
Preguntas frecuentes sobre “nadie sabe el día ni la hora”
¿Se puede saber el año aunque no el día ni la hora?
Ese argumento circula mucho y no resiste el contexto. Jesús usa “día y hora” como una expresión que abarca el momento entero, y lo confirma con la comparación del ladrón, que no funcionaría si el año fuera público. Además, en Hechos 1:7 la negativa es más amplia todavía, “los tiempos o las sazones”, dos palabras griegas, cronos y kairos, que juntas cubren tanto la duración como el momento oportuno.
¿Es pecado estudiar profecía bíblica?
No. La Biblia dedica capítulos enteros al tema y llama bienaventurado al que lee y guarda las palabras de la profecía de Apocalipsis (Apocalipsis 1:3). Lo que la Escritura condena es anunciar como palabra de Dios lo que Dios no dijo, terreno que Deuteronomio 18:22 describe con dureza. Estudiar es una cosa; presentar un cálculo propio como revelación es otra.
¿Y las señales de los tiempos? ¿No sirven para nada?
Sirven para lo que Jesús dijo que sirven: para reconocer proximidad, no para fijar fechas. Él reprochó a los fariseos que supieran interpretar el cielo y no las señales de los tiempos (Mateo 16:3), así que la observación no está prohibida. Lo que cambia es la conclusión que se saca. La higuera enseña a decir “ya viene”, nunca “viene el día 14”.
¿Qué respondo si alguien me muestra una fecha calculada?
Pregúntale de qué pasaje sacó el cálculo. Casi siempre será Mateo 24:32-34, la parábola de la higuera. Entonces ábrele el mismo capítulo dos versículos más abajo y lee en voz alta Mateo 24:36. La conversación se resuelve dentro del mismo texto que la persona está citando, sin necesidad de discutir sistemas teológicos.
Lo que puedes hacer hoy
Haz el ejercicio del siervo de Mateo 24:45. Pregúntate quiénes son “los de tu casa”, las personas que dependen de que tú cumplas, y si hay algo que les corresponde y no les está llegando a tiempo: una conversación pendiente, un perdón, una ayuda concreta, tiempo que prometiste. Eso es lo que el señor de la parábola buscaba al llegar.
Te dejo una pregunta para la semana. Si Cristo volviera este viernes sin aviso previo, ¿qué encontraría haciendo, y qué cosa de tu lista de pendientes con Dios y con la gente moverías al lunes? Si este estudio te aclaró el tema, compártelo con quien anda inquieto por las fechas que circulan.
Sigue estudiando: continúa con Israel en la profecía bíblica y la higuera y con Señales del fin del mundo según la Biblia
